Nuevo Laredo, Tamaulipas.- A sus 98 años de edad, Esther Vázquez García, una simpática ancianita que vive desde hace tiempo en el Asilo ˜Vida y Esperanza™, del sistema DIF, espera pacientemente y con optimismo el final de sus días, porque dice que ya vivió lo suficiente, aunque asombrosamente ninguna enfermedad le aqueja, œsolo un dolorcito en la garganta, menciona.
Nació en Michoacán en 1920, pero las dificultades económicas le orillaron desde muy joven trasladarse a esta ciudad con una prima que estaba enferma, œy ya no me acuerdo cuando fue eso, pero era una niña y aíºn no me casaba, explica.
Su longevidad le hizo ver morir a sus padres y tres hermanos, pero la tragedia más grande la vivió cuando sus dos hijas, que eran enfermeras, perdieron la vida durante el terremoto de 1985 en la ciudad de México, cuando el hospital Siglo XXI se colapsó y les arrebató la vida. Su esposo falleció años después, por lo que quedó sola.
A esta ancianita se le conoce ya como ˜Mamá Coco™, por su extraño parecido y simpatía con el personaje principal de esa película que narra esa parte de la cultura mexicana en la que los exvotos salen a relucir durante el Día de Muertos en nuestro país.
Vino a atender a su prima enferma, pero esa parte de la cultura urbana de esta ciudad, que indica que quien bebe agua del río Bravo ya no se va, en ella se cumplió a cabalidad, y se quedó para siempre a vivir aquí.
œYa tomaste agua del río y ya no te vas, dijo como una extraña sentencia a quienes hacen lo mismo y se han quedado a vivir aquí.
Vivió siempre en casa de su prima, incluso después que falleció, pero debido a que vivía sola y sin atención, unos vecinos informaron al DIF de su situación, la fueron a ver y optaron por su traslado al albergue, para prevenir algíºn accidente y atenderla, eso fue hace tres años, y desde entonces es la persona de más edad en dicho lugar.
Ahí come, duerme bien y es atendida por un médico las 24 horas del día, y lo extraordinario es que no padece ninguna enfermedad, solo la molestia en la garganta.
˜Mamá Coco™ toma confianza con el reportero y comienza a platicar de su vida y de cómo era antes la gente.
œEl tiempo de antes era distinto al de ahora¦porque antes no había esta míºsica y no había más que fonógrafos y bailábamos valses, pero después bailaba de todo, y recuerdo que en una ocasión en El Laguito hubo un concurso de baile, y me puse a bailar con un primo, y como nadie quería bailar, lo hicimos y ganamos el concurso y nos ganamos dos mil pesos, explica con emoción al recordar sus tiempo de juventud.
De la actual sociedad, dijo su juventud la vivió de una manera diferente a la actual. œAntes había mucho respeto, y ahora no¦porque las mujeres que tienen a sus novios, lo van a ver cuando ya están esperando un bebé, œy esta sociedad actual no es buena, es muy distinta¦pero como quiera vivo bien, pero los tiempos cambian, y que puedo esperar de la vida?…morirme, dijo de manera tranquila, como si ello fuera lo íºnico que esperara de su tranquila vida.
Sin embargo, la vida de Esther en el asilo es de mucha actividad, porque juega con sus compañeras y hasta baila sentada en su silla de ruedas, pero la edad ya no le permite ponerse de pie ni hacer lo que tanto le gusta, que es bailar.
œTodavía bailo cuando hay baile, pero bailo sentada, y así quiero que lo hagan los jóvenes de hoy, que bailen sanamente y que se porten bien, para que sean otra clase de hombres y de mujeres¦pero veo que los jóvenes están muy descarrilados y no respetan a sus padres, y ahora no los respetan, por lo que deben llevar otra vida, señala con total lucidez en cada una de sus palabras, y con esto terminó la entrevista.