Las agendas de 1994

Cd. Victoria, Tam. Visto el caso a la distancia parece entenderse mejor, nexos que afloran, piezas que fueron embonando, detalles significativos antes desapercibidos.

El economista CARLOS SALINAS DE GORTARI fue presidenciable de segunda generación, luego de que su padre RAíšL SALINAS LOZANO habí­a participado en el juego del tapadismo como secretario de Industria y Comercio bajo la presidencia de ADOLFO Lí“PEZ MATEOS.

El primer SALINAS se habrí­a de quedar con las ganas en aquel 1964. Sus planes se frustraron, al resultar candidato el gallo de Gobernación GUSTAVO DíAZ ORDAZ.

En 1982, 18 años después, el segundo SALINAS llegarí­a al gabinete lamadridista como secretario de Programación y Presupuesto.

Entraba así­ al hándicap presidencial, nutrido por la experiencia previa de su padre, conocedor de los vericuetos, riesgos y atajos que entraña la lucha sucesoria.

Después serí­a candidato. Tuvo tiempo de planificarlo todo. Ya como presidente, la prensa europea lo calificó como œun hombre con prisa. Tení­a, en efecto, visualizada la pelí­cula completa del sexenio.

Aliarse con el PAN, modificaciones drásticas a la Carta Magna para permitir la privatización generalizada de la economí­a. Banca, sideríºrgicas, petroquí­mica, minerí­a, televisoras, cadenas de radio, telefoní­a, aerolí­neas, ingenios azucareros, propiedad ejidal.

Y cuando le preguntaban sobre la demanda social de democracia y alternancia, respondí­a con expresión agresiva y decidida que la apertura polí­tica vendrí­a hasta que la modernización económica (el programa neoliberal) fuera irreversible.

Por supuesto, jamás detalló en qué tiempo considerarí­a irreversible su reforma económica. Aunque no se necesita mucha imaginación para entender que estaba pensando en dos sexenios posteriores a su mandato.

Buscaba a toda costa impedir el arribo de su adversario en 1988, CUAUHTEMOC CíRDENAS quien competí­a de nuevo por el cargo en 1994.

EL œPLAN A

El previsor SALINAS necesitaba blindar los cambios de su administración, que no hubiera reversa ni hurgaran en las cuentas alegres de las privatizaciones que beneficiaron a todos sus amigos y de las cuales fraguó una fortuna inmensa.

Y esto, para un hombre siempre atento al mediano y largo plazos, significada que el proceso de relevo presidencial estuviera bajo su control total.

Lo cual requerí­a (no precisamente un genio sino) un sucesor dócil, que le diera continuidad a su estrategia, para así­ entregar la administración subsiguiente a un opositor ideológicamente cercano. Un cómplice como DIEGO FERNíNDEZ DE CEVALLOS.

Todo irí­a por pasos en esta agenda míºltiple de tres tiempos sexenales. Se cumplirí­a así­ la estrategia de una reforma neoliberal (SALINAS, 1988-1994), cuyas espaldas serí­an protegidas por un continuador obediente (COLOSIO, 1994-2000) quien darí­a el paso hacia la modernización polí­tica, el fin de la era prií­sta, la alternancia que dejarí­a el poder en manos del panista más cercano al grupo (DIEGO FERNíNDEZ, 2000-2006).

Todo un programa transexenal en torno al cual orbitarí­a (siguiendo el modelo del maximato) la figura omnipresente de CARLOS SALINAS, quien planeaba convertirse en director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), mientras discí­pulos y aliados gobernaban el paí­s bajo su sabio consejo.

Todo indica que este era el œPLAN A, diseñado meticulosamente desde Los Pinos, siempre y cuando no variaran los escenarios.

El primero de enero de 1994, un levantamiento guerrillero lo cambió todo. No hay espacio aquí­ para discutir la naturaleza del neozapatismo, la identidad de MARCOS o la mano negra del frustrado aspirante presidencial MANUEL CAMACHO SOLIS en esos asuntos, cuya cercaní­a con el cardenismo lo inhabilitó ante los ojos de SALINAS.

El caso es que el estallido rebelde ocurrió, con una eficacia formidable en términos mediáticos, el mismo dí­a en que SALINAS festejaba la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio firmado con Estados Unidos y Canadá.

Y esto lo modificó todo porque la palabra œguerrilla se atoró de golpe en el delicado gaznate norteamericano, al momento en que recién habí­an firmado el acuerdo trilateral que abrirí­a gradualmente sus fronteras.

