El asunto de nuestras calles

El problema de las calles no es pavimento únicamente: implica contenido social y cultural, tranquilidad, bienestar y muchas cosas más, que a veces no se analizan como debieran, o al menos, no desde la perspectiva que lo vemos los demás.
Siempre hemos sostenido que la óptica de quien gobierna y quien es gobernado es muy distinta, cuando debiera haber puntos de confluencia en donde nos pudiéramos poner de acuerdo.
Insistimos también en que para nosotros el mayor problema es el nuestro y no el de los demás; somos egoístas por naturaleza y algo surge cuando hablamos de obra social: los que vamos a la UAT pensamos en el lío de tránsito que se ocasiona fuera del colegio Antonio Repiso y suponemos que los agentes no tienen idea de cómo solucionarlo. Por el contrario, quien va al mercado Argüelles considera prioritario que estos –los agentes de tránsito- pongan orden a la anarquía existente en ese sector, propiciada en una parte importante por los abusivos que trabajan de taxistas.
Y así, cada quien tiene sus prioridades, y es muy natural pensarlo de esa forma.
Los concesionarios de peseras de la ruta 4, Las Flores están pidiendo acciones para garantizar la conservación de sus instrumentos de trabajo, ante la mala calidad de nuestras calles: piden que se les proporcione maquinaria necesaria para reconstruir las calles.
Y como ellos, hay muchas propuestas que pudieran servir, ya no a la autoridad que está por concluir una administración, sino a los que vienen a partir del último trimestre del año.
Sin embargo, la administración que encabeza Fernando Méndez Cantú podría hacer aún el esfuerzo de tratar, en la medida de lo posible, de solucionar un poco este grave problema. Para ello, dijimos que hay varias propuestas.
Una de ellas se refiere al gasto del impuesto predial y más, para que pudiéramos arreglar nuestras calles, pro con la salvedad de que fuera a través de la contratación por parte de los mismos vecinos, garantizando así que no habría “diezmo” ni “moche” a quienes tradicionalmente se encargan de disfrazar una reencarpetación inútil y falta de calidad.
Somos de la idea de que las calles deben tener un procedimiento, y los fraccionadores deben ser obligados a entregar calidad en éstas, por lo que se daría forma a una contraloría social, que evitaría en gran parte que se vaya el dinero a cuentas personales en lugar de las de obras.
Se les debe exigir un mínimo de calidad para garantizar que no se destrozarán las calles; claro ejemplo, por la colonia La Presita, donde se entregaron calles de acuerdo a la nomenclatura: pura cosa que no ha servido de gran cosa.
Surgen arterias deshechas por la mala calidad con que fueron hechas y nadie se ha preocupado por dotar de lo mínimo a éstas para que se pueda circular decentemente.
Calles que llevan nombre de líderes de la CNC que dicho sea con todo respeto: poco o nada han aportado a la entidad, la ciudad o al municipio, y que han sido nominados por cuestiones más políticas que reales, como sucede con casi toda la nomenclatura del estado, y que tiene nombres de los cuates, parientes y los compromisos políticos en turno.
Debieran prohibir ese culto indeseable a la personalidad: ojalá alguien tenga el valor de hacerlo.
Volviendo a las calles, decíamos que podría hacerse una lista de constructoras honorables, en caso de haberlas, para que cumplan con los mínimos obligados, y que firmen una garantí-a, como hacía antaño INFONAVIT con sus constructores- para garantizar la calidad de su trabajo. Eso, y coordinarse con Telmex, Comapa y quienes tienen que ver con zanjas y demás, nos podría dar una tranquilidad temporal, y mejores calles, para no dejar ahí nuestro patrimonio, que como no cuesta a los gobernantes, no hacen nada por nosotros.
Sería un buen punto de inicio en Victoria, contador.

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