Un ejemplo es para siempre, un líder no.
No es igual hablar de dirigentes y de líderes, porque el primero tiene la misión de encausar, dirigir y más, pero el segundo, el líder, es algo mucho más profundo, y ante todo, debe predicar con el ejemplo sus virtudes, honorabilidad y cualidades que pudiera tener, para constituirse en ejemplo de los demás.
Nos hemos equivocado al nombrar “líder” a cualquiera, en muchas ocasiones, porque nos hemos topado con arribistas, deshonestos, misóginos, violadores, ladrones y más.
Diego Navarro, ex líder de la CTM en Tamaulipas, decía cuando era diputado federal que “nosotros somos sirvientes de la gente y tenemos que entender que nos debemos a ellos, y hay que responder a sus necesidades”.
Joaquín Hernández Galicia, “La Quina” fue dirigente petrolero durante años y considerado “líder moral” del sindicato petrolero, sin embargo, la gente habla según le tocó el rol en el proceso y tiempo.
A algunos los hizo ricos, a otros, los despojó, y a otros los mandó golpear o más, pero gente como un Salvador Barragán y más no podrán hablar mal de “Don Joaquín”, por la forma como fueron tratados.
Hay quien recuerda la distribución de billetes y monedas que hacía Chava Barragán, quien se ostentó como “líder”. Todos tuvieron su inicio, su cúspide y su ocaso.
Los que no entendieron acabaron en la cárcel, muertos o destituidos porque sus excesos fueron dados a conocer a la sociedad. Cómo olvidar aquellos viajes a Las Vegas que, con dinero de los mexicanos hacían los petroleros y llevaban a todos sus secretarios generales y pagaban a mujeres como compañía.
¿Cómo olvidar las comilonas obreras o de la CNC donde los dirigentes comían un cabrito que ni en sueños vieron, y la gente de los ejidos seguía luchando por un kilogramo de frijol, a cambio de la tala de Lechuguilla?
La historia los puso donde debían, y hay algunos que siguen en su pedestal.
En la historia del mundo tenemos a Gandhi, Luther King y muchos más, pero también tenemos a Hitler, Mussolini y otros que no han sido calificados con un aprobatorio contundente.
En las universidades pasa lo mismo. La historia nos ubica en los dirigentes universitarios de antaño: hoy, se acabaron los que manejaron Derecho, Agronomía, Veterinaria, Tampico y más, los Gastón, Piojo, Viruta, Yuca, Güero, Cuca y quienes hicieron una historia, a veces positiva, a veces negativa, pero, una gran mayoría, supo retirarse a tiempo: cuando se hicieron viejos y salvaguardaron su reputación.
Otros, sin embargo, se dedicaron a abusar de su poder otorgando plazas, calificaciones, títulos y más; gastando el dinero de la UAT en sus francachelas o en mujeres –por lo general, ellos abusaron de ellas, en una misógina actitud deleznable- que a cambio de una nota aprobatoria, de una plaza en la escuela o en la oficina permitieron que su “líder” hiciera con ellas cuanta cosa imaginó, desde una mirada morbosamente lasciva hasta un manoseo imperdonable en cualquiera que se precie, un 5 por ciento, de ser hombre.
Tomaron las cuotas y decidieron en qué gastar: compraron automóviles para sus amantes y sus colaboradores y colaboradoras; algunos, guitarra en mano, hicieron una carrera académica a base de trampas. Otros más, por el servil momento de agachar la cabeza y besar las extremidades de quien se ha ostentado como tal.
Hay que pensar, si fuéramos los padres de esas muchachas y supiéramos la forma en que han sido vilipendiadas, humilladas, utilizadas… Nos dolería mucho, pero nos encorajinaría saber que amparado en el poder solapado por cómplices igual de deshonestos siguen cometiendo excesos.
Hoy en día, llevan a cabo acciones que nunca imaginaron tener que hacer para conservar su estatus.
No se han dado cuenta que sus tiempos caducaron, fenecieron… murieron, con sus excesos y su sucia trayectoria. Es tiempo de enterrar ese oscuro pasado, y a sus protagonistas en el álbum del olvido y la vergüenza de nuestra casa de estudios.