No entendemos muy bien el concepto “prioridades”, o de plano, estamos hablando dos lenguajes diferentes:
Ver la propuesta de presupuesto que se entregó al Congreso de la Unión resulta inadmisible: aumento a dinero para partidos políticos, a Diputados y Senadores, gasto de la oficina de Presidencia… y recorte en educación y salud.
Algo no encaja, definitivamente.
Pese a los muchos logros, sabemos que en materia de salud hay mucho qué hacer en Tamaulipas, porque existen factores que no tienen que ver con presupuesto o ideología política y llegan, atacando a veces los indicadores, como es el caso del Zika que se ha tratado de frenar en todo el país, pero que por aspectos que no se pueden controlar viene a corroborar la importancia de atenderlo, y el peligro que implica para la salud.
Y como el Zika, hay enfermedades “de temporada”, que de acuerdo al clima y la estación se desarrollan: en ello se reflejan las acciones del Sector Salud para trartar de que todos colaboremos y haya menos afectaciones. El calor, por ejemplo, va de la mano con enfermedades digestivas, o el frío con las respiratorias y así, cada temporada tiene su padecimiento que se desarrolla en mayor porcentaje.
Es cuando los programas preventivos tienen que hacer su aparición, reforzarse y atenderse adecuadamente.
Para evitar tanas muertes, salvo las que se atribuyen a la falta de seguridad, se requiere prevenir, como sucede con la diabetes o la hipertensión arterial, por mencionar las principales causas de mortalidad en Tamaulipas.
Existen acciones de salud pública que si se instrumentan adecuadamente pueden ayudarnos a reducir las consecuencias de estos padecimientos y muchos otros más, pero se necesita invertir para ahorrar.
Y en educación, todos sabemos que una nación, un pueblo con educación tiene mejores expectativas de vida, así de claro y sencillo.
Pero resulta que habrá recorte en tan importantes rubros.
La verdad, no se entiende esta medida, porque hay otros rubros que para el país son importantes aunque tienen limitantes muy significativas.
Podrían los mandatarios dejar de gastar tantos millones en giras y recorridos con camionetas de lujo, o dejar de comprar éstas para trasladarse como cualquier persona, en un vehículo cómodo, con todo lo necesario pero que no insulte a la pobreza generalizada de un México que se duele a diario.
Podrían dejar de gastar en publicaciones con papel de lujo y dejar de pagar impresiones costosísimas a cambio de invertir en mejoras educativas y de salud.
No es posible, por ejemplo, que en las instituciones no haya antihipertensivos, porque es el detonante para que haya más problemas cerebro vasculares… y decesos.
Pero mientras tengamos a personas que viven de la política como representantes de nosotros, no podremos hacer nada.
No hemos escuchado de ningún legislador federal o senador, de nadie, que se pronuncie por una reordenación del gasto de México y su gobierno que cada vez alcanza niveles más bajos de aceptación y popularidad, merced de sus acciones cotidianas.
No hemos escuchado que alguien diga que hay que gastar en prioridades.
Cuando no se tiene suficiente dinero, uno busca qué recortar en casa, pero no puede dejar sin agua a los suyos, o sin alimento: primero se garantiza lo más importante, y luego se analiza qué hacer con los sobrantes, si es que los hay.
En ese sentido, consideramos que nuestros 500 legisla-vividores no han completado su labor, y nos están fallando.
Lo que sí entendemos es que hace falta reordenar el dinero del pueblo, y pensar seriamente no en recortar, sino incrementar el presupuesto de salud y educación, no en nómina ni empleos, sino en aspectos que incidan en la calidad de vida de todos los mexicanos.
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