Inundaciones

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Grave, mjuy grave es el problema que vivimos cundo llueve: necesitamos el agua y se considera una bendición, dado que la escasez, la creciente mancha demográfica, la mala planeación y el pésimo estado de la infraestructura hidráulica nos llevan a tener muy poco lí­quido que realmente no alcanza para todos y se tiene que racionar.

El racionamiento se hace, segíºn la autoridad, en base a las formas que se tienen para que llegue el agua: muchos se quejan de que en los fraccionamientos œFifí­, como dijera el señor de Tabasco, nunca falta agua, sin embargo, nunca se han puesto a pensar que la mayorí­a de estos sitios tienen cisternas, tienen tanques, porque los constructores tuvieron la precaución de considerar este recurso cuando iniciaron la venta de terrenos.

Nuestra ciudad no estaba preparada para albergar a tantos miles de habitantes, razón por la que hoy falta agua, y además, no podemos dejar de pensar en la irresponsable actitud de los que dirigen la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado, y que lejos de establecer un programa de rehabilitación de una red que casi cumple cien años, obsoleta, vieja, decrépita e inservible, prefirieron gastar el recurso en otro tipo de gastos que nada tienen que ver con el abasto de agua y sí­ con aspectos electorales.

Paréntesis para sugerir a la autoridad y al Congreso del Estado llamen a cuentas a esa gente que abusó de la confianza de los victorenses, y los pongan en su sitio, pero posterior a devolver el recurso que no se justifica en sus gastos.

El caso es que hay poca agua, y por ello, las lluvias se ven como una bendición¦ aunque nos ocasionan conflictos como inundaciones. Si bien es cierto que Victoria se llena de agua en sus calles en cuestión de minutos por falta de un adecuado desagí¼e, también no se puede ocultar que gran culpa de esto es consecuencia de la irresponsabilidad e ignorancia ciudadana, inclusive, de quienes presumen más de ser gente preparada, gente de buena cuna y escuela, pero que no tienen una idea de lo que es vivir en comunidad, y sobre existen pensando que son el ombligo del mundo, o como dijera Pily: œla íºltima coca del desierto.

Nada de eso: somos tan importantes en el contexto comunitario que unos sin otros no podrí­amos sobrevivir, y el asunto del agua se convierte en grave cuando vemos las alcantarillas que hay en la ciudad y que están llenas de basura: bolsas de plástico, envases de todo tipo y tamaño, desperdicios varios de esos irresponsables que tiran la basura bajando el cristal de su vetusto e ilegal automóvil, o de su lujosa camioneta, sin importarles el daño tan grande que hacen a todos.

Es obvio que una envoltura de cualquier cosa no hace daño, pero hay que pensar que somos unos 325 mil victorenses, y si cada uno tiráramos una envoltura de algo todos los dí­as, hay que imaginar el montón de desperdicios que irí­an a las alcantarillas y las taparí­an, ocasionando las inundaciones como las que nos aquejaron la semana pasada.

La autoridad deberá establecer un programa emergente para limpiar los puntos donde se desahogan las calles, y en contraparte, nosotros, los ciudadanos, los de œa pie tenemos que poner la parte que nos corresponde y no tirar siquiera una colilla de cigarro.

Es justo recuperar el mote de œCiudad Victoria, Ciudad Limpia que otrora fue nuestro, y que ahora nos queda mucho muy grande, gracias a una actitud completamente irresponsable.

Vemos que los problemas deben enfrentarse por parte de la autoridad y de la ciudadaní­a todos en conjunto para librar las consecuencias poco gratas.

La ciudad está mal planeada gracias a la voracidad de autoridades y constructores de antaño y los íºltimos, pero no podemos sentarnos a llorar nuestra desgracia, porque perderemos todo lo que hay, y nuestras calles seguirán padeciendo inundaciones que nos afectan a todos.

Llegó la hora de hacernos responsables y no culpar a los demás de un problema que en nuestras manos está solucionarlo. No seamos cochinos, en pocas palabras, y hagamos de la nuestra una ciudad limpia, que en eso todos salimos ganando.

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