Cultura Vial

Cansados estamos de escuchar que Victoria es un “pueblo bicicletero”, porque la frase se acuña con desprecio, sugiriendo que somos un sitio no merecedor de nada, apenas con muy poca calidad citadina, urbana, de infraestructura en general, y de su gente.
No es la Victoria que conocimos, sin embargo, mucho de culpa tenemos los que vivimos hoy en la capital de Tamaulipas, y que hemos permitido que todo tipo de factores denigren a nuestra casa.
No podemos seguir minimizando los recursos de Victoria, y en ello tiene que ver la autoridad estatal, municipal, los grupos sociales y de autoayuda, los grupos cívicos y cada uno de los que nos preciamos de ser orgullosamente victorenses, y presumimos a los cuatro vientos nuestra “casa chica”, que no porque se le otorgue ese calificativo deja de ser más importante que cualquiera.
Y muchos de nosotros nos quejamos del tráfico de Victoria, porque la verdad, está punto menos que infame: una persona que dirige un grupo de “gestores” que se dedican a pedir dinero a cambio de impunidad para circular libremente con automóviles de contrabando pone el dedo en la llaga al exigir que no haya más organizaciones piratas que extorsionan a los automovilistas.
Olvida que la suya es una agrupación que nace ilegal y sigue ilegal, propiciando que la gente pague su cuota –moche- y traiga placas apócrifas y tenga impunidad para prácticamente todo.
No podemos permitir que haya más ilegalidad: tenemos que hacer algo cada uno de los habitantes de la otrora Ciudad Limpia, Ciudad Amable, y volver a sentirnos orgullosos de nuestra tierra, aunque nos cueste trabajo.
Y es que nadie quiere hacer nada, no quiere iniciar una cruzada a favor de Victoria la capital, y hemos dejado que nos hagan como han querido.
Como que ya es tiempo de ubicar a la capital en su sitio.
¿Y cómo se hace esta titánica labor?
Bueno, pues hay que iniciar construyendo una ciudad dentro de la legalidad, y que tengamos motivos más que suficientes para sentirnos orgullosos de nuestra pequeña ciudad, y recuperemos el valor sentimental y cívico que tuvo hace años y que puede volver a tener.
Es tiempo de hacer un esfuerzo en todos sentidos, y en el manejo, tenemos que aprender a respetar los reglamentos y dejar la comodidad de la ilegalidad, porque eso es lo que nos ha perjudicado a casi todos.
Ir a la escuela en horas pico es mortal, porque nadie quiere respetar, nadie quiere bajarse del automóvil para recoger a sus hijos, pensando que la vida les debe cambio, y no: cada estudiante es muy importante para los suyos, pero no es más que los otros, así que, a ponerse la pila y dejar de ser prepotente y dejar de estacionarse en doble, triple o cuádruple fila, procurando que nuestros agentes de tránsito dignifiquen su existencia y colaboren a poner el orden que necesitamos.
Tiempo es que conozcamos el reglamento de tránsito y respetemos los ordenamientos que fueron estructurados para bien de todos, y que si los observamos, seguramente tendremos una mejor calidad de vida social, que es lo que Victorai reclama de cada uno de nosotros, sus hijos, sus habitantes.
Vamos a exigir a la autoridad nos ayude y compartamos parte de lo que nos toca: aprendamos qué dice el reglamento de tránsito, y apliquémoslo en nuestro andar cotidiano, que mucha falta nos hace a todos.
Evitemos la prepotencia y el influyentísimo, dejando de ocupar lugares para discapacitados cuando no los requerimos, y dejemos de pintar de azul la fachada de la casa para que nadie se pare ahí. Es ilegal, pero más que eso, es totalmente inmoral.
Hagamos de Victoria la casa que merecemos todos, hagamos de la capital de Tamaulipas ese rincón maravilloso del que nos enamoramos muchos hace ya décadas, y que nuestra existencia ha girado en torno a uno de los lugares más especiales del mundo: nuestra querida Victoria.