Violencia genera violencia

Un dicho muy popular y que aplica a casi todos los ámbitos del ser humano: cuando uno es violento puede esperar, por añadidura, una respuesta de la msima naturaleza que puede desencadenar en actos que atentan contra la integridad física, moral, mental, social o de otra índole.
Valga el término, pero hasta violencia económica. Un ejemplo muy claro es cuando un absurdo individuo machista ejerce violencia contra su mujer en forma verbal, física o de otro tipo, y la mantiene amenazada, sometida, dependiente de que le pueda o no dar: de comer, de vestir, para divertirse o para sus gastos.
La hace depender de él en todos sentidos, y eso genera un rencor inusitado que, a veces se queda dentro de la frustración de ella, pero otras veces surge y explota. Los casos de la serie “Mujeres Asesinas” son tomados de la vida real.
En el trabajo, también se presentan los casos cuando alguien sin preparación moral, profesional y emocional llega a un cargo y lo primero que hace es querer someter para indicar que él manda. Recordamos cuando el presidente Peña Nieto enfatizó en uno de sus primeros discursos “El Presidente soy yo”, como queriendo justificarse ante una sociedad que hoy en día le sigue rechazando.
Y en el ámbito local, muchos han llegado y para hacer sentir su autoridad pretenden ejercer un terrorismo laboral, emocional y mental que, seguramente, y conociendo el pensar del individuo y más del norteño, acabará explotando en las manos de quienes creen ejercer el control en sus lugares laborales o personales.
Nada dura para siempre, y el cansancio comienza a aparecer. El mérito de cualquier dirigente no es evitarlo, porque, finalmente, no puede meterse en la mente de cada uno de sus subordinados: el mérito es conjurar los peligros que pudieran emanar de ello.
Desalentar las revueltas es la mejor manera, y esto se hace de dos formas: encarcelando o matando a la gente, o solucionando los conflictos generados por la falta de preparación.
La primera opción está descartada porque no somos salvajes –o al menos nos jactamos de no serlo- y la segunda, es necesario considerarla en todos los niveles: la venganza y la prepotencia siempre han sido mal vistas en todo rubro, ámbito, ambiente o grupo social, y es necesario no pensar en ello.
Quien llega a mandar no llega sabiéndolo todo y debe estar abierto a comentarios y sugerencias, más, de los que tienen muchos años ejerciendo su trabajo con eficiencia.
No somos absolutos en el conocimiento y eso lo debemos tener muy claro.
Es entonces cuando debemos pensar en erradicar la violencia que se ha gestado, porque ésta, seguramente desencadenará en actos violentos de diversa índole, desde un golpe o un disparo, hasta la más sutil y penetrante como son los rumores, las órdenes mal indicadas o ese espíritu de “perdona-vidas” que algunos tienen en su haber, demostrando su enorme pequeñez personal y humana hacia con los demás.
Y es cuando viene a colación la necesidad de tomar un curso básico de ser cabeza de sector o área, dirigente o buen político, y debiera comenzar por memorizar algunos conceptos que le servirán para todo el curso, y puede buscarlos, no en el diccionario de la Real Academia, sin en el de la sociedad, de la comunidad a la que se debe.
La sugerencia: busque conceptos como Humildad, sencillez, comprensión, sentido humano, capacidad, comunicación, talento, liderazgo, y otros más, dejando fuera los de todos conocidos: prepotencia, soberbia, presunción, estupidez, falta de tacto, falta de criterio y falta de capacidad humana.
Entonces, podríamos evitar la violencia, que, seguramente, generará más violencia.