Un reportaje de televisión nos hizo ver que cuando se quiere… se puede.
Dentro de una interesante serie, aparece nuestro querido Jaumave, en la zona del Altiplano Tamaulipeco, como una parte importante en ese largo y sinuoso camino que hace la mariposa monarca en su viaje desde Canadá hasta su Santuario, allá, en tierra purépecha.
Ya el excelente artista de la lente Vicente Ballinas había compartido algunas imágenes de lo que se puede observar en el Jaumave de los tamaulipecos, y que realmente es una joya de formas, color y movimiento, pero lo más importante, saber que el recurso natural tiene significación destacada en un estado como el nuestro.
Y la gente de esos rumbos ha sabido aprovechar y preservar, que es lo más importante.
Cansados estamos de ver paraísos naturales en nuestro país y que se los acabe el turismo o el ambicioso proceso de hacerse ricos de la noche a la mañana.
Valga aquel comentario que le hicieron al entonces gobernador Manuel Cavazos, cuando un reportero le preguntó de cómo iban los trámites y gestiones para catapultar a la Reserva de la Biósfera de “El Cielo”; Cavazos contestó: “¡ni le mueva!” refiriéndose a que cuando entra el hombre, es el mismo hombre un depredador impresionante.
En Jaumave los habitantes de esta zona tan maravillosa han organizado ya la manera de que los recursos que requiere la mariposa monarca estén siempre ahí y que no haya tala inmoderada ni explotación indebida.
Se cobra a los turistas, y es para mantener el sitio en sus condiciones normales, cosa que realmente se agradece, porque ver el paisaje de las mariposas es impresionante, pero mucho más productivo resulta el tener capacidad para organizarnos y permitir que se disfrute y se conserve, ya que los recursos de esta naturaleza no son renovables, por donde se le vea.
Viene también el recuerdo del Santuario de la paloma Ala Blanca en Parras De la Fuente, y cómo una desmedida tala de arbustos para ganar metros a las siembras han amenazado a esta especie que es punto de promoción cinegética en la entidad, y da de comer a muchísimas familias de Abasolo y aquellos rumbos.
Ya tenemos, con los ejidos participantes de Jaumave y el ejemplo de la Monarca un buen ejemplo, y ahora lo que sigue es apoyarnos, autoridades y comunidades, para detectar esos tesoros naturales, y tener las mecánicas necesarias que nos permitan asegurar a nuestros nietos que las verán más. No suceda lo mismo que con la vaquita marina, que se acaba irremediablemente sin que la autoridad haga algo al respecto.
Y como la Monarca, hay otras especies que ayudan a conservar ese equilibrio ecológico, y es donde, entendemos, hay que trabajar muy fuerte y encontrar las mejores acciones de conservación.
En ese sentido, hay expertos dentro de las universidades tamaulipecos y, específicamente, la Autónoma de Tamaulipas, que pueden aportar su valioso conocimiento que permita distribuir tareas, recursos y nos haga preservar lo que es nuestro y ha estado ahí, siempre y por muchos años.
La forma en que hemos abrumado a la naturaleza merece una tregua y una serie de acciones tendientes, todas ellas, a lograr recuperar u poco o mucho de lo que se ha perdido pro cuestiones de cambio climático, contaminación y esos temas tan “humanos” que nos matan poco a poco.
Enhorabuena parra quienes trabajan en esta labor tan importante, y esperamos que haya más inversiones mixtas, oficiales o privadas, en aras de mantener a nuestros recursos ecológicos y naturales, porque finalmente, son los que nos ayudarán a mantener el planeta en condiciones habitables.
En ese sentido, aplauso para quienes hacen su labor adecuadamente, y el grito de esperanza para los que aún no entienden que es tarea de todos los que vivimos en el Tamaulipas siglo veintiuno que nos toca vivir.