No cabe duda que cuanto más cerca está la gente del poder, con su enorme ignorancia y prepotencia, más odiosos se vuelven, y más rechazo de la sociedad tienen. El caso aplica para todos esos pobres que en alguna etapa de su vida fueron beneficiados con un puesto en el gobierno y han pensado que son imprescindibles, únicos o algo por el estilo, y hace un uso desmedido e ilegal de los recursos de que son objeto de resguardo. Caso específico: los vehículos que usted y yo pagamos con nuestros impuestos y que inundan escuelas particulares, centros comerciales, puentes fronterizos, puntos de recreo y residencias donde se les encuentra al por mayor, y con el cinismo personificado y ampliado, ostentan loas calcas del gobierno del estado sin más ni más.
Como si fuera un privilegio que solo esos individuos merecen.
Pero lo más grave del caso es que, aparte de que se trasladan con nuestro dinero y nuestros recursos, los pobres ignorantes del civismo, razón, sentido común y espíritu ciudadano creen que merecen eso y más, y no respetan ordenamientos legales, estacionándose en donde se les pega la gana, lugares para discapacitados incluidos, omiten los altos en luz roja, se estacionan en doble o triple fila, circulan a exceso de velocidad o ll hacen por el carril izquierdo como torpes tortugas lentas y sonámbulas; esos tipos son los que menos merecen estos privilegios que en forma desmedida se les han hecho llegar a cientos de inconscientes y absurdos ciudadanos, cuya responsabilidad está fuera de toda lógica.
Es indignante ver la manera en que todos los familiares de quien labora en el gobierno tienen vehículos oficiales, y se nos ocurre que ssería bastante curioso saber cuántos vehículos conforman el parque vehicular del gobierno, donde están asignados y por qué existen tantos vehículos de lujo, cuando se supone que son para trasladarse.
Uno pensaría –ellos- que merecen eso por ser secretarios, asesores, jefes o subdirectores, pero a fuerza de ser sinceros, no merecen siquiera una consideración, porque a ningún otro trabajador se le paga por tomar un vehículo que lo lleve al trabajo y a casa. A estos abusivos se les entregan vehículos con vales de gasolina para mover hasta a su servidumbre; para recoger a los hijos o para que se pareja haga las compras de casa.
Nada más absurdo. Y luego presumen de tener dinero. ¡Por favor! Si lo tuvieran realmente no echarían mano del recurso público, que es de todos, para darse esa vida de magnates que no les pertenece, ni por condición económica, ni por estatus y ni por pedigrí siquiera.
Cuando hay un evento oficial, son los primeros en llegar y obstaculizar todas las calles y estacionamientos, en cruzar todo límite con la legalidad, pero lo más grave de todo es que la autoridad competente –en el papel- no hace siquiera por infraccionarlos, orientarlos o reprimir sus faltas administrativas.
Y lo grave es que hay un departamento que se encarga de ello, pero obviamente, no funciona, gracias a las recomendaciones “de arriba” que llegan par que no se moleste a tales o cuales sectores, personas o grupos.
En ese sentido, sería interesante, señor candidato, casi casi gobernador, que instrumentara un programa para evitar que los vehículos oficiales se utilicen en forma ilegal: que los parientes y colaboradores cercanos, queridas y amistades y compadres prescindan de estos “privilegios” que atentan contra la dignidad de los ciudadanos.
Que se respete la ley, que no se abuse del recurso público, y que, por favor, se entienda que son servidores públicos y no divas ni dioses, y que son tan terrenales como cualquiera: que dejen de “conceder” audiencias como si fueran sultanes y se concreten a servir, que para eso se les paga, y bastante bien, por cierto.
Así que ya sabe el candidato, el próximo gobernador de la entidad: hay que meter orden si se quiere validar un gobierno de la gente y para la gente, y no para un grupo selecto de rufianes que se sienten de sangre azul y roban el recurso oficial, haciéndolo pasar por propio, aunque ese celo y absurda mentalidad dure apenas unos 133 mil días.