El juicio popular

Dice aquella frase muy antigua œVox Populi, Vox Dei, que quiere decir en buen castellano: œLa voz del pueblo es la voz de Dios, refiriéndose a la sabidurí­a con que se manejan las opiniones colectivas, y donde, por más que hagamos, no podemos engañar.

Un claro ejemplo lo tenemos con las teorí­as de la manipulación colectiva que se han llevado a cabo a través de medios de comunicación masivos, y donde la gente cambia su forma de actuar, aunque, a decir verdad, su real conciencia, su opinión de las cosas no se puede manipular en forma contraria: es muy difí­cil cambiar la mentalidad de la gente.

Otro claro ejemplo lo vemos con la opinión de antaño, cuando todos se quejaban de las polí­ticas y costumbres de un PRI que estaba agonizante, sin embargo, en la votación algo sucedí­a que seguí­a ganando, porque si bien es cierto que la gente repudiaba a los tramposos, seguí­a votando por ellos por alguna razón.

La voz del pueblo es incorruptible, y la gente siempre pensará lo que sucede con una alta dosis de sabidurí­a tal que nos permita, si hacemos un recuento a conciencia, darnos la certeza de lo que está sucediendo.

En tiempos electorales, hay muchos recursos hoy en dí­a que se comienzan a utilizar, principalmente uno denominado œredes sociales, y que muchos piensan es la panacea, es el milagro que no existí­a, y la íºnica forma de llegar a la verdad. Nada tan falso como lo anterior, pero que realmente tiene injerencia en la forma de pensar de muchos que, ajenos a la realidad, se dejan llevar por algunos manipuladores de imagen que nos hacen pensar que tal o cual partido, persona o gobernante es bueno o malo -dependiendo del enfoque- y pretenden hacernos cambiar de opinión en forma colectiva.

En Victoria, por ejemplo, todos tenemos una opinión sobre la clase gobernante y en una gran mayorí­a de los casos no es precisamente positiva, porque los relacionamos con la corrupción, la prepotencia, el abuso y muchas otras cosas más, sin dejar el nepotismo fuera, porque cuando nos damos cuenta de que tal o cual tiene en la nómina a sus seres queridos, ningíºn boletí­n o post puede hacer que pensemos lo contrario. Los familiares que cobran en las nóminas son reales, y tienen cuentas con pesos reales, y no nos pueden engañar tan fácilmente.

Tampoco los contratos que puedan entregar a éstos mediante procedimientos que son nada claros y que siguen manejándose como antaño. Poco ha cambiado, y los colores distintos no nos han dado un ejemplo de actitud distinta, y eso no lo pueden cambiar ni manipulando un post con mil o dos mil œlikes apócrifos.

Nadie escapa a la opinión de la comunidad: o se buena o no, pero es una opinión que surge de observar acciones cotidianas, de saber qué se hace y de ver los cambios sustanciales en el estado financiero y económico de las personas.

No es fácil esconder la riqueza, menos, la mal habida, porque hay quienes a lo largo de muchos años forjan un patrimonio, sin embargo, esos que llegan y en forma inmediata tienen cambio de muebles e inmuebles, de gustos y más, sacando a flote los lujos que nunca tuvieron cerca y hoy, en un afán de dar rienda a sus complejos muestran orgullosamente, nos dicen a la gran mayorí­a lo que realmente son.

Desgraciadamente, falta un órgano de control efectivo que nos permita garantizar el buen uso de los recursos de todos. Molesta, y mucho, ver la forma en que un intrascendente alcalde surge económicamente a la luz píºblica y se ufana de ello, a sabiendas que no habrá órgano de control que le ponga lí­mite, presumiendo sus contactos y sus influencias para poder hacer cuanto le venga en gana.

Aplica a alcaldes, diputados, senadores, gobernadores, presidentes y secretarios de todo nivel: los hay en forma desmedida.

Los ciudadanos no podemos ser engañados. Si bien es cierto que muchas veces no actuamos por miedo o apatí­a, la careta de sinvergí¼enzas de esos malos gobernantes no se puede ocultar, y la ¡gente sabe quien es quien, o como dice un dicho, algo de los marranos trompudos. ¿Lo recuerda?

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