Empezado el mes de noviembre, particularmente en nuestro país, Los Muertos regresan a la vida de los que todavía deambulamos, porque los atraemos con la mente, con los recuerdos de las vivencias, en altares y ofrendas que se exponen en casa, en templos, en el corazón.
Este dos de noviembre, nuestros muertos viven y mire que la cultura popular nos trae enseñanzas como la de José Guadalupe Posadas con su ˜Catrina™ creada en el siglo XIX, originalmente llamada La Garbancera, creada por el artista con un propósito muy diferente al que ahora tiene.
Usted sabe que la Catrina representa a la muerte, pero el caricaturista mexicano retrató la miseria popular de la época, los errores políticos, la hipocresía de la sociedad cuando viste a sus calaveras con ropa de gala, bebiendo pulque en lugar de coñac, montadas a caballo asistiendo a fiestas de alta sociedad.
José Guadalupe Posadas retrató los huesos en los que vivía la gente del pueblo, su Catrina fue una crítica muy severa que ironizó a quienes teniendo sangre indígena, pretendían ser europeos disfrazando su propia raza, su herencia y su cultura.
Las calaveras de Posadas, vestidas de aristócratas con traje de gala, ridiculizaron a los mexicanos de su época, que desde luego, pudieran significar a un buen níºmero de mexicanos de hoy.
La Catrina de Posadas salió del lienzo para posesionarse en la cultura de hoy como un homenaje a nuestros muertos, a la riqueza formal y espiritual del país que ríe y celebra la muerte.
Hoy este espacio lo comparto con Ernestina Olmedo Níºñez, docente de profesión que escribe sobre el tema lo siguiente:
œA Mis Muertos los honro con mi vida, descansan en mi corazón, día a día, segundo tras segundo, son el motor de mi vida y, si alguien pudiera ver dentro de mí, descubriría que tienen una ofrenda eterna en mi corazón
Mis Muertos aunque están en alguna tumba o en el nicho de una iglesia, son residentes permanentes en su sillón de siempre. Leyendo un libro, oyendo mi conversación; o tal vez sean mis pasajeros mientras manejo o hagan acto de presencia en una oración por ellos enseñada.
Mis Muertos están en sus recetas de cocina, en sus colores favoritos, en la míºsica que bailaban, en las melodías que cantaban. Están en mi forma de reír y de sazonar mi vida con humor.
Ellos¦ Mis Muertos, vuelan como colibríes cuando los siento a mí alrededor como si su aletear avivara los míºltiples recuerdos de alguna época, de tristeza o alegría, de nostalgia o pesadumbre.
Mis Muertos, son también los ángeles protectores que me cuidan y guían con su ejemplo. De ellos, de Mis Muertos mayores o pequeños, aprendí el valor de la vida. El prodigio de vivir.
Siento la luz de su mirada expectante, percibo tenuemente el eco de sus carcajadas; recuerdo cálidamente sus abrazos cariñosos; veo la imagen imborrable de la íºltima vez que los vi y escucho la luz perpetua de su voz.
Estoy segura que Mis muertos, ya no necesitan nada de mí, pero yo les necesito, porque son mi esencia, mi identidad. Su presencia física hizo de mí, lo que hoy soy y por eso, con mi vida los mantengo vigentes.
La herencia que me dejaron Mis Muertos es mi facilidad para reír; pero también la melancolía que a veces me embarga; mi capacidad de sorpresa; mi ingenio y lo fácil que me resulta encontrar la felicidad en las cosas simples y sencillas.
A Mis Muertos no les lloro porque se han ido, porque siempre les encuentro cuando menos lo espero. Los disfruté tanto, tanto cuando estuvieron vivos: festejé sus cumpleaños; enjugué algunas de sus lágrimas; acaricié sus manos; recibí su amor hecho de penas y alegrías; les visité y me visitaron y les dije un œhasta luego cuando tuvieron que irse.
Mis muertos dejaron de existir para el resto de la humanidad, pero viven en mí, porque los veo en mis ojos… en mis manos… en la forma de mi rostro… en mis expresiones¦ en mis escritos…
Casi no visito tumbas pero repaso recuerdos y enciendo veladoras para ellos como símbolo de lo que siento. Hoy revivo su existencia; veo sus fotografías y sonrío ante esas imágenes.
Este día de noviembre, con Mis Muertos compartiré mi desayuno. Esta taza de buen café va por ellos: por Mis Muertos.