Gas incendiario

Se trata de la quintaesencia del nuevo rostro de la Guerra Fría que a
contrario sensu puede en cualquier momento desencadenar una gran
conflagración si las condiciones del mercado y la tirantez geopolítica
siguen acorralando al oso ruso. Su economía es una de las más
afectadas con el cambio de tendencia bajista en los petroprecios y sus
compañías estatales están perdiendo dinero por las dificultades de
concretar los proyectos de gasoductos y oleoductos por el Mar Negro
hacia Europa. Además reducen sus aliados, enfriándose hasta con los
turcos.
Si Putin no puede entenderse con Ucrania ni con Turquía, la pregunta
es por dónde seguirá bombeando vía el Mar Negro su gas y su petróleo.
Un tercio del gas consumido por los europeos es ruso y cerca de la
mitad pasa por Ucrania.
Rusia es el mayor exportador de gas natural del mundo, cerca de un 15%
del total exportado en el planeta es ruso y un 76% de las
exportaciones del maná natural tiene a la UE como destino
esencialmente Alemania (24%), Italia (11%), Francia (6%) y Reio Unido
(6%).
Pero malhaya sea el destino que los rusos tengan que depender ahora
para comerciar sus recursos energéticos de un ex antiguo aliado
reconvertido en república independiente y con el que mantiene sendos
rifirrafes. La adhesión de Crimea -separándose de Ucrania- es un punto
álgido que la OTAN sigue condenando y Ucrania exigiendo: que Rusia les
devuelva Crimea.
Precisamente, los proyectos energéticos rusos en el Mar Negro, muchos
gasoductos están en vilo por su malas relaciones con Turquía y
Ucrania.
A COLACIÓN
Hace poco Putin detuvo el proyecto Turkish Stream. Se trata de un
gasoducto desde Rusia a Turquía por debajo del Mar Negro para bombear
gas al sur de Europa, una capacidad de 63 mil millones de metros
cúbicos, que ha quedado en vilo y con Europa como víctima.
Hace más de 14 años los rusos inauguraron Blue Stream, el gasoducto
submarino de mayor profundidad en el mundo -a más de dos mil metros
bajo el Mar Negro- conectado con Turquía tiene una capacidad de 16 mil
millones de metros cúbicos de gas.
La magnífica obra de ingeniería involucra a varias empresas de
distintos países: “Blue Stream Pipeline BV es el propietario de la
sección submarina de la tubería, incluyendo la estación de
Arkhipo-Osipovka, mientras que Gazprom es propietaria y opera la
sección terrestre en Rusia de la tubería, la sección terrestre turca
es propiedad y operada por la compañía energetica turca BOTAS”.
Con el nuevo proyecto de Turkish Stream, el presidente ruso quería
salvar los escollos político-militares que lo confrontan con Ucrania,
pero con las recientes diferencias con Erdogan ante el enfrentamiento
sirio y el derribo del caza ruso se ha quedado cancelado.
Por su parte, Nord Stream desde el año de 2005, va tejiendo como una
telaraña de tuberías la unificación debajo de la tierra y el mar se
trata de una compleja red con una capacidad de 55 mil millones de
metros cúbicos de gas.
Putin también se ha enzarzado en modernizarla y reconducirla para
meterla por el Báltico. La ampliación de Nord Stream no se ha detenido
arrancó desde finales del año pasado y tiene como meta reducir el
tránsito del gas a través de Ucrania ir menguando esa dependencia
después de 2020. La obra está a cargo de Gazprom, la holandesa Shell,
la alemana EON y la austríaca OMV.
Nord Stream 2 prevé la construcción de dos gasoductos submarinos desde
Rusia hasta Alemania a través del Mar Báltico, con una capacidad
agregada anual de 55 mil millones de metros cúbicos de gas.
Putin desenmaraña su táctica energética hacia Europa tratando de
vadear a Ucrania, así entre decisiones de ampliar o construir busca
nuevos socios que le hagan ganar dinero a Rusia y no perderlo como ha
sucedido en los últimos años con una baraja de obras inconclusas para
Gazprom; el gigante estatal Gazprom controla el 17% de las reservas
de gas del mundo y lo exporta a más de treinta países.
Otro proyecto truncado es South Stream también pasaría por debajo del
Mar Negro, evitaría a Ucrania y llegaría desde Turquía a suelo
europeo vía Bulgaria o se pensó en determinado momento por Grecia pero
no fue posible.
Bulgaria se negó a albergar los tubos rusos en sus entrañas, Putin
les recordó que su negativa dejaría a los búlgaros sin ingresar
anualmente más de 400 millones de euros por el permiso de tránsito de
su gas. Así es que South Stream, con una capacidad de 63 mil millones
de metros cúbicos de gas, sigue siendo un sueño en el papel.
Por último está el tendido de Yamal, desde Rusia para surtir de gas a
Polonia, Eslovaquia y Hungría, en vigor desde hace tiempo y con
estudios de una posible fase de expansión dado que cuenta con un
potencial de 33 mil millones de metros cúbicos. La expansión es
estudiada vía Bielorrusia para extender una red de 15 mil millones de
metros cúbicos en funcionamiento después de 2018.