El tiempo no se detiene…

Típico que cuando tenemos algo qué hacer, pensamos que se debe proyectar bien, y dejamos para después, para “cuando tengamos el tiempo suficiente2 la planeación de cualquier cosa, propiciando, muchas veces, que se detengan aspectos importantes del desarrollo de nuestra comunidad, principalmente, los que afectan a muchas personas.
Esto se puede vislumbrar en aspectos de educación, salud, empleo, infraestructura y más, pero no tiene culpa quien es afectado, sino quienes dirigen y en ocasiones no planean bien las cosas.
El tiempo, decíamos al principio, nunca se detiene: vea su cronómetro se dará cuenta que nunca deja de avanzar: así sucede con nuestra existencia: en todo momento nos hacemos un segundo, minuto, hora o día más viejos que antes, y así sucesivamente, pero no es para pensar negativamente y tirarnos a la desgracias, sino pensar que no podemos parar nada, porque las cosas se deterioran si no se les atiende adecuadamente, que los proyectos se enfrían y hacen obsoletos si no se desarrollan en su momento, y que la formación de las personas y atención no tiene límite pero nunca para.
En ese sentido, para entender la función del servidor público y del funcionario, del ejecutivo que atiende y del que presta sus servicios en aras de ayudar a los demás, resulta significativo el hecho de que tengamos el tiempo suficiente y necesario, en su momento, para planear bien las cosas y ejecutarlas.
Prevenir posibles aspectos que detengan el desarrollo y hacer frente a ellos. En ese sentido, no podemos pensar en que no hay un recurso para cualquier rubro de la administración: quien llega a gobernar debe pensar que si no se tiene la infraestructura adecuada a sus modelos de gobierno, no puede parar las acciones hasta que todo esté en orden: no.
Hay que enfrentar las cosas en su justa dimensión. Recordamos cuando por un puente o vacaciones se deja de llevar a cabo un trámite, y no compartimos ese criterio.
Si bien es cierto que todos los servidores públicos merecen y necesitan vacaciones, también es cierto que hay guardias que deben estar trabajando de acuerdo a las necesidades sociales, es decir, no se puede detener el mundo porque no hay firma o presupuesto, porque no hay jefe o porque no se han llevado a cabo los cambios estructurales.
Nada de eso es pretexto.
Decía el inolvidable maestro Cándido Mayo: “cuando te mande yo a tomar una foto, no sé si llevaste cámara o si se descompuso; si se la robaron o se te zafó el rollo: yo quiero que llegues aquí con la foto que te encargué, y sin pretexto alguno me entregas lo que necesito, porque esta agencia nunca queda mal”. Así de claro fue el mensaje del mejor fotógrafo de prensa que pudimos conocer, del gran maestro y amigo.
Y eso debe aplicar en todos los rubros, más cuando se trata de servir a los demás a través de un empleo en el gobierno de cualquier nivel: no hay pretextos para cumplir.
No se concibe que digan que porque no hay presupuesto aprobado, que porque no está el proyecto listo o por otro motivo: el caso es que debemos entender que el trabajo se hace, como decía un personaje tamaulipeco: “bien y a la primera”, sin excusas y sin pensar en dejarlo para mañana.
El tiempo es oro, reza un viejo dicho, y cuánta razón existe en ello, porque lo que dejamos de hacer en este momento es algo que perdimos oportunidad de realizar, y si lo tenemos listo para después, el tiempo perdido se ha ido, y tan cursi o sencillo: nunca volverá.
Así que, hay que aprovechar los tiempos de servir a los demás, y entender que nadie tiene culpa de la falta de organización: los pretextos, para los mediocres que no saben hacer lo suyo.
Las acciones, para quien desea servir en serio, sin pensar en las calamidades que se presenten.
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