Para Lydia Madero García, secretaria de Salud en la entidad, el contar con instituciones hospitalarias y de atención de primer nivel, es decir, centros de salud y clínicas resulta fundamental en tiempos en que la gente busca los servicios de entes oficiales por cuestiones de crisis económica.
La calidad, suponemos, no debiera tener distingos, tomando en cuenta que en las clínicas privadas se lleva a cabo un sinnúmero de acciones de salud por parte del mismo personal que está en las instancias oficiales.
Por esa y otras razones, la secretaria Madero ha llevado a cabo recorridos por hospitales de la entidad, para, como lo ha hecho en otros aspectos, enterarse de viva voz de los usuarios con qué contamos, qué se hace y la forma en que se otorga el servicio.
Fundamental es que la gente se vaya contenta.
Se debe entender, también, que cuando uno acude a un hospital es, por lo general, porque tiene una dolencia de diversa índole, y vamos sensibles a caer en enojos, desesperación y malos modos. Un prestigiado endocrinólogo victorense decía que el nombre de “paciente” a los que acudimos a recibir atención estaba más que justificado, porque teníamos que esperar turno y a veces los modos de profesionales de la medicina poco afectos al buen trato.
En ese sentido, la maestra Madero García ha insistido en que debemos entregar la mejor calidad de atención, considerando que se paga porque cada elemento cubra cierto número de consultas, y con su conocimiento, tratar de aliviar los males de la gente.
Otro rubro importante es el referente al abasto de medicamentos, y es donde ha puesto muchísima atención para que no falten éstos en las unidades, y que haya una buena distribución de los mismos, de forma tal que no sea impedimento para recuperar la salud o controlar algunos males que no son curables, pero estarán ahí y se pueden atender de buena manera como la hipertensión o la diabetes, por citar algunos ejemplos.
Y para poder instrumentar acciones que mejoren los servicios ya existentes, o cambien los parámetros correspondientes, es necesario hacer una evaluación adecuada, motivo por el que la funcionaria recorre el estado y de voz de los que esperan se entera de qué hay que atender con mayor premura, con la idea de que el cambio anunciado se muestre en la calidad y calidez de la atención.
No hay varita mágica, y eso es importante entenderlo, para hacer que las cosas caminen al cien por ciento, porque depende de la autoridad, de los trabajadores y personal sanitario, de los pacientes y de sus familiares: es un poco complejo el ponernos todos de acuerdo en ese sentido, pero nadie dijo que fuera imposible.
Y es así como comenzamos a vislumbrar esos cambios tan importantes; no se puede dejar a un lado que la Secretaría de Salud cuenta con una serie de programas que tienen como objetivo el facilitar el conocimiento y capacitación de la población para que no tengamos esos problemas de salud que luego nos aquejan y nos hacen la vida difícil.
En ese sentido, los subsecretarios de cada área están tratando de hacer un diagnóstico acertado, para que, a partir del mismo se comiencen a instrumentar nuevas acciones, reforzar las ya existentes o eliminar las que de plano no funcionen.
El mejor “auditor” que tiene la secretaria Madero es, sin duda alguna, el ciudadano que acude en pos de atención en cualquiera de los tres niveles, y en ese sentido se ha dado la importancia que tiene el supervisar sin que nadie oculte o diga nada que no es real.
La función tiene que mejorar siempre, porque nunca llega a la perfección, pero se debe considerar el hecho de que si la secretaria instrumenta medidas adecuadas, si los pacientes atendemos las recomendaciones y los familiares las apoyamos, entonces tendremos el servicio que merecemos.
Pero, claro, hay que participar todos. Si no, no funciona la cosa.
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