Cierto, en las dependencias del sector salud hay algunas cosas que no nos gustan, y solemos culpar al sistema sanitario por todo lo malo que tenemos. Un claro ejemplo es lo que acabamos de enterarnos en el ISSSTE local, donde el director de la clínica se auto-compró medicamentos por muchos, pero muchos miles de pesos, violentando los códigos legales y del profesionista decente, del honesto y caballero que no suele ser un hombre sin principios.
Decía un muy buen amigo que no concebía el comprar algo a sus hijos con recursos que fueran allegados en forma por demás dudosa, es decir, con dinero sucio, deshonesto, del que hace muchísimo ruido; no imaginamos a un hio trabajar en una computadora que ha sido adquirida con recursos robados, pues.
Pero los problemas de salud no inician en los departamentos de auditoría ni en los consultorios; todos sabemos que hay profesionistas de la salud que suelen ser muy eficientes, medio eficientes y los hay, en poca escala, cuya capacidad profesional deja mucho que desear. Dicho sea en otras palabras: los hay buenos, regulares y “malitos”.
Y cuando alguno de nosotros llega a padecer una enfermedad crónico degenerativa culpamos al doctor cuando nos recetan insulina y decimos que por su culpa hemos llegado a esos niveles, sin sospechar siquiera que el tratamiento con insulina se recomienda desde un principio en países del primer mundo, porque ha demostrado ser lo mejor.
El caso es que culpamos al doctor, al centro médico, al centro de salud, al hospital, a los laboratorios y hasta a algún político que se cruza en el camino… menos donde debemos iniciar y donde muchas veces está el gran problema: en casa.
El secretario de Salud en la entidad Norberto Treviño García Manzo sabe de la importancia que tiene la familia en la salud y mantenerla vigente, para evitar complicaciones que tienen un muy elevado coste para la familia, los empleadores, el estado, el país y el sistema sanitario en general.
Hay que recordar que quienes nos lavamos los dientes después de comer, antes de dormir y al levantarnos, somos los que adquirimos hábitos desde pequeños, cuando los padres –o abuelos- nos “molestaban” con la frase de “lávate los dientes”, y que decíamos que no era tan importante, hasta que comprendimos el valor de esta medida de prevención de salud.
Y como la presente, hay una importante cantidad de medidas que debemos observar: nuestros hijos comen lo que les hemos enseñado a comer, beben lo que han visto en casa, y tienen hábitos de salud pública e higiene en la medida que les hemos hecho ver la importancia de salir a caminar y realizar actividad física, o de seleccionar alimentos de acuerdo a su carga calórica y valores nutricionales, y un sinnúmero de cosas similares.
Dice Treviño García Manzo que en los centros de salud y clínicas y hospitales del sector hay gente capacitada para orientarnos, pero si no hacemos lo que debemos en casa, difícilmente habrá repercusión positiva en las acciones de salud.
No podemos seguir viviendo culpando a los demás por nuestras negligencias.
La salud pública es responsabilidad de todos, y de ahí la importancia de que exijamos a la autoridad del estado y el municipio la limpieza de camellones y libramientos, porque tenemos los más grandes criaderos de mosquito en ciernes, y si no se toman medidas, a la primer lluvia tendremos el problema mayúsculo.
Sin embargo, si no enseñamos a los hijos la importancia de tomar medidas de higiene y salud, de nada servirá el recurso que se gasta en la Secretaría de Salud. Somos los directamente responsables de estas medidas y tenemos que hacer algo porque los nuestros vivan mejor cada vez.
Por eso, aseguramos que la salud inicia en el hogar. Hagamos nuestra parte, por favor, para exigir más.