Tampico, Tamaulipas.-Un promedio de 130 sacerdotes renovaron sus promesas en la misa Crismal, para tratar de colaborar todos juntos en la iglesia particular, luego de que se sigue batallando para que más jóvenes tengan esta vocación.
El Obispo de la Diócesis de Tampico, José Luis Dibildox Martínez presidió este acto este medio día en donde bendijo los santos oleos o aceites que se utilizan en diferentes sacramentos como bautismo.
Además de los párrocos, se contó con la presencia de 56 seminaristas que celebran el 70 aniversario de esa escuela.
“Reunidos en esta eucaristía le pedimos a dios que reviva estos aceites estos oleos que vamos a utilizar en los sacramentos pero también que dios bendiga a todos y cada uno de los sacerdotes de nuestra iglesia diocesana, el crisma perfumado le da el nombre a esta eucaristía la misa crismal que celebramos antes de iniciar el triduo sacro”.
Dijo que como discípulos del maestro escuchamos la primera enseñanza de Jesús y recuerdan como el profeta Isaías les habla de esa presencia de Jesús en la sinagoga de Nazaret en su presentación pública Jesús apropiándose de la profecía de Isaías revela quien es él y cuál es su misión.
“Todos estamos atentos como los habitantes de Nazaret para volver a escuchar aquellas palabras hoy se ha cumplido este pasaje de la escritura que acaban de oír. Su complemento y afirmación del hoy contiene y encausa el misterio de la eterna presencia del resucitado que ha querido venir para renovar nuestra unción sacerdotal. Hoy quiere volver hacia nosotros para infundirnos su santo espíritu de amor y consuelo. Atentos a su palabra confesamos que ungido de Dios Jesucristo es el mismo de ayer y hoy y así esta para siempre como nos los dice la carta de los hebreos”.
Por eso, hoy escucho nuevamente la renovación de las promesas sacerdotales y en virtud de su fiel alianza de amor con cada uno de ellos volverá a infundirles el Don de su unción sacerdotal.
“Porqué la renovación de las promesas sacerdotales porque cada año nosotros tratemos de ir evaluando nuestra vida sacerdotal para ir viendo si vamos creciendo, si sentimos que nuestras debilidades nos impiden ejercer como quisiéramos nuestra misión sacerdotal esta es una oportunidad de renovar estas promesas sino también de pedir a Dios su misericordia, su gracia, que nos ayude a ser mejores sacerdotes. Sentimos que somos frágiles como esas ollas de barro que fácilmente se rompen”.
Asimismo refirió que tal vez pueda ser difícil ejercer con fidelidad su ministerio sacerdotal, “pero lo que parece muy difícil o casi imposible para nosotros Dios lo hace posible y dios hace que esta ministerio sacerdotal de todos y cada uno de nosotros sea para el bien de la iglesia y el bien de nuestro pueblo santo de Dios. Hoy pedimos al señor su bendición y escuche una vez más esas promesas sacerdotales, necesita de esa gracia que nos permite seguir sirviendo al pueblo para que nuestras vidas no deje de llevar las buenas noticias a los pobres”.
Indicó que hoy Jesucristo quiere renovar su capacidad de anuncio de su evangelio, renovar su disponibilidad para sumarlos a su misión.
“Necesita de la renovación de la unción que nos anima incondicionalmente para enseñar y servir los sacramentos de la salvación de la iglesia sin mezquinos intereses, sin cálculos egoístas, sin guardarnos la riqueza de la unción que se nos dio a manos llenas, nuestras manos ungidas con el santo crisma en la ordenación es el signo sacramental que nos hace capaces de trabajar para el señor, consagrando, bautizando, ungiendo y bendiciendo”.
Sin embargo, señaló que hasta el mejor aceite se puede poner ranció cuando se guarda por mucho tiempo, y algo similar pasa con el bálsamo de alegría si lo regatean o esconden pues lo reciben gratuitamente para darlo con generosidad, por eso pidió que no dejen que se estanque ese crisma.
Al terminar la misa, el Obispo de la Diócesis de Tampico, dijo en entrevista que es difícil que jóvenes tengan esta vocación, porque ahora las familias son pequeñas y se les hace difícil dejar ir a un hijo.
Por lo que al año a veces solo hay dos o tres o a veces ninguno, pero Dios nunca los deja solos.
“Las circunstancias están difíciles, las familias son cada vez más pequeñas, son familias de uno o dos hijos les cuesta más entregar a un hijo a la vida sacerdotal o religiosa”.
Manifestó que si ordenaran 4 sacerdotes cada año sería muy bueno, y solo hay en el seminario un promedio de 60 jóvenes.