Urge reformar transporte

Tienen mucha razón los concesionarios de transporte píºblico en el sentido de exigir a la autoridad municipal que tenga calles en buen estado: el hecho de transitar por cualquiera de las que hay en Victoria implica un enorme riesgo de afectar nuestro patrimonio y quedarnos sin vehí­culo hasta por varios dí­as.

Tienen razón en pedir aumento a tarifas porque todo, absolutamente todo en la vida ha subido, y ellos tienen hijos y familiares que consumen igual que nosotros, que requieren de recursos igual que cualquier habitante de esta región.

Pero ¿Qué están dispuestos a dar?

Es interesante escuchar las peticiones pero somos de la idea que éstas se llevan a cabo siempre con una propuesta en la que las partes que intervienen tengan puntos de compromiso y beneficio. De otra forma no funciona bien el asunto.

Y en ese sentido, algunas personas hacen comparativos con las unidades que hay en otros paí­ses.

Siempre las comparaciones son odiosas, más, cuando se trata de un paí­s subdesarrollado y un municipio alicaí­do y sin autoridades que tengan la competencia necesaria para al menos ya no levantar, sino mantener la ciudad como estaba hace un año.

Cuando surgieron las peseras la gente se trasladaba en camionetas tipo Van, y eso era lo que habí­a, hasta que varios años después entraron los micros que conocemos hoy, y que se encargan de ofrecer un servicio en toda la ciudad.

¿Competente? Es la duda de muchos, porque hemos sido testigos de los abusos de choferes irresponsables que toman el volante como arma de guerra y así­ conducen, aunque hemos de reconocer que hay otros que bien vale la pena tener.

El asunto es que se requiere, por parte de la autoridad, establecer un plan estratégico, congruente, eficiente y verdadero, en el que, sin un ápice de corrupción y œmoches se gaste el dinero en pavimentar, pero hacerlo con calidad, y pugnar porque la Federación pueda erogar más, así­ como el gobierno estatal. Ahí­ ya dependerá la capacidad de gestión de quien ocupa la presidencia.

Que nos garantice seguridad en las calles y también a los usuarios, porque las calles de Victoria parecen cuevas de lobo : más oscuras que nada, y proclives a ser marco de asaltos y actos delictivos.

Entonces, la primera tarea serí­a comprar focos, tapar agujeros y poner orden en la autoridad.

Segunda parte el concesionario: que le busque y le apoye el gobierno a contratar créditos para su transporte. Finalmente, es propiedad de ellos y serí­an los que tengan ganancias. No el gobierno, porque son privados.

En ese tenor, deben ubicarse y arreglar sus carcachas, porque la gente tiene derecho a un traslado digno y adecuado, lejos de las incomodidades que ocasionan el ir jugando carreritas o con la míºsica como pulquerí­a.

Y los usuarios, que tendrí­amos nuestra parte, deberí­amos cuidar y respetar las unidades, los cruces y más, y así­, todos, con espí­ritu de responsabilidad podrí­amos coadyuvar para que un problema tan sentido pueda zanjarse.

Nos falta un buen sistema de transporte y entender para qué es. Seguros estamos que si tuviéramos el nivel de transporte de los paí­ses con los que siempre nos comparan -Estados Unidos, España o Alemania-, una gran mayorí­a dejarí­amos los automóviles en casa y utilizarí­amos estas unidades, por ser más barato, más ecológico y sustentable, y así­ todos ganarí­amos.

Pero para poder alcanzar lo anterior se requiere un gobierno que tenga la capacidad de organizar y realmente ir solucionando este tipo de problemas que cada dí­a se hacen más grandes, más profundos, y tienen más alejada a la ciudadaní­a de sus gobernantes.

Requerimos que se considere un buen plan para mejorar el transporte urbano en la capital de Tamaulipas, lo merecemos, y además, lo exigimos.