A lo mejor muchos se preguntan porqué el candidato del PAN trae a la prensa de cabeza y en su contra. Respuestas no faltan.
Y porqué lo tildan de peligroso, mentiroso y perverso y porqué solo un medio nacional se deshace para protegerlo como se hace con un bebé, tal vez les salte también esa interrogante.
Con dedicatoria a ese medio que transmite desde la Ciudad de México y para que después no se diga sorprendido si el candidato lo deja colgado de la brocha, van aquí algunos detalles para que no se deje enamorar del todo, para que evite que lo capture por completo entre sus garras el abanderado azul a la gubernatura de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
Hace algunos años, cuando era él alcalde de Reynosa, su jefe de prensa –un modesto ex boletinero del Gobierno de Tamaulipas-, por órdenes de su jefe contacto a periodistas y los cito en su oficina –allá en esa ciudad fronteriza- según era la intención para escuchar ciertas propuestas relacionadas con un ambicioso proyecto futurista.
A una oficina de escasos tres por tres metros llego él como siempre de mezclilla y en menos de 20 minutos desglosó, hasta con coraje, lo que a su juicio era una campaña de desprestigio desde los medios del estado en contra del ex gobernador, Eugenio Hernández Flores, de quién hablo pestes, igual que de su familia.
El propósito, que para él era sencillo, consistía en atacar al PRI y la gestión del ex mandatario con basura he insultos para abrir su camino hacia la gubernatura de esta entidad.
Era tan descabellada su propuesta que inclusive hablo de la vida íntima del ex gobernador, de sus supuestos problemas familiares, por lo que definitivamente no hubo trato con la prensa.
Desconocía él, tal vez, que no es ético, en lo que ha periodismo se refiere, escribir sobre la vida privada, defectos físicos o tendencias sexuales, por eso en esa ocasión se equivocó, de pluma.
Pero no todo quedo ahí, porque se las ingenió para que desde tercer piso de palacio de gobierno se enteraran que algunos periodistas habían estado en su oficina de prensa, lo que desencadeno en cierto congelamiento por parte del aparato oficial.
Cabeza abandono ese cubículo y como ya era de noche giro instrucciones para que acomodaran a un periodista en un hotel de quinta categoría, en el que abundaban las telarañas en las almohadas y las cucarachas, las que crujían como papitas fritas bajo el zapato a cada paso que se daba.
En el lugar quedo solo su jefe de comunicación social, un tipo alto, delgado y narigón que aprovecho para hablar de su trabajo, de su lujosa casa en un condado de Texas y, de su trato con los medios de Reynosa. “Son unos pobres perros mendigos que solo andan sobre el billete y yo por eso evito estar aquí. Mejor me dedico a tirar la basura, pero la de mi residencia”, fue más o menos el comentario de desprecio que hizo sobre los comunicadores.
El terminó el trienio con Cabeza y, luego, le entregaron un nombramiento en el área de comunicación durante el gobierno de Eugenio, pero no tuvo tiempo para calentar el sillón porque de manera inexplicable, o tal vez explicable, le dieron cuello.
De ese tiempo a éste se perdió, pero alguien lo vio en Nuevo Laredo en una cabalgata y le reclamó que no respeto ciertos acuerdos. “Ni modo, el jefe es así”, dice que le contestó.
Es, conocida, la animadversión que siente Cabeza por la prensa, basta citar que se publicó en su tiempo que sus escoltas tiraban víboras vivas en el interior de los autos de los periodistas y que algunos fueron hasta amenazados, como cuando “enamoró” aquí a una fiscal de la FEPADE.
Así es, la atractiva mujer estuvo aquí y con boleto de vuelo comercial se disponía a regresar al DF, pero Cabeza la convenció de trasladarla a bordo de su avión con los asientos bordados con los cuernitos de toro.
Indebido, fue eso, porque ella era una fiscal contra delitos electorales y, él, candidato del PAN a una diputación federal.
Y existen otras historias peores sobre la relación entre Cabeza y la prensa, por eso ahora sigue cosechando lo que sembró.
Así o, más peligroso, mentiroso y perverso.
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