Lo falsos subsidios de CFE

Según información publicada en medios locales, la tarifa eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad sufre abusivos incrementos porque los usuarios “caemos” en la denominada tarifa DAC, es decir, tarifa doméstica de alto consumo, según explican funcionarios de la paraestatal que nos ofrece energía eléctrica a cambio de nuestros ingresos casi totales.
Y el ejemplo es que nos dicen en CFE que por lo general subsidian el 40 por ciento del costo de la energía eléctrica, a lo que pensamos entonces que algo hay mal en México, porque no es posible que, en un sitio como el noreste del país, donde las temperaturas son muy elevadas en primavera, verano y parte del otoño, se tengan indicadores tan bajos como el que atribuyen a las tarifas para ser sujetos a subsidio.
Según el portal oficial de la CFE, la tarifa DAC se aplica cuando el consumo bimestral promedio registrado en los últimos 12 meses es superior de acuerdo a los excesos en el consumo, por ejemplo, en la tarifa 1A el excedente es de 600 kw/h bimestre, para la 1B el excedente que amerita el retiro del subsidio es de 800 kw/h bimestre.
Ojo: es el promedio de los últimos doce meses: hay que imaginar los consumos de verano, que pasan por exceso estos promedios ridículos.
A Tamaulipas corresponde la tarifa 1-F, por sus características, que indican que ésta se aplica cuando la temperatura media promedio es en el verano de 33 grados centígrados. Aunque algunos inconscientes no lo certifican, los que aquí vivimos sabemos el infierno que implica nuestro clima.
En verano, los primeros 300 kw/h cuestan $ 0.595; los siguientes 900 cuestan $0.741 por kilowatt/hora, y los siguientes 1,300 se elevan a 1.804 pesos, siendo el excedente a 2.859 pesos.
Fuera de verano, suben: básico: 0.809 los primeros 75 kilowatts/hora, para seguir a $0.976 los siguientes 125 kw/h, y a partir de ahí, 2.859 cada kilowatt, es decir, un mundo de billetes, a partir del 1 de noviembre; después de 200 kw/h aplica la tarifa elevada, supuestamente porque ya no requerimos climas y más.
Eso cuesta la luz en Tamaulipas, sitio donde los abanicos y aires acondicionados son parte de nuestro devenir cotidiano, y la autoridad pareciera no entendernos, quizá porque ellos no pagan lo que nosotros.
Dice CFE: “El verano es el periodo que comprende los seis meses consecutivos más cálidos del año, los cuales serán fijados por el suministrador, definido en la Ley de la Industria Eléctrica, de acuerdo con las citadas observaciones termométricas que expida la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Un experto en estos menesteres calcula que en base a nuestra temperatura de hace algunos años, sin considerar el actual cambio climático, un aparato de aire acondicionado debe estar consumiendo alrededor de 800 a 1000 kilowatts por bimestre, lo que significa que, por tener UN solo aparato en casa pasamos de estas tarifas y entonces no somos sujetos del subsidio que malamente nos manejan como una dádiva oficial.
No es congruente vivir con salarios que no son capaces de soportar estos pagos; es inhumano e inmoral, pero desde que tenemos memoria, nuestros legisladores federales no se han abocado a atender esta demanda ciudadana multitudinaria, y a partir de ya tendremos que pagar la luz más cara que nunca.
Por eso no creemos en los llamados subsidios que aparecen en nuestros recibos, porque no hay congruencia entre los salarios y los pagos de servicios del gobierno. No es posible que se tenga un salario mínimo que no soporte un uso promedio, racional y controlado de energía eléctrica.
Y hay que entender, y eso va para los que gobiernan: todos tenemos derecho a estar frescos en la noche y descansar; todos los mexicanos merecemos vivir decorosa y dignamente, y no aplica eso de que “los pobres” y “los marginados”; quien no tiene aire acondicionado es porque el sistema no le permite hacer frente a esas necesidades de región, que ya no son lujos.
Pero, como dijera el inolvidable Chapulín Colorado: “¿Quién podrá defendernos? Esperemos que ellos, nuestros gestores ante el Congreso y la autoridad del país. Porque de otra manera: a sufrir o endeudarse: no hay de otra.