¿Cuidado carretero?

Hace apenas unas jornadas hablábamos de la importancia de los operativos carreteros, por lo que hemos vivido algunos de los que residimos en Tamaulipas y tenemos no miedo, sino pánico a tomar las ríºas a la frontera, la playa u otros sitios.

Hemos dicho que es importante el operativo que hay en las carreteras donde vemos elementos de todos los niveles y corporaciones; en algunos casos, ciertos integrantes se œpelean el protagonismo necesario y hacen ver que œsu instancia es la más importante, competente o simplemente. La mejor.

Los que salimos por necesidad, gusto o ambas no tenemos mucha idea de quien es el mejor, sino que deseamos ir y venir seguros y con bien, observando lo que a nosotros compete, pero que la autoridad nos garantice la certeza de ir resguardados, o de que no habrá desaguisados como los que inundaron la entidad por años y propiciaron que muchos, pero muchos de nosotros no saliéramos como acostumbrábamos, haciendo que los habitantes del sur, centro o norte tuvieran pérdidas ante la debacle de visitantes por turismo u otros giros importantes, y que significaban, como hemos dicho, unos pesos de más en las regiones susceptibles de las visitas que habí­amos.

Hoy, muchas partes lucen áridas, solas, abandonadas¦

Triste pero real, porque vemos con profunda tristeza que ha cambiado el panorama, y negocios han cerrado para dejar paso a elefantes blancos en esos edificios, otrora significativos y donde la gente pensaba poder reafirmar su futuro e ingresos, y ahora, solo piedras abandonadas.

Pero en las carreteras el panorama no cambia mucho. Cuando vamos a la frontera recordamos aquellos ranchos llenos de vida y camionetas, ganado y más, que hoy están prácticamente en el olvido.

Sin embargo, las experiencias a veces no son las mejores, porque nos confiamos en la autoridad y nos fallan de una manera que imprime enormes dosis de angustia en nosotros y los nuestros. Y la verdad, no se vale.

Tuvimos una experiencia hacia Reynosa con un operativo que nos llevó prácticamente hasta aquella ciudad con sus cambios correspondientes de unidades y elementos. Todo muy bien, salvo que en ocasiones los de la PFP se olvidan de que no somos como ellos e imprimen velocidades de hasta 130 o 140 kilómetros por hora.

El miedo nos hace subir la velocidad y la angustia¦ y los riesgos de un accidente.

En el regreso, el operativo salió tarde de Reynosa por un inconveniente -una ponchadura, dijeron- pero nos dejaron a 70 kilómetros de la franja fronteriza, es decir, casi 40 kilómetros antes de San Fernando; tuvimos que ir solos y con un gran miedo a sufrir un inconveniente.

Ya en San Fernando, algunos elementos nos dijeron que no habí­a operativo a Victoria, œestos dí­as no habrá, pero no se preocupe, están seguras las carreteras.

Para quienes hemos sido ví­ctimas de personas ajenas a la legalidad, el viajar sin protección es realmente estresante, alarmante y provoca un pánico que no se puede describir.

Además, en las instalaciones de la PFP nos aseguraron que sí­ habí­a el famoso operativo Carrusel, aunque en la práctica no exista, porque œhoy no se pudo.

Recordemos, nuestros impuestos pagan a los servidores píºblicos y deben garantizarnos muchas cosas, entre ellas, seguridad.

Y nos parece injusto el que nos hayan abandonado a medio camino, a expensas de no sabemos qué.

Afortunadamente, llegamos con bien, pero viajamos con una tremenda angustia que no se le desea a nadie, y pone de manifiesto la poca seriedad y compromiso para con los ciudadanos.

Vimos muchas patrullas en el camino, pero el operativo anunciado como siempre, con bombo y platillo, brilló por su ausencia. Y nosotros pensamos qué hacer cuando la autoridad no nos cumple lo básico.

No es humano que nos hagan viajar con esa terrible angustia y terror. No es para los mexicanos. Deberí­an suspender a esos malos elementos que no cumplieron, sinceramente.