Con una población mundial que es superior al varón, celebra ella el “Día Internacional de la Mujer” con bombo y platillo, en un festejo que tiene muchas opiniones, a favor y en contra.
La mujer nada tiene que celebrar en una comunidad machista que le veja, le humilla y le margina; una sociedad que le tiene siempre al margen y la premia con estar a un lado del triunfador o del que cree serlo, y ostenta el poder más grande en el planeta, aunque a fuerza de ser sinceros, hay que reconocer que para que este poder funcione, tiene que haber recibido el visto bueno de la mujer, en cualquiera de los casos.
De todos es sabido que quien tiene el poder es ella pese a las debilidades que la naturaleza ha depositado en términos generales en ellas, haciendo que se les conozca como el “sexo débil”, apelativo que no ofende realmente, sino que muestra que genéticamente, el homo sapiens –no tanto- del sexo masculino posee más fuerza física y mayor índice de masa muscular.
Y esa frase ha sido punto de partida para muchas de ellas, sabedoras de esta fortaleza masculina, que han pensado que se refiere a la debilidad de su mente o espíritu, de carácter o algo más, y han conformado movimientos feministas para validar su presencia en el mundo que vivimos y que nos corresponde, aunque por el daño que hacemos a diario pareciera que es el mundo del que somos enemigos.
Nada de lo anterior: la mujer es inteligencia, sentimiento y virtud: es dignidad y fuerza mental, es mucho de lo que nos jactamos nosotros de serlo pero que tenemos que tomar de ellas para presumirlo como propio.
Es la mujer el punto de apoyo de un buen hogar desde siempre, y la que sabe administrar todo y a todos,
Increíblemente, es ella la que puede estar desarrollando dos, tres o hasta cuatro cosas al mismo tiempo, incluyendo comunicarse, sin errar en ninguna, cuando por naturaleza, a la mayoría de los varones una sola cosa se nos da bien; cuando hacemos o pretendemos desarrollar dos, pareciéramos locos porque todo se nos revuelve.
Y este 8 de marzo celebramos el “Día Internacional de la Mujer”. Nada que celebrar.
Nada, porque nos falta reivindicarla en su justo papel, de complemento de una pareja que se complementa entre sí. El término no quiere decir que uno o ella sean superiores, sino que, ambas partes hacen un todo supremo y perfecto, equilibrado y sensible: quiere decir que sin ellas difícilmente somos algo, pero reconoce que sin ellos, ellas tampoco lo son.
Por algo se requiere un hombre y una mujer. No es nada gratis: las cosas van de la mano, como dijo Gibrán Jalil Gibrán en alguna ocasión.
Y esa es la importancia que se le debe de conceder: ni más ni menos.
+ni más cuando se es feminista, ni menos cuando se es machista: ser universalista y reconocer a la mujer en su justa dimensión, recordando que las hay de todo tipo de conductas y sentimientos.
No podemos decir que son malas o buenas o ellos malos y buenos: hay de todo en ambos contextos.
Y esa mujer que requiere reivindicación social tendría que pensar en reivindicarse en forma personal y mental, emocional y de todo tipo, porque nada tiene que hacer al compararse con un varón.
En el plano que usted quiera verle, hombre y mujer tienen diferencias que nunca podrán ser sustituidas por su parte de enfrente –nunca contraria, porque se es complemento-, y la que quiere ser padre y madre a la vez, algo tiene que demostrarse.
No confundir el tener que ser todo en una casa, que poder ser lo que la madre naturaleza no les ha dado. Ser mujer es algo, simplemente divino, excelso, único, y no se puede confundir ni comparar.
Feliz día de la mujer para la que sabe lo que se es y no necesita justificar su presencia en un mundo tan incrédulo e injusto como el nuestro.
Comentarios: [email protected]