Los expertos lo saben: el convivir en una sociedad tiene muchas formas de llevarse a cabo, pero solamente una dará bue fruto y permitirá que exista una buena estructura social que pueda alcanzar todas sus metas.
Las relaciones humanas no son cosa fácil; lo hemos experimentado en años últimos, donde la gente del poder se ha abstenido de llevarlas a cabo, escudados en una posición o una forma de vida que se llena únicamente con aspectos monetarios y que nada tienen que ver con la valía que tiene el subsistir y existir dentro de una sociedad.
Los que no saben de ello pensaron que con el dinero se podían comprar conciencias, aspectos, espacios, estatus y más, y se han dado cuenta que hay cosas, como dice aquel comercial, “que el dinero no puede comprar”.
La reputación de la gente no se copra ni se establece en base a su posición económica o social adquirida en forma temporal. Muchos de estos individuos retornarán a su antiguo estatus socio económico, luego de haber sido “admitidos” en forma temporal donde se supone conviven los personajes con posición estable, honorabilidad… y decencia. Los que no la tienen, irán a refugiarse a sus cuentas en Mc Allen y sus propiedades en el Valle, porque aquí serán poco menos que bien vistos.
Pero… siempre se ha pensado que cualquiera establece relaciones humanas. Sí, pero adecuadamente no.
No es fácil convivir con todo tipo de personas. El ejemplo lo vimos en un partido político que pensó que sustituir estructuras funcionaría, y que no respetó esas relaciones de años, llevando al traste sus planes y proyectos con resultados poco deseables.
Lo vemos en los clubes deportivos: cuando los jugadores no tienen buenas relacionas humanas, propiciadas por sus directivos y/o entrenadores, la cosa no funciona y vienen las derrotas y la mala posición en la tabla de lugares.
Y así, por la vida tenemos que ir aprendiendo que el convivir con los demás nos permitirá convivir y subsistir, existir y ser lo que realmente queremos ser.
El columnista no puede olvidar el hecho de que se haya olvidado en una estructura social a las “Lichas Pumarejo” o a las “Tolitas Turrubiates”, a las “Ney Ruiz” de antaño que hicieron la fuerza femenina de una estructura hoy caduca y llena de trampas.
Sustituyeron a la gente de bien, luchadora social, por un grupo de flores sin raíces ni bases partidistas que, finalmente, vivieron su ensueño electoral pero regresaron a su hogar a seguir hablando de los demás, y a esperar un nuevo viaje a la frontera para saciar sus ambiciones.
Convivir con los demás es algo que no cualquiera puede hacer: nos mareamos, nos embelesamos con posturas o posiciones, nos engañamos pensando que somos todo lo bueno del mundo, y nos damos cuenta, a veces demasiado tarde, que no somos el ombligo del mundo, y que gente como nosotros existe en todos los rincones del orbe.
Somos importantes, únicos, pero no imprescindibles, y eso muchos no lo entendieron, y muchas tampoco. Los seres humanos somos complejos, y así hay que entenderlo para podernos ubicar en nuestro punto exacto dentro de una estructura llamada sociedad.
Y es cuando toman valor las relaciones humanas, las que se dejaron a un lado por muchos meses, a cambio de lujosos restaurantes, comilonas y puros costosos, y que sustituyeron el trato con la gente que necesitamos y que nos necesita; cuando nos sentimos absolutos y, al bajar el pie al piso nos dimos cuenta que somos tan carnales y tan comunes y corrientes como cualquiera.
Y que el Mercado Argüelles es igual para ellos que para nosotros, como lo es un Mall, un Centro Comercial, o los taquitos del paisa.
Nada cambia: somos iguales y debemos entenderlo antes de que nos lleguemos a marear y pensar en historias de sangre real.