El animal más animal

Dice el diccionario de la Real Academia Española del término “animal”: “Ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso; animal irracional; persona de comportamiento instintivo, ignorante y grosera; persona que destaca extraordinariamente por su saber, inteligencia o esfuerzo; bicho, sabandija”.
Esta descripción tiene poco o mucho, dependiendo de cómo se le vea, de la forma en que somos los seres humanos, considerados como la especie más desarrollada y más inteligente, claro, considerada por los propios seres humanos, en un alarde de soberbia y tozudez.
Y viene a colación lo anterior, porque a decir verdad, somos los seres humanos el animal más irracional, más absurdo y menos inteligente. Ejemplos:
El columnista nunca ha visto a dos leones o leopardos asesinarse por placer, violar a sus semejantes por el gusto de dañar y sentirse superiores, o abusar de los demás consciente de lo que está haciendo.
Vemos cada espécimen que habla de otros, difama, insulta, menosprecia, como en ninguna otra especia. No hay en el mundo entero una especie de animales aparentemente irracionales que se agredan a sí mismos o que sean los que gozan con la desgracia ajena.
El ser humano es especial: ama, vive, vibra, pero ataca, daña, mata, viola, denosta, critica, difama, y muchas cosas más que cualquier animal podría horrorizarse de lo que somos capaces de hacer entre los “pensantes” del orbe.
Tenemos la enorme capacidad de visualizar las características principales de cada persona y aprovechar toda esa información para dañar y destruir.
Somos la única especie que ha fabricado bombas y métodos para acabar con civilizaciones enteras, o para destruir los vestigios históricos y únicos en la historia de la humanidad, como ha sucedido con aquellos fanáticos del oriente que han destruido vestigios históricos, ciudades y museos por un fanatismo mal encaminado.
No hay un animal con la mentalidad de un Trump capaz de querer instrumentar medidas que van contra su natura, o uno como los muchos jefes de estado capaces de mentir a sus semejantes, engañarlos o hacerles el daño que pudiera hacer quien secuestra y tortura, quien priva de su libertad a alguien para mutilarl4e, violarle o matar a sus familiares por el placer de verle sufrir.
Solo los seres humanos somos tan estúpidos para hacer estas cosas.
Y en un alarde de puritanismo, escuchamos de nuestros jerarcas de distintas religiones condenar a quienes tienen preferencias sexuales distintas o pensamientos políticos ajenos a los de la mayoría. Hablamos de democracia y no sabemos respetar el pensamiento y doctrina de los demás.
Hemos experimentado a lo largo de los años mucha tecnología, pero somos la única especie que se embrutece con el alcohol o se envenena con el tabaco, capaces de matarnos con éstos a sabiendas que hacen un enorme daño. también, usamos drogas para destruir nuestro organismo, sabedores del daño que ocasionan.
Ninguna otra especie es tan poco congruente con su naturaleza: se cuidan y hacen lo posible por subsistir todos, menos nosotros, los inteligentes del Planeta, que nos destruimos como personas, como pareja o como familia, buscando perjudicar a los demás.
Es por ello que pensamos que si hay una especie de animales sin congruencia, sin inteligencia natural ni actos reflejos de conservación y convivencia, sin sentido solidario –humano, dicen unos- sin pensar en los demás, sin querer levantarnos de donde estamos sin dañarnos o dañar a los demás, sin hacer el mal en forma consciente, sin amar como debiéramos… esos somos nosotros, los inefables y únicos seres humanos, el homo sapiens, el único “animal” capaz de llevar a cabo las más morbosas formas de autodestrucción y humillación para con nuestros semejantes, sin el menor respeto hacia su forma de vida.
Por eso, en definitiva, consideramos que somos los animales más animales, entendiendo como tal a un irracional capaz de gozar dañando y dañándose a sí mismo.
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