Septiembre, el mes patrio, el mes de los símbolos de nuestra nación y muchas cosas más.
Comenzamos el día con los preparativos para la fiesta del Grito, pero luego se convirtieron las ciudades en un caos propiciado por las mismas autoridades, al cerrar infinidad de calles, plazas y demás, muchas horas antes, previendo quién sabe qué, pero entorpeciendo el tráfico, pensando en todo, y al último, ignorando el sentir ciudadano, como ha sucedido en los últimos años en una nación que lejos de festejar, se vanagloria que aún viva México.
Y es que las verbenas tienen un precio muy elevado para el tráfico y la ciudadanía, aunque hay que ser francos y reconocer la importancia que tienen en el hogar de algunos incipientes comerciantes que aprovechan para vender productos y comida, esa deliciosa y única comida mexicana que lo que tiene de engordadora y poco saludable lo tiene de sabrosa, y que le ha colocado en un sitio especial en el mundo entero.
Cómo dejar de probar un buen pozole o unas tostadas, buñuelos o algo más, pero siempre, con el ambiente mexicanísimo de una plaza en la que habrá fuegos pirotécnicos, algunos grupos musicales, y por cierto, alguien que saldría a gritar “Viva México” ante un elevado rechazo de la ciudadanía que, al unísono elevará las vivas a Hidalgo, Morelos y muchos más que forman parte de este paraje importante de nuestra historia: la independencia de México.
Y sirva este día para tratar de inculcar en cada uno de nosotros, tamaulipecos y de otros estados, pero todos con sangre mexicana en nuestras venas, ese espíritu que se requiere para ser más comprometidos con nuestro país, más solidarios con todos y dejar los egoísmos a un lado, procurando pensar en los demás y su beneficio para, entonces, tener un gran beneficio nosotros mismos.
Cuando manejamos como vacas en corral, balanceándonos de un lado a otro a vuelta de rueda, ofendemos a los que tienen prisa, los que quieren llegar, o los que saben que las calles son de todos.
Cuando no entregamos un cambio de dinero adecuado, o hacemos mal un trámite, atentamos contra la tranquilidad de otros, y no tenemos ning´n derecho a hacerlo.
El México que queremos para nuestros hijos es el que respeta los sitios para personas con discapacidad y deja a un lado esas camionetas de lujo, conducidas por mujeres inconscientes –muchas, ex -magnolias- que piensan que el mundo es de ellas solo porque su “viejo” les compró un “mueble” grandote y lujoso, y porque han hecho siempre lo que han querido.
Cuando ofendemos de palabra o acción a otra persona, estamos atentando contra un mexicano como nosotros, que tiene los mismos derechos, pero también las mismas obligaciones que todos, y que debe entenderse su acción como un acto para con los demás.
Cuando dejamos de pensar en “nosotros” y pensamos en el “yo”, es porque realmente estamos cambiando nuestro México por el que los ladrones y delincuentes quieren que tengamos.
Y es cuando apelamos al espíritu mexicano, a fortalecer y demostrar nuestro cariño por una nación que tiene todo para ser grande, pero que ha sido menospreciada por una inconsciente clase gobernante que se ha hecho millonaria a costa del trabajo de todos y que no ha pensado en erradicar la pobreza, o en lograr una cobertura de salud en su totalidad, o tener un buen sistema educativo, o calles en buen estado o iluminación suficiente.
Cuando pensamos en ese México, es cuando suponemos que algo nos está fallando a los mexicanos.
Y es cuando el grito de “Viva México” debe escucharse en todos los rincones del mundo, salir desde nuestra garganta y corazón, y enjuagarlo con lo más importante de nuestro interior, para demostrarnos que merecemos ser mexicanos en toda la extensión del concepto.
Es cuando tenemos que propiciar un cambio en la Nación.