Europa contra el odio y el fascismo

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No quieren que se repita la funesta historia del pasado reciente¦ porque ni siquiera es todaví­a tan lejano, y menos con crecientes movimientos y partidos ciudadanos y polí­ticos exaltando de nueva cuenta los sí­mbolos y la ideologí­a fascista.
Desde luego es un grave peligro justo cuando apenas está por cumplirse el primer siglo del acuerdo de paz que dio paso al fin de la Primera Guerra Mundial, el próximo 11 de noviembre, un evento que será además celebrado a lo grande y por todo lo alto en Parí­s por el presidente Emmanuel Macron quien recibirá a más de 70 mandatarios del mundo.
Parecerí­a entonces que la memoria de la funesta y devastadora Segunda Guerra Mundial sigue fresca, tanto que son las nuevas generaciones las que están cayendo seducidas por el uso del odio como arma de guerra; de la raza como sí­ntoma de superioridad y del poder en general como baluarte para avasallar al otro.
Pues bien, la Unión Europea (UE) que sigue siendo de 28 paí­ses miembros está preocupadí­sima por el auge en ciernes de la alt-right en su suelo; la ultraderecha que va ocupando cada vez más escaños al interior de los paí­ses y también en el seno del Parlamento Europeo.
Ya no es más un tibio asunto, y mucho menos de cara a las próximas elecciones del Europarlamento “en mayo- ya sin los escaños de los británicos que deberán estar fuera desde el 29 de marzo.
La lí­nea de suspicacia confluye a que hay fuerzas externas obrando y maniobrando no nada más en Europa sino también en Estados Unidos, y en otros paí­ses a favor de proteger los férreos intereses de poderosos grupos económicos tradicionalmente cerrados, conservadores y ultranacionalistas.
¿De qué se protegen? De la gente: del extraño, del foráneo y del pobre. Tanto el Banco Mundial como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llevan años avizorando que en las próximas dos décadas incrementará el éxodo migratorio a manos llenas hacia las áreas urbanas de varios paí­ses que fungen como polo de atractivo local, comunitario o regional.
No es casualidad que alguien como Donald Trump gobierne en la Casa Blanca, ni que el Brexit surja en el actual momento histórico, ambos hechos son revelación de las fuerzas económicas que maniobran la maquinaria polí­tica; ni Brasil se ha librado.
De hecho, alguien tan descarado, ignorante y prepotente como Trump, ha œenvalentonado a los grupos más radicales que ven su oportunidad de asaltar el cielo del poder.
La presencia desde el verano pasado en Bruselas de Steve Bannon, ex asesor-estratega de la Casa Blanca y a quien muchos señalan como el mentor de la victoria del magnate inmobiliario, le ha dado cuerda a todos los partidos de ultraderecha europeos cuyos lí­deres han corrido a buscar alivio y orientación como si se tratara de un guríº incuestionable.
Bannon ha echado a andar el proyecto de unir a las ultraderechas europeas: las de Francia, Reino Unido, Bélgica, Grecia, España, Alemania, Italia, Austria y las de Europa del Este; con la finalidad de concurrir a las elecciones europeas bajo un solo signo y así­ ocupar más escaños en el Parlamento¦ más escaños que significan más amenazas contra el establishment de la UE.
A COLACIí“N
Ayer, el Parlamento Europeo votó una resolución a favor de prohibir los grupos y las organizaciones neofascistas y neonazis así­ como todas aquellas asociaciones que utilicen el odio y valores fascistas, xenófobos, racistas y discriminatorios.
Los eurodiputados pretenden frenar la xenofobia e impedir que haya organizaciones que glorifiquen el fascismo y en el caso de España œexalten la Guerra Civil y el franquismo.
œLa Cámara argumenta que la impunidad de que gozan las organizaciones de extrema derecha en algunos Estados miembros es una de las razones detrás del incremento de las acciones violentas, lo que afecta a la sociedad en su conjunto y a minorí­as concretas, como las personas de raza negra y ascendencia africana, judí­os, musulmanes, romaní­es, extranjeros, el colectivo LGBTI y las personas con discapacidad.
Los eurodiputados propusieron que todas las policí­as cuenten en su interior con unidades especializadas en delitos de odio y pidieron que œlos paí­ses condenen y sancionen con dureza los delitos de odio, de incitación al odio y de bíºsqueda de chivos expiatorios por parte de polí­ticos y funcionarios píºblicos, ya que estas actitudes normalizan y refuerzan el odio y la violencia.
Y también un punto importante: œLa resolución reclama a los Estados miembros y las federaciones deportivas nacionales, en particular los clubs de fíºtbol, que luchen contra la lacra del racismo, el fascismo y la xenofobia en los estadios y en la cultura deportiva, condenando y castigando a los responsables y promoviendo actividades educativas positivas dirigidas a los jóvenes fanáticos, en cooperación con escuelas y organizaciones de la sociedad civil.