El gobernador electo de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca ha dicho que los alcaldes tendrán que ser eficientes –palabras más, palabras menos-, y que las cuentas que lleven del dinero ajeno, es decir, nuestro dinero, deberán ser más claras que las aguas de la alberca de clavados en Río de Janeiro 2016.
El reclamo popular ha sido desde siempre el hecho de que, en tres años, los alcaldes aseguran el futuro de ellos, sus hijos y a veces hasta sus nietos, gracias a la serie de “privilegios” que manejan en relación a los presupuestos y comisiones que aunque se niegue, cobran y les permiten vivir como si hubieran trabajado toda su vida, haciendo de sus hijos una comunidad de “juniors” que no tienen la mínima idea del valor del dinero, porque siempre lo han tenido a manos llenas, aunque ajeno, pero al servicio de ellos mismos.
Seguramente, acabarán con los empleados domésticos comisionados en casas particulares de servidores públicos, y habrá más eficiencia en el gasto público.
Esperamos, por consiguiente, que haya mayor cantidad de obras al haber más dinero en las arcas municipales.
Cabeza de Vaca a prometido escrupulosa vigilancia en este rubro, y se espera que al primero que se cache en estos menesteres poco claros se le levanten cargos y acabe, como otros bribones, en un penal estatal.
La verdad es que los ciudadanos no vemos a nadie en un penal, de los que realmente han hecho daño al estado: únicamente vemos a “raterillos” de una despensa o un par de cientos de pesos sujetos a proceso, pero a esos que nos han empobrecido como comunidad, nadie los ha tocado.
El gobernador electo ha recibido el apoyo de mucha pero mucha gente para su gestión, con la promesa de que cambiarán las cosas, y el aspecto económico resultará fundamental: tendrá que vigilar muy atentamente a estos servidores públicos, y pedir al Congreso estatal que haga bien su trabajo, sin supeditarse al mandato del Ejecutivo, pero cumpliendo cabalmente su función de revisar cuentas públicas y, en caso de comprobarse pillerías, que se actúe en consecuencias.
Es entonces cuando la mayoría de la ciudadanía creerá que hay un cambio verdadero, y que la ley se aplicará en forma equitativa para todos los que habitamos el Tamaulipas de hoy.
Les ha pedido mucho trabajo y que aprovechen la maravillosa oportunidad que les otorga la vida de servir por tres años a sus conciudadanos, de ser útiles a sus municipios e impactar positivamente en la realización de obras, de gestiones y sobre todo, devolver en el tamaulipeco la confianza en sus gobernantes.
Porque mire usted que cuando vemos esas publicaciones de estados de cuenta en la Unión Americana por parte de servidores públicos, no podemos más que indignarnos, porque algunos eran conocidos por vivir al día, con una mano adelante y otra atrás, casi casi sin ropa de lujo, y hoy en día se pasean con puro en la boca y ostentando riquezas inimaginables en sus años de adolescentes o cuando eran empleados comunes y corrientes, que finalmente, resultaron más corrientes que comunes.
Es momento de que el gobernador García Cabeza de Vaca establezca que no habrá prórroga para los sinvergüenzas, y que se ajusten a las leyes: que el dinero de los ciudadanos sea bien empleado, y que las obras se construyan dejando a un lado el amiguismo tan perjudicial.
Que los que construyan o reconstruyan lo hagan con todo profesionalismo y eficiencia, que eso y más merece esta tierra tan castigada por la corrupción, y que amenaza con dar patente de corso a los bribones que ya tienen sus casas en los Estados Unidos, a donde irán a vivir luego de habernos saqueado.
La gente confía en Cabeza de Vaca. No queremos sufrir decepciones, y queremos cuentas claras… amistades largas.