El niño de cada quien

En forma peyorativa se refiere muchas veces la sociedad a esta etapa tan especial en la existencia de cada quien: la niñez, donde la inocencia es parte fundamental y que tiene que ver con las formas en que abordamos las causas y las cosas.

Como niños nos dejamos engañar por un sinvergüenza que huyó con miles de millones y que ahora llora en una dura y oscura celda guatemalteca; así podríamos mencionar a muchos más, pero no se trata de ensalzar los malos sentimientos, sino de procurar extender el beneficio de pensar y actuar como niño, en aras de vivir con inocencia y decisión, alcanzando los sueños y cosas que queremos y nos hemos procurado con el tiempo.

Es menester dejar salir al niño de cada quien, para pedir con la ilusión navideña y el espíritu decisivo del menor que se pueda llegar a las metas procuradas, pensadas y que tienen a veces muchos escollos en el camino que se debe recorrer.

Como niños, debemos pensar y sentir, para que la amargura no se adueñe de nuestra alma y nuestro corazón: lo peor que podemos hacer es dejar de soñar y pensar que todo es malo en el mundo.

Si bien es cierto que hay demasiada maldad en la vida, y que mucha de ésta se encuentra cercana a nosotros, es tiempo de visualizar la etapa del niño en toda nuestra existencia, con la mentalidad de vivir esos sueños que quedaron probablemente truncos, pero que se pueden revertir con mucha miel, espíritu de arrepentimiento y actitud positiva.

Y el niño que llevamos dentro debe sobreponerse a las vivencias negativas que leemos todos los días y nos llenan de angustia; debe sobre salir ante los embates de la inseguridad y el deseo de perjudicar a otros

Y aprovechar que en nuestro México tan castigado se celebra el Día del Niño, para poder visualizar un futuro con menos problemas y más acciones, con más actitudes positivas y formación idónea, que nos lleve a recuperar esos valores que nos caracterizan, aparentemente, de otras especies, porque de todos es sabido que hemos dejado dudas sobre nosotros en el camino.

Ya hemos visto los muchos homenajes a la niñez que se llevan cabo, pero nos hemos olvidado quizás de los pequeños que sufren día a día, y que buscan pertenecer a un hogar.

Hace unos días comentábamos sobre la necesidad de que haya leyes que permitan una adopción más sencilla, sin tanto burocratismo, y somos de la idea también de que es tiempo de procurar tranquilidad a esos niños que han casi muerto sin poder ser niños, o los de zonas marginadas como la del Altiplano, que tienen que ingeniárselas en salir a cazar víboras para comer algo de lo que sea.

Niños que desarrollan habilidades para sobrevivir en un mundo tan difícil, y en áreas que tienen tanto peligro para ellos. Los que olvidaron lo que es un sube y baja o un columpio, los que nunca tuvieron un balero o un yo-yo para jugar, y no supieron lo que era jugar una cascarita con un balón de a de veras.

O esas niñas que no terminaron de jugar a la casita cuando experimentan el ser mamás en un mundo de verdad: con un crío que llora y sufre como ellas hace pocos años. Esas madres adolescentes que, producto de un abandono manifiesto por parte de sus padres experimentan una maternidad con pocos buenos augurios, dada la naturaleza del acontecimiento y la forma en que se presentó.

En el Día del Niño, se nos ocurre una acción para preservar tan especial etapa: conviértase en uno de esos millones de niños con carencias, y actué como tal, y verá que, entre todas las adversidades tendrá tiempo para reír y jugar, y entonces seguramente encontrará mejores soluciones a la problemática cotidiana de quienes iluminan cada hogar que pisan: los niños de Tamaulipas.

Feliz día del niño deseamos a todos los pequeños, y a sus padres, volver a vivir esta etapa, pero ahora sí, ¡de veras!