Victoria verde

Mucho se habla de sustentabilidad, ecología, conservación… y poco se hace porque la gran mayoría no queremos mover un dedo para actuar, pero sí estamos pendientes de señalar –criticar- lo que hacen otros y que no nos parece.
Pasear por el viejo diecisiete, la avenida Francisco I. Madero es un deleite: sus frondosos árboles nos regalan una especial sombra que permite disfrutar mucho del tiempo y el lugar; ya hace años se convirtió en el paseo por excelencia de los victorenses y uno que otro visitante.
Sin embargo, como suele suceder, hubo acciones de tala de árboles, criticadas por algunos que, sin fundamento alguno acusaron a las autoridades de criminales y otras cosas más.
Olvidaron que los árboles tienen, como todo ser vivo, un ciclo de vida, y que esos gigantescos y anchos ejemplares que nos regalan sombra y paisaje tienen que cumplir también su ciclo vital, y aunque no nos guste, van a morir, dejando únicamente ramas peligrosas para muchos.
Hay que imaginar que una rama ancha y pesada caiga sobre un vehículo y dañe a sus ocupantes, o que cause destrozos… no lo queremos ni en broma.
Y es donde se pone de manifiesto la intervención de expertos en árboles que digan qué sucede con esos “viejos verdes” que poco a poco se extinguen.
Tenemos que entender que los que hoy son impresionantes árboles tendrán que marchar, y no es que quien los tala tenga complejos anti-ecológicos, sino que se hace un diagnóstico de cada ejemplar para determinar si vale la pena dejarlo que siga ahí, luciendo pero haciendo peligrar a muchos.
Cierto que hay acciones que no justifican su tala, pero recordemos que nadie somos perfectos, y un experto puede también equivocarse y pensar que un árbol debe quitarse de vía pública cuando le quede algo de vida aún.
Pero, muchos añoramos a esos grandes árboles y sentimos nostalgia al ver a “nuestro diecisiete” un poco “pelón” de follaje.
Pero la solución, como todo en la vida, debe tomarse con prontitud y previendo situaciones que pudieran afectarnos.
Hay programas de reforestación que se llevan a cabo; este martes vimos con gusto a algunos trabajadores que plantan pequeños árboles, y uno pregunta si vienen a sustituir a los grandes viejos verdes, pero hay que entender que los pequeños crecerán y se harán muy gruesos y grandes, frondosos y nos permitirán disfrutar de sus sombras en el futuro.
Y hay que dar ese voto de confianza a los que toman esas decisiones, y tener la paciencia necesaria para ver crecer a esos ejemplares que darán sombra a nuestros hijos o nietos, pero que embellecerán, como hicieron sus ancestros, nuestras calles.
Ya contamos con algunas rutas que tienen follaje muy profuso y que se cruzan a media calle para hacer una especie de túneles de frescura, y que son la delicia de los que habitamos esta ciudad.
También vemos que hay áreas en las que no existen árboles ni de broma, o que los talan los vecinos sin avisar ni tomar medidas de prevención. Abundan los abusivos, y en ese sentido, hacemos votos porque la autoridad les castigue ejemplarmente, y que recuperemos ese recurso, plantando árboles en toda la ciudad.
Hay programas destinados a ello y organizaciones no gubernamentales, a donde podemos acudir y ver la manera de que nos apoyen.
Pero en este asunto tan especial e importante, tenemos que entender que la autoridad, de l nivel que sea, no podrá hacer mucho si no apoyamos.
Salgamos a sembrar un árbol, a poner de nuestra parte, cuidarlos, regarlos y más, con la idea de que esas maravillosas sombras naturales que refrescan y embellecen, puedan ser el recurso que todos deseamos y necesitamos, en un mundo que con la contaminación y esos problemas cada día se acaba más pronto.
Hagamos equipo, pues, y colaboremos con la ecología.