La historia tiene memoria

Aunque a veces pasan los políticos por encima de ella, la historia sí tiene memoria, y en ese sentido hace gala de ésta cuando escuchamos en la ceremonia del Grito de Independencia los vivas a Morelos, Hidalgo, Matamoros y otros más, sin olvidar a la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez.
De repente, no falta algún alcalde o gobernador que eche arena de su cosecha y agregue a sus próceres familiares o personales: escuchamos, pro ejemplo, a los de Chiapas y Durango que agregaron a los héroes locales. No han entendido que es un acto histórico y nacional.
En Tamaulipas se escucha el homenaje a Pedro J. Méndez o a Bernardo Gutiérrez de Lara. Todos los sitios tienen sus héroes locales, y eso lo sabe la historia, pero la ceremonia del grito engloba los méritos nacionales de los mexicanos que han formado parte de las páginas de la gloriosa historia de México. Nada más.
Y en ese tenor, escuchamos, por ejemplo, al alcalde de Bustamante que, en cojpleto estado de ebriedad se lanzó a cumplir con la ceremonia, haciendo desfiguros propios de un integrante de cantina de bajo mundo y no de un titular del ejecutivo en su municipio.
De todo vimos.
Y en ese sentido, suponemos que habrá que honrar a nuestros próceres en forma permanente. Es como la avenida dieciséis lleva el nombre del doctor Norberto Treviño Zapata, a quien debemos la fundación de las facultades de Enfermería y Medicina Veterinaria y Zootecnia, entre muchas otras cosas, o el campo de fútbol “Américo Amigo”, dedicado a quien conjuró el problema de abasto de agua dela capital de Tamaulipas que hoy, sin embargo, vuelve a salir a flote, gracias al desmedido crecimiento demográfico que ha habido en el país entero.
Pero de ahí a que se ponga el nombre de todos los jefes, mandatarios y más a calles, edificios, unidades, hospitales, plazas y más, no estamos de acuerdo.
Inclusive, si fuéramos más estrictos, a los gobernadores se les paga –y mucho muy bien- por cumplir su función de gobernar, de administrar nuestros recursos, y las acciones que hablan de magnánimo corazón se hacen con dinero ajeno, es decir, el dinero de la gente que paga impuestos y no del personal.
Nunca supimos que algún mandatario hiciera labor social o altruista con su dinero, salvo el inolvidable Américo Villarreal Guerra, una persona que se menciona aparte gracias a su gigantesca calidad moral, humana y social.
Pero los otros…
Tenemos conocidos que han llegado a puestos muy importantes, pero entendemos, y así lo debió hacer una Legislatura sumisa, que para autorizar que los nombres de al o cual tamaulipeco se impongan en edificios e inmuebles públicos, se debe tener una verdadera justificación, y suponemos que lo que hemos vivido últimamente no reúne los requisitos cívicos, ciudadanos, sociales o humanos necesarios para que se imponga tal distinción.
De Don Carlos Adrián Avilés Bortolussi hay solo una calle con su nombre, pese a que fue determinante en la historia de al radio en Tamaulipas de los tiempos modernos, factor social incluyente en diversos ámbitos; de Manuel Raga Navarro, pues reconocer que ha sido el mejor basquetbolista mexicano en Europa de todos los tiempos y un enorme y gran ejemplo de sentido humano, y apenas un gimnasio lleva su nombre. Poco para un gigante tamaulipeco.
No hemos visto que haya un auditorio o foro con el nombre de Sergio Cárdenas Tamez, y tristemente, no entendemos de otro político que tenga merecimientos para que su nombre se inmortalice en algún ente público.
Lo que hemos vivido ha sido una exaltación de egocentrismo, de vanidades, de abuso de poder y de servilismo de un Poder Legislativo que no supo entender su papel de representar los intereses del pueblo.
Se sometieron en todo, hasta en los homenajes personales, y eso, eso tiene un costo político y social muy elevado. La factura se cobrará tarde o temprano, y será mu difícil evadir la responsabilidad histórica.