Salen de Honduras y luego de mes y medio de travesía, no saben qué hacer

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Betzabel Salgado de 19 años, y Zilma Ávila de la misma edad, son dos jóvenes que el uno de abril decidieron dejar Honduras para iniciar la incierta aventura de llegar a Estados Unidos e iniciar una nueva vida, lejos de la pobreza extrema y de la violencia que asola a su país.

Ambas son morenas y de la misma estatura, y aunque son delgadas, Betzabel ya no puede ocultar su vientre debido a que tiene cuatro meses de embarazo, por lo que su deseo es ingresar a Estados Unidos lo antes posible.

“Busco una oportunidad de trabajo, pero no hay en mi país a pesar de que estudié el primer año de carrera, y lo que me motiva es mi hijo”, explica la tímida joven cuya débil voz denota el temor que siente ante la posibilidad de no conseguir el tan ansiado ‘sueño americano’ que la tragedia y la mala fortuna han frustrado a cientos de sus compatriotas.

Fueron casi dos meses de camino desde Honduras hasta Nuevo Laredo, y en su trayecto se detuvo en varias ocasiones para descansar y buscar alimento, pero para su fortuna, nada trágico le ocurrió.

Sin embargo, la falta de trabajo es el principal motivo que obliga en ese país a que su gente salga, ya que al no existir buenos empleos, la agricultura es el único medio en el que se emplean, y así lo hacía ella.

La suerte de Zilma no es menor. La falta de trabajo y de oportunidades la obligó a salir de Honduras porque el salario que ganaba como doméstica en una casa no le alcanzaba, y aunque agentes del Instituto Nacional de Migración las detuvieron en dos ocasiones en Chiapas, las dejaron ir a cambio del dinero que portaban, de lo contrario serían detenidas y deportadas.

“Nos pidieron dinero los de la migra, por lo que nos dejaron ir, pero en un retén que había después en Juchitán, nos tiramos del tren antes para que no nos detuvieran y caminamos por las vías hasta que agarramos un camión que iba rumbo a Ixtepec”, menciona.

Pero ni iban solas, eran parte de un grupo que se autoprotegía y que las protegía a ellas, y juntos llegaron a la casa del Migrante en Ixtepec, en donde estuvieron cuatro días hasta que reanudaron su camino hasta llegar a Tierra Blanca, en Veracruz, y de allí continuaron hasta la estación de Lechería, en el Estado de México.
Las dos jóvenes nunca se han separado desde que salieron de Honduras, aunque una vez que crucen el río Bravo, cada una seguirá un camino distinto. Betzabel se irá a Nueva York, mientras que Zilma buscará su destino en Virgina, y aunque saben de los peligros y de las nuevas leyes anti inmigrantes, están decididas a cruzar y llegar a sus destinos.

“Aún lo estamos pensando desde hace casi tres semanas, tiempo en el que se encuentran en la Casa del Migrante AMAR, en donde les brindan atención, techo y alimento”, señalan.

Estas dos jóvenes están decididas a encontrar su futuro, y sin importar los riesgos ni los peligros, buscan la manera de lograrlo; dejaron a sus familias “porque la situación económica nos obliga a hacerlo, y aunque extrañamos a nuestras familias, salimos de Honduras con un propósito que vamos a lograr”, sostiene Zilma, pase lo que pase.

Un estudio elaborado por la Unicef indica que los niños y adolescentes que viajan solos en su intento por cruzar la frontera con destino a Estados Unidos, son vulnerables a la explotación y trata por parte de delincuentes, por lo que este organismo demanda a las autoridades un trato justo, resp4eto a sus derechos y la garantía de reunirlos con sus familiares.

El mismo organismo indica que los niños, niñas y adolescentes viajan solos a la frontera con la finalidad de reunirse con familiares en Estados Unidos, por buscar trabajo, y para escapar de la violencia familiar y la explotación sexual en sus países de origen.

Durante los últimos cuatro meses del año 2015, de acuerdo al Instituto de Políticas Migratorios e Estados Unidos, superó a los 69 mil niños y niñas que viajaron solos desde varios países centroamericanos, y que esta tendencia fue similar en el 2016, toda vez que solo durante diciembre del 2015 cerca de 9 mil niños y niñas que viajaron solos, llegaron a la frontera norte de México.