Trump contra el TLCAN

Donald Trump, cuya afición en el poder consiste en dinamitarlo todo, convertido en ese artificiero perverso, quiere cargarse la ardua renegociación del NAFTA-TLCAN.
El equipo del secretario de Economí­a, Ildefonso Guajardo junto con el subsecretario Juan Carlos Baker, han instalado prácticamente una casa permanente de campaña en Washington buscando con sus contrapartes canadienses y sobre todo estadounidenses, lograr los máximos puntos de acuerdo a fin de sacar avante el nuevo texto.
Por lo menos dejarlo apalabrado, por lo menos dejarlo listo de forma tripartita antes de las elecciones presidenciales en México, del próximo 2 de julio; no obstante, a pesar de que éste sea signado por los respectivos mandatarios de los tres paí­ses, deberá pasar por el cedazo del Congreso tanto en Estados Unidos como en Canadá y obviamente en el paí­s azteca.
¿Es salvable todaví­a a 48 dí­as de las elecciones? Yo escribí­ hace unos dí­as de un TLCAN in extremis y aíºn lo sigo creyendo sobre todo porque el presidente Enrique Peña Nieto quiere “o al menos- pretende dejarlo blindado de un posible triunfo (bastante probable) de Andrés Manuel López Obrador; y también por una especie de orgullo personal, por lo menos, Peña Nieto quiere poner el broche, el cierre, de su sexenio anotándose este tanto a su favor.
Me preguntan qué está deteniendo, al NAFTA-TLCAN. La respuesta de muy buena fuente es la siguiente: lo está paralizando una cuestión meramente técnica y otra meramente polí­tica.
La primera tiene que ver con el sector automotriz y es que la Unión Americana bajo la égida del presidente Trump (muy posiblemente por compromisos electorales asumidos y también de cara al futuro) pretende salir lo más favorecido posible en el nuevo Tratado.
La segunda es meramente polí­tica y descansa en la terquedad del magnate inmobiliario obcecado en atar el NAFTA-TLCAN a una revisión quinquenal para tener, no a Canadá sino a México, que sigue siendo el eslabón más débil de esta cadena atado a sus intereses supremacistas y supeditado a su nueva estrategia de (anti) polí­tica internacional.
Es decir, una forma directa para exigir el alineamiento completo y absoluto por parte de México al Consenso de Washington y sobre todo a las órdenes de Trump que además sí­ quiere la reelección.
Miente aquél que diga que Trump es un niño temeroso con un juguete nuevo que no sabe cómo usarlo, el niño que intenta subirse por vez primera a una bicicleta y ya de entrada ni lo intenta por el simple temor, asustadizo, de la inminente caí­da.
Trump quiere el poder por ocho años y si no empezamos a rascar como periodistas, analistas y asesores qué hay más allá del poder inmediato y visible, qué fuerzas lubrican los verdaderos cambios y transformaciones de nuestros tiempos cometeremos el grave error de creer que Trump, el Brexit y la ultraderecha sionista en Israel son meros resultados de una generación espontánea propia del investigador que deja al arbitrio de las circunstancias su experimento en una placa de Petri¦ y a ver qué sale.
Esto no es un experimento geopolí­tico. Nos equivocaremos históricamente si como analistas así­ lo damos por hecho, hay profundos, soterrados intereses que lubrican estas transformaciones en el mapa geopolí­tico.
Unos que siempre han sido dinámicos en la historia de la Humanidad y también de nuestros tiempos; de lo que estamos hablando es de preservar la hegemoní­a de cara a un difí­cil e incierto futuro.
A COLACIí“N
Evolutivamente estamos dando un paso gigante hacia otro nivel, vamos de cara a la convivencia con la inteligencia artificial, los cambios serán evidentes, inminentes y de impacto vital.
Dicha transformación traspasará todas nuestras esferas y de forma paralela corre al mismo tiempo la lucha por los recursos naturales y energéticos la disputa por ambos ha sido mucho más evidente a raí­z de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La geopolí­tica desde entonces es dinamita pura, si es que alguna vez distendió un poco quizá efí­meramente después del final de la Guerra Frí­a, pero hoy por hoy lo que hay son intereses supremacistas un níºcleo cerrado con vasos comunicantes de intereses poderosí­simos para conservar la manzana del poder a cualquier precio: a costa de las tensiones demográficas, de la escasez de recursos, del negativo impacto del cambio climático, del esperado incremento de la pobreza.
Y Trump responde a dichos intereses por eso llegó a la Casa Blanca no por generación espontánea sino porque forma parte de un minoritario y selecto grupo de poderes económicos dispuestos a perpetuarse por encima de todas las cosas: por encima de la democracia, de los intereses píºblicos, del bienestar comíºn. En obvias circunstancias para que salga el NAFTA-TLCAN, México deberá ceder muchí­simo¦
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales