El tributo a la vida de Arturo Solí­s

Reynosa, Tamaulipas.-Apenas me disponí­a a sentarme en la silla en mi oficina, me alistaba a empezar a escribir y entró la llamada de la licenciada Amelia Acosta, compañera, esposa y amiga de nuestro Arturo Solí­s (qepd), apenas y después de saludarnos me lanzó la premisa de la llamada: œMañana es el aniversario de Arturo, y casi de inmediato respondí­ œSí­ lo recordaba, han pasado 11 onces desde aquella mañana de mayo en que el fundador de este portal noticioso, nos dejó fí­sicamente con el dolor de su ausencia terrenal y dejado un perene recuerdo de tristeza y alegrí­a por haber compartido tanto en tan poco tiempo que la vida nos lo permitió.

¿Cómo se puede iniciar hablar de alguien cuya vida fue prodiga en esfuerzo, reto y amor por su familia y amigos, y que no está aquí­ para saberlo y leerlo?. Menudo reto me impuso la œjefa Amelia, pero al trasladar mis recuerdos y memoria a los dí­as de Arturo en su entorno que gravitaba entre su oficina del Cefprodach, el portal œEnlineadirecta y la Radio, sobran muchas palabras que desearí­a expresar y compartir.

Difí­cil encomienda se me asigna, hablar de la trayectoria de Arturo Solí­s con quien comencé a
trabajar y colaborar a finales del año 2000. Llegué a ser parte de su equipo de trabajo a
instancias de Carlos Peña Rojas y Blanca Zumaya, gracias a ellos pasé a formar parte del selecto equipo de Arturo, recurro al término, pues para colaborar con Arturo era menester mucho más que paciencia y ganas de aceptar los desafí­os, después de eso, todo podrí­a ser posible con Arturo.

Arturo fue uno de esos hombres apasionados de todo lo que hací­a, su trabajo periodí­stico e investigador, así­ como activista ciudadano, fueron motivo de muchas y grandes satisfacciones no solamente para él, sino para nosotros que compartí­amos sus éxitos y logros que el gustosamente compartí­a, no era celoso de su obra, la compartí­a y enseñaba, siempre dispuesto a demostrar
su capacidad de amistad.

Quizás al iniciar el juicio de la historia de una vida que fue, sobra decir que en su grandeza humana, Arturo Solí­s Gómez fue generoso manjar de amigos y apoyo invaluable en aquellos que como él se identificó en su lucha por hacer de Reynosa y de México un mejor lugar para vivir.

Bien ganada su fama de estricto y exigente en el trabajo, Solí­s Gómez, supo de esa forma especialforjar el carácter de aquellos que un dí­a llegamos tocando a su puerta, pidiendo el beneficio de la duda y adoptar ese perfil del periodismo que sin duda alguna tiene su mejor exponente en su legado:
œEnlineadirecta.Info y todo un amplio sistema informativo que como era natural, se consolidó con un equipo que supo moldear y definir conforme a esa idea que durante tiempo maduró y ser su tributo personal a lo mucho que acumuló en sus experiencias y conocimiento que sin celo ni reservas otorgó.

Cierto es, fue estricto y exigente, pero también con un carisma humano y sensibilidad como pocos, se preocupaba tanto, hasta por un malentendido con algíºn compañero de su cercano equipo de trabajo, era para él motivo de angustia y pesar, solamente cuando todo era aclarado y resarcido el desencuentro, entonces recobraba su ánimo y luminosidad de mirada que sus lentes imposible podí­an ocultar.

Su oficina en CEFPRODHAC y el Noticiero de Radio, del cual fue titular por muchos años, fueron de manera alterna sus pasiones personales de trabajo, así­ como el Servicio Informativo en Internet y el Periódico, que ocuparon su agenda de proyectos e ideas que a cada uno de sus compañeros participo y alentó a sentir esa misma expectativa que tuvo al concretarlos.

Sus llegadas intempestivas a Radio minutos antes de iniciar la edición, verificando y corrigiendo cada detalle, perfeccionista escrupuloso, hábitos que se convirtieron en tan solo parte de la rutina de Carlitos, Anabel y un servidor, pero después con sus ausencias, esporádicas inicialmente y posteriormente frecuentes, esa alegrí­a de esperar verlo llegar e iniciar la sesión detrás del micrófono con su repetitiva frase œBuenas Tardes, Buenas Tardes, nos dolió y nos sigue causando tristeza a quienes a partir de hoy seguimos lidiando con la realidad de resignarnos a su ausencia fí­sica.

Generoso amigo, jefe y compañero, que cuando éramos citados en su oficina, sabí­amos que en el encuentro irremediable vendrí­a un regaño a causa del trabajo, pero después de hacer notar sus observaciones, olvidaba todo como el padre generoso que reprende y luego perdona.

Jamás en estos años de ser un colaborador de Arturo supe lo que fue la censura o la expresión informativa acotada, siempre y sé que aun con problemas y reclamos que en lo personal tuvo que enfrentar, pero fue ante todo un respetuoso del trabajo de sus compañeros, jamás censuró el trabajo de nadie y tampoco la permití­a bajo ninguna concesión, fue integró en su labor como periodista y solidario ante los ataques a los periodistas.

Jamás vaciló en pararse frente a oficinas de gobierno para reclamar respeto a la integridad de reporteros, nunca hubo silencio de su parte al denunciar agresiones y acoso al ejercicio que el respetaba y le apasionaba, pero que también nunca fue motivo de exacerbar el oficio ni aceptaba coloquiales calificativos de œperiodista o œinformador, o œlí­der de opinión detestaba tales conceptos y sutilmente pedí­an a sus compañeros y amigos abreviar y llamarlo por su nombre solamente œArturo.

