El cariño se gana…

Cuando alguien hace bien las cosas, por lo general, salvo contadas excepciones, el producto a recibir es positivo: en el caso de quienes se entregan a servir a alguien o algunos es muy emotivo, pues reciben un cúmulo de afectos que prevalecen por años.

Y en la política sucede lo mismo: no es con los elogios vanos y secos que emiten los aduladores profesionales y cínicos que lo hacen por recibir una compensación, un puesto o por conservar el trabajo. Por lo general, cuando un político o funcionario de nivel alto dice algo que considera jocoso, la gente ríe, aunque sea a fuerza.

Y además, recoge abrazos, porras, besos, vivas y un sinnúmero de expresiones cariñosas… y falsas, porque al término de su gestión, ni su perro se acuerda de él, salvo el grupillo que se enriqueció a costilla de ese “favor” que le fue conferido, tres o seis años después, dependiendo del caso.

Y en ese sentido, recordamos a tres personajes tamaulipecos: Norberto Treviño Zapata, Enrique Cárdenas González y Américo Villarreal Guerra, quienes sin guardias ni protección pudieron pasear por la entidad que gobernaron, dos de ellos, hasta sus últimos días y Don Enrique, a la fecha, que sigue recogiendo afecto y el cariño de una entidad agradecida.

Eso lo saben todos los políticos de todos los partidos: el afecto se gana, y se gana con acciones y actitudes positivas, reales y auténticas.

Viene lo anterior, porque hace ya varios días el alcalde de Victoria Oscar Almaraz Smer presentó su Plan Municipal de Desarrollo, en el entendido que al escribir “su”, nos referimos al Plan emanado de la consulta a los victorenses, y plasmado en un documento que regirá y dará la pauta a las acciones de gobierno municipal.

Este tipo de documentos contienen por lo general el sentir de la población en cuanto a sus demandas; podría haberse omitido algo, porque además, no hay forma de que quepa todo lo que la gente desea. Muchas cosas son ocurrencias que son pensadas o exigidas desde un punto de vista particular, y el Plan trata de dar respuesta colectiva.

Y Almaraz, pese a lo que muchos opinan, cuenta con el afecto de un porcentaje importante de la sociedad victorense, y eso le ubica en un punto que debe aprovechar para servir a su comunidad de la mejor manera posible: procurando un ejercicio eficiente y transparente de los dineros de todos nosotros, con acciones que nos beneficien a la mayoría, y que no se olvide de algo muy importante: el que gobierna llega porque algunos, la mayoría, así lo decidieron, y es a ellos a los que se debe.

Encerrarse en la esfera de cristal o la blindada vitrina que acostumbran muchos funcionarios no es práctico ya: la gente quiere el contacto con sus gobernantes, y quiere sentir que se puede dirigir a ellos en forma directa, sin problemas ni limitantes.

Hemos los victorenses de estar muy pendientes de lo que se haga en el municipio, porque queremos vivir mejor y eso lo entendemos, y para ello estamos pidiendo un buen gobierno, que nos responda adecuadamente, pero también, que se maneje con honorabilidad, esa que la clase política mexicana ha perdido irremediable y aceleradamente, gracias a grandes sinvergüenzas que ocupan las primeras planas de los diarios nacionales, y las principales pesquisas de la autoridad que les quiere echar mano para obligarlos a regresar lo que se llevaron.

Tiene Almaraz la oportunidad de su vida si es que ha decidido seguir haciendo carrera política, porque en la capital del estado puede destacar con un buen trabajo, y reafirmar el afecto que le tiene la gente.

Si por el contario, ha decidido que sea su última incursión en esta actividad tan vilipendiada, también tiene la oportunidad de concluir su gestión como servidor público con un buen balance, que, los victorenses deseamos de todo corazón, sea el mejor de los mejores, por el bien de todos.