Puñaladas a Trump

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A Estados Unidos le está carcomiendo la misma vorágine interna que acontece en el ocaso de los Imperios: su nivel de putrefacción es tal que no hay esfera que no esté contaminada, siendo rebasado además por otros competidores en el liderazgo económico, y tarde o temprano, geopolí­tico y militar.
Hace tiempo que la Unión Americana dejó de ser el íºnico paí­s en tener la bomba nuclear, aunque eso sí­ es el íºnico en utilizarla dos veces como aconteció durante la Segunda Guerra Mundial; pero hace muchas décadas que otros paí­ses la poseen buscando con ello un reequilibrio de fuerzas y potestades.
Porque aunque, militarmente hablando, el presupuesto estadounidense sea exorbitante en gastos de defensa, da igual ya si tiene cien o mil bombas atómicas, si con una en un mismo territorio la devastación serí­a inconmensurable.
Por no obviar que los agoreros se han quedado esperando que la debacle norteamericana acontecerí­a de la mano del dólar, lo cierto es que su moneda hace años también dejó de ser un signo de su poderí­o económico. Cuenta más Wall Street y muy seguramente la alta tecnologí­a y digitalización que nos aguarda contribuirá a recambiar el chip¦ y hasta el dólar terminará siendo una reliquia.
La brecha en la economí­a en la Unión Americana está por dentro se lo han hecho años de balances erróneos, entre los ingresos, los gastos y las prioridades. Su gran hueco endémico deriva de gastar más en su economí­a militar que en innovación, tecnologí­a, obra píºblica o infraestructura.
Y luego están los malos presidentes, que no son otra cosa que malos gestores del poder, la llegada de alguien tan polí­ticamente incorrecto como Donald Trump a la Casa Blanca revela lo malherida, temblorosa y temerosa que está cierta parte de la sociedad norteamericana respecto de su futuro.
Muy bien ya lo eligieron, lo metieron a la cumbre y él está poniendo de cabeza a su propia nación arrastrando al desastre al traspatio internacional¦ es necesario frenarlo.
Su aspiración pasa por reelegirse en 2020, y suena a una eternidad para todos los que deseamos con ahí­nco que no gobierne ni un dí­a más no se puede arreglar el mundo rompiendo unilateralmente los consensos, vociferando además amenazas abiertas y usando su prepotencia natural para castigar a quienes no son de su parecer.
Lo vemos con los palestinos en la franja de Gaza y Cisjordania ahogados sin las ayudas humanitarias pecuniarias que desde Washington serví­an para, por ejemplo, pagar a los maestros que dan clases a miles de niños palestinos cuya íºnica esperanza de vida pasa por estudiar.
¿Cómo le vamos a soportar todo este tiempo? Seamos honestos, Trump no lleva ni dos años al frente de la Presidencia de su paí­s y sentimos que acumula una eternidad que ha sacado al dictador que lleva dentro con frenesí­.
Al dictador que se asoma bajo su tupé impostado pelirrubio. í‰l ensombrece el rostro de su esposa Melania, quizá el mayor indicador de cómo es el magnate en la intimidad.
A COLACIí“N
También padece un ego enfermizo, no confí­a en nadie, cualquier persona bajo su área de influencia que no concuerde con su pensamiento o sus decisiones es despedida al poco.
La purga en la Casa Blanca no va a amainar, mucho menos después de que se ha descubierto que hay un topo que filtra a la prensa los asuntos delicados.
Lo curioso es que los republicanos no se atrevan a desafiarlo directamente posiblemente porque creen que el perjuicio moral, polí­tico y electoral serí­a devastador. Pero ya lo será, si como se apunta, los demócratas lograrán una importante victoria en las elecciones al Senado del próximo 6 de noviembre.
A Julio Cesar, otro tirano, le asesinaron en el Senado de 23 puñaladas, a veces la alta traición es necesaria para purgar a quienes se aferran en devastar creyendo que el poder es intrí­nseco a ellos: que nace en ellos y muere en ellos. La enfermedad de Trump es tan elevada que cree que sin él Wall Street no es nada.