Los meses siguientes al diagnóstico de su Cáncer, fueron para todos nosotros la oportunidad junto con él de explorar las fibras más sensibles de Arturo, que nos demostró que esa fama de œbroncudo y œsevero eran tan solo una fallida fachada de su real imagen, infructuosamente intentaba esconder al ser humano sensible al extremo que era, incapaz de contestar el teléfono el dí­a de su cumpleaños, uno o dos dí­as antes se œescapaba se nos perdí­a y así­ evitaba ser blanco de felicitaciones y saludos, se refugiaba en su familia y en su esposa, Licenciada Amelia Acosta Morales, compañera de sus amenas noches y fiel interlocutora de las charlas en veladas disfrutando de un buen vino de mesa, vinos que Arturo disfrutaba como uno de sus placeres.

Arturo Solí­s Gómez, decidió a su manera enfrentar su partida con valentí­a, orgullo, y en ella, nuevamente nos regala un ejemplo de su amor por la vida, difí­cilmente forjada en su niñez al perder tempranamente a su madre.

Nuestros lectores amigos, podrán dar fe de ello, en sus íºltimas columnas œBajo el Reflector, en donde Arturo con œSu perdón, œMis Amigos y œSi esos Sillones Hablaran, representan testimonios del inicio del éxodo fí­sico hacia otras dimensiones celestiales, en donde él sabí­a que por el momento no podrí­amos acompañarlo.

Sus palabras en cada una de esas colaboraciones, reflejan y son la reafirmación de su nobleza humana y sencillez que lo caracterizó, fueron también el grito angustioso de quien esperaba el fatal desenlace,
rebeldí­a y llanto rabioso ante lo inexorable, pero también la entrega total de su vida y amistad a todos sus amigos, a quienes lo acompañaron y fueron parte crucial de ella, la cual entregó esa soleada mañana de Mayo, fueron su rendimiento de cuentas píºblico y el balance de su vida ante todos nosotros.

Si tus columnas hablaran Arturo, seguramente dirí­an que fueron tan solo el instrumento con el cual tíº buscaste hacer de ésta inhóspita región un mejor lugar para vivir, si tus columnas pudieran hablar,
ciertamente ante el dolor que sentimos con tu ausencia, se quedarí­an calladas, pero nosotros que si podemos hablar, solamente podemos acertar a decir ¡GRACIAS TOTALES!, por permitirnos disfrutar y compartirnos tus proyectos profesionales a los cuales tíº invertiste tu tiempo, tu esfuerzo, dedicación y empeño como nadie jamás, por eso al partir, te llevas nuestra eterna.

gratitud y la satisfacción de haber sido parte de tus sueños que hoy se elevan a la eternidad.
Su página de Internet œEnlineadirecta.Info, aprendimos a sentir su mismo amor y pasión, aprendimos a defenderla no solamente por la fuente de empleo, más bien la escuela hecha en el camino andando que aunque breve, Arturo se dio el lujo de graduarnos y hacer de cada uno, lo que somos, reporteros comprometidos con su herencia, pero ante todo con los lectores a los cuales él tuvo deferencia y respeto siempre.

Por ello al asumir el reto de la continuidad de su obra, lo hacemos en plena consciencia de que no estaremos solos, nos avala la espontanea solidaridad de compañeros y amigos que nos han extendido los brazos afectuosos y también de los lectores que fieles han seguido atentos al trabajo y nuestro compromiso irrenunciable con ellos., Arturo se jactaba orgullo de que tení­a a los mejores; œSon tan buenos cada uno que es un lí­o priorizar y valorizar su información, es lo malo de tener puras estrellas, decí­a presumido.

Las estrellas han perdido algo de luz, pero al recordarlo, la recobramos y nuevamente la energí­a
tranquilizadora de sentirlo cerca, nos permite acercarnos a él.

Este esfuerzo informativo que ha perdurado por años es la esencia de Arturo Solí­s, su esfuerzo y su lucha por dejar como legado esta llama encendida que aun en su ausencia nos guí­a, motiva y anima a seguir adelante, saludando con optimismo los míºltiples retos venideros y que los anteriores los hemos superado con su nobleza y unidad que nos dejó como herencia.

P..D¦..Que razón tení­a nuestro compañero y amigo Antonio Arratia, cuando en aquella colaboración suya œEl reloj negro de Arturo nos pedí­a llorarlo y recordarlo en la privacidad de la soledad y apreciar.

la inmensa dicha de haber sido parte del íºnico equipo de trabajo con que Arturo Solí­s inició la aventura de un proyecto que es realidad y que en nosotros descansa el reto de prevalecer.

Cierto, Arratia, tení­as mucha razón, como tíº volví­ a buscar el reloj que Arturo nos regaló a todos hace un año y casi me sucedió como a ti, intuitivamente sabí­a dónde estaba lo mire y ¡seguí­a trabajando y
funcionando la pila!, ahora procuro tenerlo cerca y recordar unas palabras que Arturo nos dijo cuándo los entregó; œEs sencillo y modesto, pero se los entregó a ustedes que son mis amigos.

Vaya pues este sencillo, pero de corazón tributo a la vida del extraordinario amigo y compañero y en éstas lí­neas mi aprecio, agradecimiento para Amelia Acosta Morales su esposa y viuda y sus hijos: Tania, Ví­ctor Eduardo, Luis Arturo y Daniel Gerardo.