Un Alex engañoso

Tal vez él no lo recuerde, pero algunos electores de Tamaulipas aíºn no se sacuden de la mente esa apatí­a que mostró cuando desde un puesto de elección popular y otro píºblico tení­a en la mano el poder para aliviar algunos males que todaví­a golpean la cabecita de varios habitantes de Ciudad Victoria.
Ellos, no olvidan que vieron en él a una tablita de salvación en medio del mar y ahora, después de varios años, observan con desdén la docena de fotografí­as y las promesas vanas que distribuyen los medios de comunicación de todo Tamaulipas y, cómo no, si ahora su intención es llegar a una senadurí­a.
En una de sus declaraciones en el marco de su campaña proselitista les pide a los tamaulipecos que no se dejen engañar por los otros, lo que produce risa y hasta carcajadas a todos aquellos que le pidieron un favor y a quienes sin recato les dio la espalda.
Uno de ellos que lo veí­a como un amigo, le entrego por escrito una petición en la que le solicito en el 2014 que interviniera a favor de su madre, una mujer de 76 años, para que el INFONAVIT la incluyera en el tan famoso œPrograma de Recompensas que fue tan publicitado y para que poco a poco fuera liquidando su adeudo relacionado con una casa de interés social.
A esa señora de la tercera edad se le acreditó una vivienda hace 25 años que aparentemente tení­a un costo de 20 mil pesos y a la fecha tiene un adeudo con el INFONAVIT que se elevo a los 229 mil pesos, por lo que a esa mujer enferma, cansada y desesperada le ha resultado imposible liberar las escrituras.
A él, como Diputado Federal por Tamaulipas que fue, nada le hubiera costado revisar el caso, pero esa mujer, después de tantos años, aíºn sigue esperando la respuesta sentada en el portal de la vivienda.
Y el otro caso, por detallar solo dos porque son suficientes, tiene que ver con una petición que se le hizo a sus colaboradores en la Ciudad de México cuando figuró como Coordinador de Giras de la Presidencia de la Repíºblica, que tiene que ver con una mujer que fue operada de una pierna en Ciudad Victoria y que tuvo que viajar al D.F. en autobíºs, donde su hermana permanecí­a internada en una clí­nica del ISSSTE ví­ctima de una enfermedad de suma gravedad.
Así­ en concreto, la petición consistí­a en tramitarle dos boletos sencillos de avión México- Ciudad Victoria, para que esa mujer operada de la pierna y en silla de ruedas pudiera llegar sin problemas a la capital de Tamaulipas con su hermana, pero nada sucedió.
Es, tan evidente, que los taxistas de la capital mexicana discriminan a quien tiene la necesidad de moverse en una silla de ruedas, lo que hizo que la situación de esa mujer se complicara. Ella regreso en autobíºs a Ciudad Victoria junto con su hermana, quien “ la segunda que se menciona- falleció en un hospital local, tras una penosa enfermedad.
Eso no se le olvida a los afectados, pero se antoja que a él hoy no le importa, porque en sus discursos proselitistas en los que hace gala de palabritas y palabrotas como aquellas de que tomara al toro por los cuernos sin locuras y sin ocurrencias, abundan y hace más abultado al boletí­n, que rico he interesante.
Y, a sus contrincantes polí­ticos, como los del PAN, los masacra cuando cuestiona sus propuestas de campaña y casi los tacha de mentirosos porque en el pasado prometieron disminuir los impuestos en la frontera tamaulipeca y la desaparición de la tenencia y, eso, ha quedado en el olvido.
Si en algo se parecen yo no cargo con la culpa, mejor él que separe lo bueno de lo malo que trae en el morral.
Así­ es, Alejandro Guevara Cobos, candidato a senador por Tamaulipas, algunos te recuerdan, pero mal y te han bautizado como œengañoso, porque eres afecto a las mentirillas que vas coleccionando en tu camino como polí­tico.
Ojala que esto lo asimile su contrincante del PAN, Ismael Garcí­a Cabeza de Vaca, quien con menos experiencia polí­tica muchos están seguros que tiene la buena voluntad de ver por los tamaulipecos que hoy viven en medio de la confusión, del temor y del martirio, por lo que les urge que alguien les extienda la mano.
Mentirillas, ya no, porque duelen y provocan coraje.
Y, eso, es obvio, que mata el voto.

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