El destino de las becas “naranja

Si la deshonestidad y pillería de cualquier funcionario resulta inverosímil e imperdonable, más lo es cuando se trata de afectar al futuro de México, en este caso, quienes se preparan para enfrentar el futuro mejor capacitados, con una mayor formación en los mejores sitios del país que, no por ser gente sin ese recurso están negados a tener.
Los institutos de calidad están en todo el mundo: el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey –ITESM- es un claro ejemplo de una buena institución educativa, o la Universidad Regiomontana, y podemos hacer una gran lista, incluyendo algunas del extranjero.
Y algunos de nuestros tamaulipecos jóvenes aspiraron a ingresar y cursar sus estudios, para luego devolver a la entidad, con su talento y preparación, lo mejor de sí mismos.
Se equivocaron.
Todos ellos cometieron equivocaciones grandes, porque nunca tuvieron el apoyo de un gobierno que, ahora se sabe, destinó millones de pesos a becarios sin calidad, sin anhelos o ambiciones, con el único mérito de llevar apellidos pertenecientes a la clase política en turno.
Los apellidos que en Victoria conocimos y en el estado hicieron huella: Jiménez, Hernández, Montelongo, Torre, Juárez, Benitez y más aparecieron en las órdenes de pago a bancos de múltiples instituciones, otorgando becas de hasta 25 mil pesos mensuales a cada persona –no estudiante, porque es lo que menos hicieron- de esos que gozaron de los privilegios de tener un papi en el poder.
Resulta insultante para muchos de nuestros hijos el que nos hayan suspendido de programas de excelencia, cuando ellos tenían calificaciones sobresalientes, y peleaban porque les depositaran un recurso muy modesto, y veían en las taquerías de la madrugada a los alcoholizados juniors victorenses, borrachos a más no poder, gastar el dinero de los tamaulipecos en sus francachelas.
Nunca entregaron una boleta de calificaciones, porque tenían una tarjeta de recomendación por delante.
Nunca tuvieron un desempeño honorable, igual que sus progenitores, cuya reputación se escapó de toda posibilidad de decencia, al incorporarse a la larga lista de los ya conocidos bribones de la política.
No nos asusta, porque siempre han estado y la autoridad nunca ha hecho nada por detenerlos, sino se ha aliado a ellos. Lo que enoja es que grandes talentos vieron truncados sus sueños porque nunca les quisieron otorgar una beca, que se autorizaba con un criterio absurdo, demagógico, familiar, y no un criterio académico y de aprovechamiento total.
Nos quitaron la posibilidad de que nuestros hijos se prepararan bien a cambio de muchos litros de bebidas alcohólicas, viajes, parrandas y hasta drogas que gastaron en sus juniors.
Importante es destacar que no todos hicieron tales acciones: hubo uno o dos que sí estudiaron, pero fueron los menos. El enojo es porque los verdaderos estudiantes fueron afectados por un criterio filial, parental y grupal, en nada, con criterio social o de apoyo a quien lo merecía.
Quien autorizó esas llamadas becas “naranja” debería ir a la cárcel y pagar los estudios de los jóvenes a quienes truncó su futuro por el hecho de no tener con qué pagar su educación.
No tuvo vergüenza en agredir a una juventud estudiosa y anhelante de salir avante con calidad y preparación. No se conformaron con las grandes casas y cuentas bancarias.
También afectaron a nuestros muchachos, y a muchas familias que hoy, enojadas, piden que la autoridad actué severamente, porque atentar contra nuestros hijos es atentar contra el futuro de Tamaulipas.
Y éste, se sabe, les valió m…