Uniformes y pasamontañas de los alzados en armas parecí­an darle la razón a los polí­ticos ultraconservadores que alertaban desde el Capitolio contra la barbarie mexicana y sus peligros.

EL œPLAN B

Y aunque SALINAS habí­a ofrecido seguridades de que México daba pasos firmes hacia la modernidad, el brote insurgente en Chiapas dejaba un sabor a engaño.

Hombre precavido, el presidente de México observó detenidamente la respuesta de los mercados y las reacciones de la prensa mundial. Y entonces tomó decisiones.

Apareció, entonces, el œPLAN B, el ajuste necesario que harí­a valer las mismas prioridades, pero bajo una variante en el formato, acorde con las nuevas circunstancias.

Durante enero se dejó sentir. Empezarí­a una etapa que la prensa conocerí­a como de œcampaña contra la campaña y donde COLOSIO ya no parecí­a la carta idónea para gobernar el paí­s.

Ante los tambores de guerra que vení­an del pasado revolucionario, SALINAS se propuso recortar el calendario transexenal y adelantar la alternancia. Ya no serí­a en 2 mil sino en 1994.

Que el jefe DIEGO crezca, que COLOSIO se rezague, ya no habí­a tiempo de un sucesor prií­sta, habí­a que acelerar la entrega de Los Pinos para dar seguridades a los mercados, nerviosos por la guerrilla. Lo que importaba, finalmente, era la prolongación del modelo económico.

Con CAMACHO habilitado como negociador en Chiapas, la figura de COLOSIO irá decreciendo en los medios. Los espacios periodí­sticos son para MARCOS, sus encapuchados y, al paso de las semanas, el barbado candidato del PAN a la Presidencia DIEGO FERNíNDEZ. El empoderamiento de este íºltimo serí­a un mensaje para los inversionistas.

El presidente privatizador, que abrió la economí­a al comercio mundial, se preparaba para adelantar la modernización polí­tica y entregar el mando.

Sacrificando al PRI (y a su candidato) podrí­a salir fortalecido, con el prestigio de demócrata abonado a su pretendida fama de estratega económico.

Y, sobre todo, seguirí­a en pie su proyecto de convertirse en titular de la OMC, para ingresar a las ligas mayores, a la burocracia financiera planetaria, codearse con los capitostes del FMI, del BID, del Banco Mundial.

EL œPLAN C

Abandonado a su suerte, COLOSIO recompondrí­a su estrategia en febrero y marzo. Ya sabí­a que no podrí­a contar con el presidente. Irí­a solo y para ello fue buscando acercamientos con otras fuerzas polí­ticas.

El discurso del 6 de marzo frente al monumento a la Revolución revela en buena medida su desconcierto. En aquella tarde memorable, más que trazar derroteros claros, LUIS DONALDO transparentaba preocupaciones reales.

Buscando interlocutores, el sonorense acabó encontrándose con su antiguo amigo y adversario polí­tico MANUEL CAMACHO SOLíS. Cenaron juntos el 16 de marzo y zanjaron diferencias.

Una semana después, el 22, el propio CAMACHO se descartó tajantemente de cualquier aspiración presidencial y reiteró su apoyo a la candidatura de COLOSIO

Casualidad o no, el crimen de Lomas Taurinas ocurrió al dí­a siguiente. Hoy podrí­amos pensar que el œPLAN B de empoderar a DIEGO estaba en peligro si la candidatura de COLOSIO fuera reforzada por un operador de lujo como CAMACHO SOLIS. La mancuerna hizo temblar a Los Pinos.

El asesinato de LUIS DONALDO volvió a modificar drásticamente los escenarios. Encendió una caldera hacia el interior del sistema en la que ya resultaba difí­cil dar continuidad al œPLAN B de SALINAS, el de adelantar la alternancia.

Todo se dificultó. El prií­smo aceptó a regañadientes la candidatura gris de ERNESTO ZEDILLO, aunque ya para entonces la figura del presidente SALINAS se encontraba muy erosionada.

El propio ZEDILLO se encargarí­a de negociar con DIEGO FERNANDEZ. El panista, ciertamente, le ayudarí­a en la lucha mediática contra CUAUHTí‰MOC CíRDENAS, aunque no llegarí­a a presidente.

De alguna manera se retomó la calendarización del œPLAN A, pero con otro candidato tricolor. Continuidad al modelo económico bajo seis años más de control prií­sta y alternancia en 2 mil.

Pero ya no serí­a DIEGO el beneficiado, sino un jugador de refresco, exdirectivo de la Coca Cola, de nombre VICENTE FOX.

BUZí“N: [email protected]

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