Mucho por aprender

Llamada la œindustria sin chimeneas por su alta rentabilidad y porque no contamina, el turismo se perfila como una muy buena opción para crecer y obtener recursos, dinero, para manejar una infraestructura superior, y de paso, dar a conocer las maravillas de cualquier lugar del mundo; en el caso que nos ocupa, obviamente nos interesa que se conozcan esos rincones tamaulipecos que tenemos y que superan cualquier expectativa, ya que hay para todos los gustos, presupuestos y visiones.

En ese sentido, hemos visto a través de los años los planes de expansión en La Pesca, Tampico, Barra del Tordo y Matamoros con su playa Bagdad; siempre hemos pensado que tenemos mucha playa como para ubicar estos sitios íºnicamente, y que serí­a muy interesante poder contar con más desarrollos turí­sticos, aunque la limitante es la conservación de uno de los lugares más maravillosos del mundo: la Laguna Madre y su variedad de especies y más que os ofrece y que, por sobre todo, hay que conservar.

Ya aquel gobernador mesiánico quiso en su momento destruir el hábitat con su Canal Intracostero, cosa que, afortunadamente, no sucedió y aíºn tenemos ese sitio tan especial.

Pero el turismo sigue haciendo œruido, aunque para ello se requiere cubrir ciertos aspectos fundamentales como son urbanismo y ví­as de acceso, inversión en servicios píºblicos, comercio mayor, diversificación de actividades y apoyo a empresas que fomentan con artesaní­as, recuerdos, gastronomí­a, hospedaje y más esta noble actividad.

Y mucho gira en torno a la seguridad y lo sabemos: es el detonante pro el que muchos se han ido, pero será también el detonante para que regresen y crezcamos en ese sentido, porque vienen cosas buenas para la entidad en ese sentido.

Muchas veces hemos mencionado los lugares de interés cultural y turí­stico, recreativos y para desarrollo de actividades turí­stico-deportivas: tenemos de todo, y aunque en cuestión histórica la entidad cuenta con pocos sitios, hay que cuidar y fomentar su explotación sin perder de vista la conservación. nadie tiene la culpa que alguna cultura ancestral no se haya asentado en uno de nuestros municipios y dejado un legado arquitectónico como Uxmal, Chichen Itzá o Teotihuacán. Tenemos que aprender a cuidar, fomentar y preservar lo poco que tenemos, e ingeniárnoslas para contar con corredores históricos y turí­sticos.

Victoria, la capital, tiene muy pocas edificaciones dignas de conservación como monumentos: muchas casas fueron destruidas por irresponsables dueños que abusaron del poder, pero el daño está hecho, así­ que lo que sigue es hacer un recuento y verificar qué se le puede ofrecer al que viene a visitarnos, desde un paseo por el Boulevard y el rí­o San Marcos, hasta La Peñita o la Sierra Madre, y quizá otros puntos como Los Troncones y dentro de la ciudad, organizar un recorrido que incluya nuestras bellezas como la Casa Filizola, la Casa del Arte y los dos o tres sitios con que aun contamos.

Y para que haya buen turismo, se requiere inversión y voluntad. Algunos recursos son mezquinos e inmorales, como los que emplean las aerolí­neas que, hoy en dí­a, por elegir un asiento para viajar cobran una cuota extraordinaria, amén de lo caro que es su servicio, aunque eso solamente ocurre en lí­neas mexicanas, que pareciera que no llenan, y dan la razón a lí­neas extranjeras que entran a México porque son realmente competencia: dan servicio al cliente, lo principal, y que han olvidado lí­neas nacionales.

Es la parte que tiene que cuidar el que se dedica al turismo: cuidar de no apabullar a la gallina de los huevos de oro y ahorcarla, porque si se acaba este œchorro de dinero, entonces sí­ tendrí­amos problemas muy serios de liquidez.

El turismo tiene impacto en toda la población, hay que cuidarlo mucho y fomentarlo, y para ello, trabajar en conjunto autoridades, inversores y promotores, sin duda alguna.