Los mexicanos, como todos los habitantes de cualquier país, no somos en general economistas o políticos, y no entendemos muchas cosas, porque no nos interesan o porque, sencillamente, hay quien debe hacerlo por nosotros.
Y este inicio del mes de septiembre sufriremos una nueva alza en los combustibles y gas LP, que, aunque digan lo contrario, afectará nuestros bolsillos más de lo que ya ha sucedido en los últimos años, desde que la alternancia regresó el poder a quien no ha sabido ganarse la confianza ni el afecto de un pueblo dolido y maltratado, mutilado en todo su ser, y que cada vez encuentra más insensibilidad oficial en todas sus manifestaciones.
Y desgraciadamente, la mayoría de la población se manifiesta en redes sociales con palabras altisonantes, memes y todo tipo de insultos hacia quien debiera ser nuestro digno mandatario, pero no se hace mucho por una población agraviada y ofendida en todos aspectos.
No nos basta saber que hay voluntad política cuando vemos que en algunos estados no hay clases aún, y que va para largo, y que la impunidad priva en todo México por sus calles y avenidas, por sus casas y montañas, sin que nada ni nadie pretenda hacer algo.
El problema es que todos tenemos límites, y al parecer, quienes han gobernado en los últimos meses y años no han entendido que los agravios son muy puntuales en su cobro, y a veces, el pago resulta ser demasiado oneroso, y si no, habría que preguntar a Ernesto Zedillo o a Felipe Calderón, o echar un vistazo en el mismo estado donde nos desenvolvemos.
La gente quiere acciones que nos permitan mejorar, aunque sea un poco, pero entender y captar que los que nos gobiernan quieren realmente un buen para nosotros, y dejen de hacerse ricos entre sí.
Estamos cansados de ver la forma en que pasean en sus vehículos de lujo con toda la familia y hasta al perico lo mandan con chofer, guardias y le resguardan su jaula que, aunque de oro, no deja de ser una jaula en la que habita un especimen que no tiene libertad, y no la tendrá menos ahora, cuando lejos de estos lujos tenga necesidad de hacer un recuento de sus acciones.
Estaos agraviados, enojados, molestos…
… y con justa razón. O eso creemos todos.
Aquellos tiempos en que la gasolina era de un precio accesible quedaron atrás. Hoy, visitar al médico en el Seguro Social es más común porque los particulares tienen tarifas que no alcanzamos a cubrir; los medicamentos, guardan en sus cajas registradoras casi el total del importe de nuestras quincenas.
Y eso, los ciudadanos de cada calle y cada día lo vemos como un gran agravio, porque nos insultan con aumentos salariales de dos o tres pesos, cuando a empresas multinacionales les perdonan miles de millones en impuestos.
Nunca aprendieron a estudiar lo que es agravio social, y nunca adquirieron la sensibilidad social que se necesita par vivir en una sociedad como la nuestra.
Y los mexicanos tendremos que seguir batallando, entre actos vandálicos y delincuenciales, hacia nuestras fuentes de empleo, con el ferviente deseo de que no “nos toque” ser objeto de un acontecimiento fatal y regresar a casa a batallar para pagar la luz, el agua, la gasolina de todos los días, y las mensualidades que hacen que nuestra vida sea más llevadera.
Batallar porque la autoridad no mete en cintura a los que nos agravian a diario, y permite la manipulación en medios y nos quieren engañar diciendo que México tiene una de las mejores economías del mundo, cuando sus hijos, los hijos de este pueblo vivimos diariamente de milagro y la mayoría en pobreza extrema.
Al fin y al cabo que, cuando señalamos no servimos para nada, porque las declaraciones triunfalistas están ahí, tratando de convencer a quien, con el estómago vacío y la cabeza caliente urge un cambio para todos.
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