Como bien escribió Manglio Murillo Sánchez en la red social Facebook: el panismo está contento y de la gran alegría pasó a la enorme tristeza. Leonor Sarre Navarro falleció este lunes por la noche, dejando un importantísimo legado y un fuerte compromiso a la generación panista de hoy, encabezada por Francisco Javier García Cabeza de Vaca, gobernador electo de Tamaulipas.
Una dolorosa noticia para quienes tuvimos el honor y la oportunidad de conocer a Leonor Sarre de Guerrero, la activista fundadora del PAN en nuestra bronca tierra, y una gran impulsora de lo que hoy es el panismo en Tamaulipas.
Diputada local, legisladora federal, servidora pública en distintas oportunidades y niveles, Leonor supo ganar el respeto de muchos pero muchos tamaulipecos, inclusive, de aquellos que de alguna u otra manera no comulgaron con su ideología o formas de pensamiento, de actuar o filiación política.
Hay que reconocer que Leonor brilló en el tiempo en que el PAN daba oportunidad a las mujeres en poca escala. Junto a Lidia Madero, encabezaron esa generación de luchadoras sociales de oposición, visionarias, que tuvieron que pasar una y mil experiencias, buenas y no tanto, para colocar a “su” PAN en el sitio que hoy ocupa.
De su actuar como profesional, se pueden decir muchas cosas, aunque pocos historiadores se ocuparon hasta hoy de escribir algún dato o línea de alguien fuertemente identificado con la oposición oficial. Es por eso que en libros biográficos no aparecen datos de Leonor Sarre.
Se le recuerda como una persona muy franca para decir las cosas, inteligente y mesurada, con la madurez que otorga el tiempo vivido y las experiencias que tuvieron que sucederse para encontrar posiciones, ubicarse en el mapa político tamaulipeco que hoy lamenta su partida.
Entendemos que no hay eternos, que los seres humanos no somos inmortales, sin embargo, entendemos también que el legado que ofrece el recuerdo de la señora Leonor Sarre es un importante ejemplo para los que hoy ocupan las filas del panismo tamaulipeco, y que seguramente tendrán la oportunidad de aprovechar lo que la vida les otorga, y hacer valer su condición humana, sencilla y sin esos desplantes de soberbia y egocentrismo que tanto daño hicieron a ellos mismos y al sistema político tamaulipeco.
Muchas conferencias de prensa, ruedas de prensa, comparecencias, charlas de café y momentos de corte político, cultural y social tuvimos oportunidad de compartir con Leonor, y aunque no podemos asumir que tuvimos una relación muy cercana, por motivos profesionales y más, sí tuvimos la maravillosa oportunidad de gozar de su amistad y aprecio, recíproco y siempre compartido con Juan Guerrero, con su familia entera.
Con Leonor se cierra un capítulo importante en la historia política de nuestro estado y su lucha por la democracia, misma que hoy tiene un fruto tácito, palpable, firme y real.
Duele cuando alguien valioso se va, y aunque decíamos que todos tenemos una fecha final, no estamos preparados para su partida, y este es el caso: Leonor, fiel a su costumbre, nos sorprendió con su partida.
Dicen algunos amigos que el cielo está de fiesta, que está ya con el Señor y muchas cosas más.
De esto, pensamos que hay mucha razón, aunque depende de nuestras creencias. De lo que sí estamos muy seguros es que el ejemplo que deja en su tierra es importante y seguramente será imitado por otras damas que, como ella, dejarán una imborrable huella en esto de la política, que, al tomar el rumbo que ha decidido una entidad, suele ofrecer oportunidades de desarrollo para muchos, sobre todo, para esos marginados por los que Leonor tanto luchó.
Descanse en paz, Leonor Sarre Navarro, luchadora social, ejemplar dama, inigualable mujer.