De manera directa o a través de sus empleados de confianza, las élites tamaulipecas aglutinadas en el Partido Acción Nacional (PAN) se han encaramado al poder luego de desplazar, con el apoyo de las grandes mayorías ilusionadas, a la clase política que representaba el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que sobrevive gracias a una modesta cuota legislativa y unas cuantas presidencias municipales donde se han refugiado algunos de los cuadros tricolores luego de que sus verdaderos patrones comprobaron que ya eran incapaces de administrar la crisis gubernamental.
Quizá nunca sabremos cuanto gastaron los candidatos en campaña, sin embargo, no se necesita ser mago para saber que el reynosense Francisco García Cabeza de Vaca es el que más dinero invirtió, seguido del matamorense Baltasar Hinojosa Ochoa cuyos operadores financieros se siguen quejando de que Egidio Torre Cantú “no le soltó las chequeras” y que esa es la razón principal por la que tuvo que salir de la entidad huyendo de sus indignados acreedores quienes le siguen cobrando de manera poco comedida.
El hecho de gastar tanto en campaña es normal considerando que FGCV representa a un segmento importante de las élites tamaulipecas cuyos representantes acapararon los cargos principales en el gabinete del flamante gobernador pues tampoco se necesita ser un genio para entender que, más que cazar talentos, la nueva administración ha correspondido a sus generosos patrocinadores colocando en la cúpula gubernamental a elementos vinculados en forma directa con la iniciativa privada de las diferentes regiones de la entidad.
En ese contexto, los casos más llamativos están representados por César Verástegui Ostos y Gonzalo Alemán Migliolo, conspicuos personeros de la burguesía agraria tamaulipeca, quienes han sido colocados estratégicamente como Secretario General de Gobierno y como Secretario de Desarrollo Rural, respectivamente; ni modo que me digan que el de Xicoténcatl es experto en ciencia política o que el de Aldama es especialista en políticas públicas para el campo.
Héctor Escobar Salazar y María Esthela Chavira Martínez son los respectivos Secretarios de Educación y del Trabajo, representando una importante cuota para los empresarios de la educación ya que ambos han estado vinculados con escuelas particulares o con instituciones “patito”, de tal manera que ya sabemos a qué sector le aumentarán las becas y quién ganará (como viene ocurriendo desde hace décadas) la mayoría de los conflictos laborales.
Lydia Madero García, a quien conocemos desde hace décadas como una de las mujeres con trayectoria histórica dentro del PAN, ocupa nada menos que la Secretaría de Salud y sus cartas credenciales son dos licenciaturas, una de la UAT y otra de la UANL, además de una modesta especialidad en Sociología Rural; eso sí, con una trayectoria legislativa impresionante.
El caso de la licenciada LMG es emblemático en el gabinete de FGCV ya que la dama que ha vivido en Victoria algún tiempo, es un puente privilegiado con poderosos empresarios de Nuevo León pues ella es nativa de Monterrey, posee riquezas en todo el noreste de México ya que, como casi todos los que se apellidan Madero, tiene tierritas en Coahuila, es accionista de Cementos Mexicanos (CEMEX) y de otras empresas de la región.
La flamante Secretaria de Salud es una mujer hermosa, cuando era diputada federal del PAN competía en belleza con dos de sus compañeras, una del PRI y otra del PRD en un certamen informal organizado por los reporteros de la fuente legislativa y, si usted tiene paciencia, podrá encontrar información sobre el tema en algunos de los principales diarios de la capital de la república.
Luego le seguimos con el gabinete, por lo pronto déjeme anotar que la naciente administración que encabeza FGCV no ha necesitado a los medios convencionales como lo muestra el desprecio de sus operadores de prensa (si es que los tiene) que evitan el contacto con comunicadores y es normal considerando que, para los panistas, casi toda la prensa es corrupta.
En El Diario de Ciudad Victoria y en Expreso colaboran dos queridos colegas periodistas que son muy cercanos a las posiciones ideológicas del PAN, sin embargo, se quejaron amargamente de que nadie los convocó a la inauguración del nuevo régimen estatal y, si eso ocurre con comunicadores que simpatizan con las fuerzas conservadoras, qué pueden esperar los reporteros, columnistas, cronistas, articulistas y editorialistas críticos.
Es posible que el desprecio del nuevo gobierno hacia la prensa dure algunos meses, quizás un par de años ya que por ahora FGCV vive un auténtico idilio con las redes sociales donde tiene su principal apoyo publicitario, sin embargo, deberá diseñar una estrategia de medios electrónicos e impresos porque bastarán las primeras decepciones del público para que las redes se conviertan en una verdadera pesadilla y si no pues pregúntenle a Felipe Calderón Hinojosa, a Enrique Peña Nieto, a Egidio Torre Cantú o al rector Enrique Etienne Pérez del Río.
Sobre la forma violenta como fue recibido el nuevo gobernador en Reynosa, creo que puede representar una oportunidad para entender mejor que las cosas están peor de lo que se cree y que ningún esfuerzo debe regatearse para lograr la tranquilidad en los hechos, pero, en caso de que se opte por seguir mintiendo a los tamaulipecos y, aprovechando que el nuevo titular del ITCA, Luis Sotill, hace trabajos para Disney, podría patrocinar alguna pieza teatral, algún espectáculo musical o alguna película que podría llamarse: El Truco en Wonderland.
Pasando a otro tema, quiero agradecer sinceramente a las decenas de personas que acudieron el reciente fin de semana a la Biblioteca Central de San Luis Potosí, ubicada en el Museo del Ferrocarril, para la presentación de mi libro de relatos (Padre por un día), envío especial abrazo a la historiadora Clara García, a la escritora Coro Perales, a la promotora de la lectura Mary Trujillo, a la poeta Olimpia Badillo, a la socióloga Angélica García, al fotógrafo Carlos Luis García y a otras personalidades vinculadas al arte y la cultura quienes, luego del evento también nos acompañaron a compartir los alimentos en una de las cenadurías tradicionales en el centro histórico de la capital potosina donde no pude resistir las ganas de probar un delicioso pozole mixto, con tostadas y un refresco de toronja (light).
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