Por los antecedentes municipales, estatales y federales, nadie esperaba que el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca tomara de frente algunos problemas considerados difíciles, como es el caso de los desaparecidos en la entidad y que conforman varias decenas –centenas- sin que haya éxito en las pesquisas.
Padres y madres, familiares y amigos desesperados porque tienen años buscando a los suyos, aún con una esperanza que conforme pasan las noches y los días se desvanece, aunque muchos de ellos tienen el pensamiento de que les volverán a ver.
Y el gobernador de Tamaulipas se reunió con los familiares. No faltaron los agoreros del desastre que criticaron que no hayan entrado todos los que llegaron, pero hay que entender que la sala donde se reunieron tiene un tamaño determinado, y no se puede meter más gente que la que físicamente cabe, y eso, ni un gobernador ni presidente, ni decreto o acuerdo puede hacer que quepan más personas en u sitio limitado.
La acción del mandatario tamaulipeco ha sido aprobada por la sociedad que observa que un gobernante se preocupa por su gente y toma acciones reales, concretas. Hay que entender que no ha prometido que los desparecidos volverán a sus hogares, porque ni mago ni Dios, sino solamente es un gobernador que demuestra su sensibilidad social en estos hechos y toma acciones de acuerdo a sus alcances, que ya son muchos, y muy valiosos, por cierto.
La gente, el que vota y elige ha tomado conciencia de que no se equivocó, y quienes tuvieron un voto distinto se dan cuenta, también, que hay realmente voluntad de hacer las cosas.
Recientemente estuvo en La Pesca acompañando a grupos de ecologistas que llevaron a cabo acciones de limpieza de la playa, y se ha dispuesto enfrentar los asuntos que aquejan a Tamaulipas, no sociales o políticos, sino en general.
No es saludable comparar a un personaje con otro, pero la ciudadanía entiende que son otras formas de gobernar distintas a las establecidas con anterioridad, y que tienen como base el atender a los tamaulipecos.
Es interesante, saludable y digno de reconocer el hecho de que todos nosotros sepamos que hay un gobernador que es un ser humano y se le puede ver en la calle o en su ofician, sin que existan esas burbujas impenetrables que los hacen parecer casi divinos, intocables, invisibles a los demás, e insensibles a sus demandas.
También es importante destacar que no ha prometido los típicos “resultados de 100 días2, porque, por citar un ejemplo, a la ciudadanía que ha perdido a sus seres queridos no le fue necesario esperar la centena, sino que ya han tenido el primer contacto con el mandatario de Tamaulipas, y otros grupos y sectores ligados a la vida productiva han tenido oportunidad de verle y exponer sus inquietudes.
Entendemos, según lo que se escucha en las calles, que la gente está contenta con esta forma de gobernar, aunque no deja de haber críticas, algunas, infundadas, y otras con una razón que, al menos, lo que se escucha, han sido atendidas con prontitud, evitando esa prepotencia y majaderías de algunos, procurando que entiendan que van a servir a la ciudadanía.
Y eso, realmente es muy importante.
No es necesario esperar los cien días para ver resultados, sino hay que estar en la información cotidiana para ver los avances que se registran, e interpretar éstos como un verdadero interés por hacer bien las cosas, por solucionar o tratar de hacerlo, en base a lo que la gente quiere y necesita y no lo que nos quieren hacer ver.
Sinceramente, es muy satisfactorio escuchar que la gente está contenta con el gobierno de Tamaulipas y que, aunque falta mucho para que tengamos una excelente calidad de vida, se entiende que se dan pasos para tratar de logarlo. pero entendamos que es un buen gobernante, no un mago.