Pero¦.¿México qué culpa tiene?

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-Pobreza en Honduras
-Dureza de los Estados Unidos
-¿Y la sierra Tarahumara?

CADA dí­a son más los problemas que surgen derivados de la caravana centroamericana de migrantes que cruzan el paí­s para llegar a la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Además de los trastornos a los tres niveles de gobierno mexicanos, comienza a crecer la inconformidad de ciudadanos ante el comportamiento incorrecto de una minorí­a de los integrantes de ese desplazamiento humano.

Atrás quedaron el paso furtivo al territorio azteca por la frontera sur, daños a instalaciones oficiales y la agresión a elementos de la Policí­a Federal y del Instituto Nacional de Migración. A su llegada a la capital del paí­s, los miles de centroamericanos han modificado la actividad gubernamental al destinarse recursos no previstos para ese tipo de atención y manutención masiva.

Con el objeto de evitar accidentes en las carreteras, la Policí­a Federal está exigiendo a choferes de transporte de carga que permitan el abordaje de los migrantes, a pesar del riesgo que también esa acción irregular implica. Bien podrí­a ser una lectura que es preferible un accidente mortal por caí­da en movimiento que una atropellamiento míºltiple con probable mayor níºmero de ví­ctimas.

Informes noticiosos y testimonios ciudadanos indican que también aumentan las exigencias de quienes presuntamente pretenden œel sueño americano. Alojamiento, alimentación, atención médica y transporte es lo menos solicitan los ciudadanos hondureños y salvadoreños, principalmente, que decidieron dejar su paí­s en busca de mejores condiciones de vida.

En México acordaron quedarse un par de semanas más, hasta en tanto el gobierno capitalino les cumpliera la promesa de proporcionarles transporte para su recorrido hasta la frontera norte. Una segunda caravana amenazó con bloquear la autopista México-Querétaro, a la altura de Tepeji, por el mismo motivo.

Pero eso no es todo. Testimonios precisan que algunos migrantes ya no aceptan los clásicos sándwiches y agua que les ofrecen durante su recorrido. También, algunos otros violan reglamentos municipales y se embriagan en ví­a píºblica, fuman mariguana o se drogan con inhalantes.

En Tijuana, Baja California, los primeros migrantes que llegaron a esa ciudad fronteriza, además de retar a la autoridad estadunidense desde la parte superior de la valla metálica, han alterado la actividad y tranquilidad de los tijuanenses. El problema se ha agudizado al grado de que el alcalde JUAN MANUEL GASTí‰LUM prepara una consulta popular que defina si se continíºa o no recibiendo centroamericanos, o bien que el gobierno federal canalice los recursos necesarios para atender a los miles de migrantes que se han establecido en esa ciudad en espera de cruzar al vecino paí­s.

Bien lo dice el jefe de Comuna de Tijuana: los derechos humanos son para ciudadanos derechos, al hacer alusión que los hondureños exigen respeto a sus derechos pero no respetan los de los tijuanenses. La situación se torna cada vez más crí­tica en la esquina noroeste mexicana, al grado de que se han registrado altercados entre ciudadanos de ese municipio con los migrantes e, incluso, estos han lanzado piedras a unidades policiales.

En ese escenario, es justo y necesario que el gobierno mexicano exija al de Honduras, por ejemplo, que se haga cargo de la manutención de los ciudadanos que han dejado su nación. Es inadmisible que México sufra las consecuencias por la pobreza en Honduras y la dureza en polí­tica migratoria de la Unión Americana. Menos aíºn se justifica la manutención a extranjeros, cuando en el sureste azteca y en la sierra Tarahumara se padece esa misma calamidad.

Lo peor del caso es que el tí­o Sam nunca aceptará a los miles de migrantes ni mucho menos permitirá que se viole su frontera, como sucedió en México y Guatemala.

La pregunta es: sí­ ya pasó el proceso eleccionario en los Estados Unidos, ¿a quién beneficia o perjudica la movilización humana? ¿Acaso es la herencia peñista al gobierno lopezobradorista?

Y hasta la próxima.
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