Escuelas dignas y decorosas

Mientras más escarba el gobierno estatal, más irregularidades salen a flote: ahora toca el turno a las obras de infraestructura educativa, en las que se ha encontrado una serie de anomalías, como construcción deficiente, incompleta o lo que siempre sucede: “gato por liebre”, con la protesta de directores que antaño no podían quejarse, so pena de ser castigados o ser objeto de las represalias propias de la clase gobernante, o al menos, los que ya se fueron.
Dice el titular del Instituto Tamaulipeco de Infraestructura Física Educativa, German Pacheco, que para variar, los que manejaron las obras se fueron grande con las comisiones, y los constructores contratados se fueron grande con la irresponsabilidad de dejar a medias todo, al fin que ya habían cobrado sus cheques correspondientes.
Duele, y mucho, de por sí ya el hecho de que se hayan robado el dinero de las becas de nuestros muchachos, como para saber todavía que las obras para que estudien adecuadamente son un fiasco.
Y es donde la ciudadanía está enojada, indignada, y desea que haya un acto de justicia, pero no de esos que acostumbran autoridades mexicanas realizar al detener a diestra y siniestra a presuntos culpables de cualquier delito y liberarlos posteriormente por falta de pruebas, o porque la negligencia judicial les hizo conformar mal el expediente. Como siempre, los ladrones salen libres y no regresan lo que se robaron.
Y aquí sí quisiéramos ver un resultado contundente, porque vaya que le hace falta a la actual administración un anuncio de este tipo, y veamos detenido a uno o dos facinerosos que usurparon cargos públicos y se enriquecieron con nuestro dinero.
Ya salieron las becas, los salones… ¿qué falta?
No es posible que se les señale, se les condene y se les deje que disfruten de ese dinero de los mexicanos, en este caso, de los tamaulipecos.
Deberían trabajar en el Congreso de la Unión por establecer alguna ley que no les permita defenderse a estos comprobados delincuentes, ladrones e indignos seres vivientes, y que se les quite todo lo que se robaron, que se les inhabilite, y además, que se les guarde en un reclusorio donde no puedan robar más que aire puro.
Al menos, ese es el clamor de los tamaulipecos que vivimos tiempos de saqueo y que vemos curiosamente como se condena a un sinvergüenza como el veracruzano Duarte, o como aquel Padrés de malos antecedentes, y los nuestros, los que nos han afectado directamente pasean tranquilamente con nuestros billetes. ¡PFF!
Las escuelas requieren de una buena “mano” para su conservación y en ese sentido los directores deben hacer una buena evaluación para determinar las prioridades de mantenimiento y conservación, a fin de que se pueda hacer la inversión en bien de los educandos de todos los niveles.
Tocará, conjuntamente con los padres de familia, establecer las prioridades y presentar los proyectos necesarios para que, con el dinero de los impuestos de todos se puedan rehabilitar espacios que contengan lo necesario para impartir una educación urgente en una nación que pide a sus hijos mejor preparación para llevar por consecuencia mayor competitividad.
Es en este aspecto donde suponemos que los padres de familia deben estar muy atentos: detectar esas necesidades para llevarlas a la práctica, con una vigilancia muy estrecha de parte de autoridades educativas, profesores y los mismos padres, que se puedan constituir en una especie de contraloría social, que juzgue la calidad de los trabajos y el buen uso del dinero de todos.
En tanto sucede lo anterior, hay que dar seguimiento a las declaraciones del titular del ITIFE, para ver si realmente se puede hacer algo y castigar a los culpables de tener como está a nuestra entidad.
Porque los tamaulipecos merecemos escuelas dignas, con lo necesario para garantizar una buena educación.
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