Atención a deportados

Los estados fronterizos saben de la importancia de tener programas de atención a migrantes, personas que vienen de otros estados y países y pretenden alcanzar la frontera con los Estados Unidos de América, y por alguna razón no lo logran, quedando algunos ubicados precisamente en nuestra tierra, donde se originan problemas muy serios de toda índole, toda vez que muchas personas optan por adquirir sus productos y cubrir sus necesidades por el camino de al delincuencia.
Los individuos procedentes de otros lares conforman cinturones de miseria en ambos lados: en los Estados Unidos, con zonas de barracas que uno pensaría que no existen por la idea equivocada que tenemos de aquel país, que si bien es cierto que tiene un buen nivel de vida, su miseria es también de un gran nivel, y los indocumentados que trabajan allá en subempleos viven mal, sin ganar bien, y en condiciones insalubres que no quisiera ninguna nación.
La Universidad de Arizona nos hizo el favor de invitarnos a una actividad de promoción a la salud en la que conocimos el verdadero rostro de los indocumentados que viven allá: los mojados marginados, tan castigados por sus patrones que son un punto menos que infelices negreros, y por otro lado, sus condiciones de salud, cuando no tienen servicio médico ni nada que les pueda ayudar. Es una historia terrible, lúgubre.
Y los nuestros, los que se quedan en el lado mexicano o que son deportados (así se dice técnicamente a los que echan de allá con una actitud poco o nada humana) hacia nuestra tierra, que se quedan y conforman esos cintrones de miserie, porque en algún lugar deben vivir, y llegan sin nada en el bolsillo, sin salud, sin formas de convivencia, y entonces complican la vida de los estados y ciudades fronterizas.
Recogemos lo que los americanos desechan y avientan para acá sin pedirnos permiso siquiera.
En esos sitios hay centroamericanos al por mayor que buscan subempleos también, y otros que llegan a la industria maquiladora que, si bien es cierto que ofrece empleo seguro, también es cierto que la paga no alcanza para cubrir las necesidades básicas.
En ese sentido, y sin meternos en ondas de inseguridad, el gobierno del estado de Tamaulipas quiere garantizar a este grupo, cada vez mayor de personas, de seres humanos, que tienen un sitio donde vivir, lo que implica también gasto en infraestructura y servicios, porque los que llegan son tan humanos como los que estamos ya radicados ahí.
Hay que tratarles como personas, que es lo mínimo que podemos hacer, según nosotros.
Son gastos fuertes, y el gobierno de Tamaulipas ha anunciado programas de refuerzo a la atención de migrantes en forma urgente ante las barbaridades del presidente del otrora país más poderoso del mundo (poderoso, no: metiche, sí) que ha dispuesto sacar a cuando inmigrante quiere.
Eso sería tema de otra colaboración, porque tiene una parte de razón, sin embargo, por lo pronto, los que tenemos que afrontar el problema somos los estados fronterizos. Y en ese sentido se hacen esfuerzos muy importantes.
Para garantizar el éxito de estos programas, podríamos pensar que si la iniciativa privada participa podríamos tener mejores resultados, ya que nos ofrecerían empleos para muchos de estos personajes, logrando que vivan digna y decorosamente; el gobierno local podría hacer su esfuerzo al igual que el del estado, y entonces, entre todos, participar en mejorar las condiciones de vida de ellos, que, conjuntamente nos ayudan a subir los indicadores de bienestar.
Es un programa difícil pero necesario, más en los estados que hacemos frontera con aquellos que son los más grandes consumidores de droga del mundo, los explotadores y los que nos venden espejitos a todos. Tenemos que tomar el toro por los cuernos y no escondernos, pues.