¿Golpecito?

Los congestionamientos y multitudinarias compras que se dejan sentir en el centro de la ciudad obligan a tener mayores cuidados con los bienes personales, incluyendo los vehículos que, por lo mismo, están sujetos a mayor riesgo que tiene que ver con la falta de precaución y atolondramiento de algunos que no tienen idea de lo que es manejar bien.

Y cuando vemos en la prensa local las noticias de los choques, algo no encaja en nuestra capacidad de raciocinio: automóviles semi-destruidos que tienen un peritaje de 3 o 4 mil pesos en daños. Como que los peritos, o se quedaron en otros tiempos, o de plano, no tienen idea de lo que es el valor de las cosas.

Vaya usted a evitar todo tipo de problemas de este tipo, porque si no, va a tener que dejar su aguinaldo en el taller… y lo que sigue.

Los vehículos, hoy en día, tienen unas líneas aerodinámicas muy interesantes, hermosas, y una capacidad para elevar su velocidad impresionante: es muy normal correr a más de 150 kilómetros por hora, pero por otra parte, la industria automotriz, como otras más emanadas de un asfixiante capitalismo, hacen automóviles desechables. Explicamos:

No se le ocurra tocar a un carro con la defensa, que ahora le dan otro nombre: algo así como facia o fascia, que literalmente no quiere decir nada según la RAE, pero que es una defensa de plástico barato y corriente que se rompe con solo verla. Posee algunos soportes que al menor impacto rompen y hay que cambiar la pieza, al igual que las unidades de luz –los faros- que antaño tenían el foco, la unidad propiamente dicha y cada parte: hoy en día, venden todo junto –ya no hay por pieza- y su costo es de 3 a 6 mil pesos, en el mejor de los casos.

Las defensas de plástico corriente no bajan su costo de 5 o 6 mil pesos, y entonces hay que comprarla, con el faro y los soportes y más que pudieron haberse dañado según los ajustadores de los talleres.

La pintura ha mejorado, porque hoy se toman muestras y se iguala cualquier tonalidad. Es un plus contra todos los contras que se vislumbran ante un choque.

Luego, hay que ir al taller y dejar el vehículo de 5 a 10 días, que tendremos que padecer de aventón o en transporte colectivo, de ese que mata de miedo… o de un choque.

Y entonces, un carrito nuevo se ve muy bien, pero todo es plástico: los tableros, no se diga, y lo exterior, las defensas, molduras y cualquier cosa, no tienen forma sólida porque, insistimos, son puro plástico y se venden por unidad, lo que nos convierte en gastadores de dinero en un instante, y todo porque nos topamos con alguien que no tuvo precaución, que no tiene placas, que es de esas agrupaciones fantasma que ha solapado la autoridad para circular ilegalmente… o de plano, es uno de esos que se bajan y amenazan con levantarnos.

A eso estamos expuestos todo el tiempo, y entonces, tenemos que aguantar el coraje y pagar nuestro golpe, el que no tuvimos culpa, pero que debemos atender.

Y en esta situación, muchos de nosotros que, de la misma forma, hemos hecho un enorme sacrificio por tener un vehículo en buenas condiciones, no viejo, y que lo estamos pagando mes a mes, insistimos, con muchos sacrificios, para que llegue un idiota ilegalmente circulando y deje nuestro patrimonio hecho pedazos.

Esa es la ley de la selva en las calles, más, en tiempos en que todos vamos corriendo por cosas para la cena, los regalos y muchas compras que supusimos no podríamos hacer en otros tiempos, y que, en un abrir y cerrar de ojos, se adueñan de nuestro aguinaldo esos talleres que hacen un excelente trabajo de quitar y poner piezas completas.

Nada justo el asunto, pero si queremos conservar el automóvil con un adecuado valor comercial, tendremos que aguantar estas cosas…

O dejar que se haga viejo y carcacha, y venderlo como fierro viejo más adelante.

La triste realidad de las calles decembrinas en la entidad.