¡Échale ganas!
Frase común y corriente, singular y utilizada en casi todos los ámbitos, momentos, situaciones y más: el “échale ganas” se ha hecho parte de nuetro vocabulario base, y para todo lo empleamos.
Cuando alguien está estudiando, le decimos que le eche ganas, es decir, que ponga todo su esfuerzo y entusiasmo en ello, a fin de lograr buenas notas aprobatorias y un poco más.
En una charla familiar en la casa paterna, mamá decía que estaba harta de que le dijeran “échale ganas”, cuando convalecía de una de sus muchas enfermedades que le han ocupado gran parte de sus tiempos, esfuerzos, recursos y ánimos.
Y decía que no tenía idea la gente de lo que le molestaba tal expresión: “creen que a uno le gusta estar postrado en cama y quejándose con dolores…. No saben lo que significa tener este problema, querer salir adelante, sacar la salud por donde sea, y tener el ánimo para seguir caminando”. Palabras más, palabras menos, era la idea que expresaba mamá.
Y es que es muy común que la gente nos diga que le echemos ganas; no se trata de eso: en la vida hay quehacer algo más que echarle ganas.
Hay que trabajar a más del 100 por ciento en cada acción que llevemos a cabo, sea de lo que sea: laboral, académica, recreativa, social, cultural o como quiera que se lleve a cabo.
Y aquí cabe el comentario de David cuando más joven, que le dijo a aquel muchacho del Colegio Surval: “no importa el resultado cuando estás seguro de haber puesto más del 120 por ciento en el juego”, frase que hizo que aquel niño jugara como campeón, con el corazón en la mano y con un magnífico resultado, aunque lo más significativo fue el hecho de sentirse satisfecho con su rendimiento.
Quienes tenemos la experiencia poco grata de tener enfermedades, discapacidades o algo por el estilo, siempre solemos recibir un “échale ganas” de cualquiera de nuestros conocidos o amigos; los que debemos dinero también escuchamos el “échale ganas” como si con ello dejáramos de deberle al banco a algún otro acreedor, y se pagaran en automático nuestras deudas.
Tenemos que aprender a ser un poco más realistas y eficientes, más congruentes con lo que decimos y lo que deseamos.
Es natural que a nuestros allegados –familiares, amigos, seres queridos y conocidos- siempre les deseemos el bien, que todo les salga a pedir de boca, y eso es casi un hecho, sin embargo, pedirles que le echen ganas es algo así como un insulto. O al menos, así lo vemos muchos.
El ánimo, la motivación vienen por una causa específica que puede estar relacionada con el amor, la escuela, la familia, el espíritu de superación, el amor a Dios, el deseo de triunfo o alguna otra razón, pero cuando nos levantamos con el espíritu de llegar a una meta, no necesitamos esa frase: necesitamos poner todo el entusiasmo por convertgir el proyecto en realidad, el esfuerzo en un algo medible que nos permita alcanzar ese reto y mostrar al mundo que podemos seguir creciendo.
En medicina es muy común escuchar esto: las fracturas y la incapacidad de moverse nos llevan a escucharlo una y mil veces; se agradece, sinceramente, de quien viene porque desea que estemos bien, pero es mejor ponernos a trabajar para que las cosas mejoren.
A lo que viene el comentario, es que nuestras autoridades que encontrarán sus cargos a partir del mes de octubre, no tienen por qué echarle ganas al asunto: tienen que ser congruentes con la confianza que deposite el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca en ellos, y responder a él y a los tamaulipecos que esperamos un gobierno eficiente, honorable y con resultados.
No queremos que le echen ganas, queremos que haya resultados: que haya una revisión de lo que se ha hecho mal y se ajusten consecuencias, que se proyecten las necesidades de un estado y se lleven a la práctica en proyectos viables y alcanzables.
Queremos una autoridad que tenga las ganas puestas en todo momento y sepa qué se puede hacer por los demás, porque, finalmente, y eso lo tienen que entender muy bien, es que estarán dentro de la nómina oficial porque alguien ha confiado en ellos y espera resultados, no que le echen ganas, pues.
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