Los educadores Soviéticos

En el año 1920 en la Unión de Repíºblicas Soviéticas Socialistas, el Departamento de Instrucción Píºblica encarga al maestro Antón Makárenko que organice en las cercaní­as de Poltava al sur de Rusia, una colonia para, delincuentes menores de edad que después se llamarí­a Colonia Máximo Gorki, era para niños vagabundos huérfanos que serí­a el resultado de los años de guerra civil, epidemias y hambre. Su gran talento de escritor le permitió exponer en forma literaria (Poema Pedagógico) su teorí­a que escribió en diez años entre 1925-1935 y está constituida en tres apartados llamados libro 1, libro 2 y libro 3.

En el libro 1 inicia con la conversación con el delegado provincial de Instrucción Píºblica, Makárenko se queja de las instalaciones donde se pretende instalar la escuela píºblica, cree que es necesario un mejor espacio para formar a los hombres nuevos; el delegado le dice que hay un lugar que antes era una colonia de menores y está podrí­a ser ahora una escuela de educación social. A seis kilómetros de Poltava se encontraba este lugar, estaba en condiciones precarias y con rastros del saqueo que habí­an realizado los vecinos del lugar; Kalina Ivánovich era el administrador del lugar, al principio no le agradó mucho llegar a ser como un subalterno de Makárenko, pues sentí­a que se contraponí­a con la nueva visión que se tení­a de igualdad entre los hombres, pero al final admitió que para llevar a cabo la labor que se tení­a pensada era necesario tener preparación que él no tení­a.

Ya con algunas reparaciones en el lugar, llegaron dos educadoras: Ekaterina Grigórievna y Lidia Petrovna; Lidia era muy joven y acababa de salir del Liceo, Ekaterina por otro lado era una experta pedagoga. Finalmente llegaron los primeros seis educandos, cuatro eran enviados por asalto a mano armada y tení­an dieciocho años de edad; los otros dos, más jóvenes, eran acusados de robo; estos se apellidaban Zadórov, Buríºn, Vólojov, Bendiuk, Gud y Taraniets. Zadórov procedí­a de una familia de intelectuales, Vólojov era de otro género; boca ancha, nariz ancha, los ojos muy separados. Los primeros meses de la colonia fueron meses de desesperación y de tensión impotente, ya que se decí­a en el pueblo que habí­a asaltos y robos; y también era necesario aplicar un buen método pedagógico para restablecer a los menores infractores; además las actitudes de los jóvenes eran de prepotencia, altanerí­a y no contribuí­an con alguna actividad para la colonia.

Makárenko perdió la paciencia y no pudo mantenerse más tiempo la cuerda pedagógica. Una mañana de invierno habí­a pedido a Zadórov que cortase leña para la cocina, al contestar de forma negativa, se lanzó sobre Zadórov y le abofeteo; el muchacho, gimiendo, balbuceó: – Perdóneme, Antón Semiónovich- se puso a trabajar al igual que los demás; Zadórov le dijo que algo bueno iba a resultar de todo eso, aunque a Makárenko no terminaba de convencerle el uso de la fuerza y la violencia para marcar la disciplina. A los jóvenes se les llamaba siempre educandos, nunca delincuentes o menores infractores. Siguieron llegando más jóvenes y educadores, dentro de ellos llego una pareja, Natalia Márkovna e Iván Ivánovich Osipov, los cuales traí­an consigo una gran variedad de muebles, objetos y alimentos que no se habí­an tenido en la colonia, también llegó una ama de llaves.

En cuestión de tiempo la delegación de Instrucción Píºblica se desatendió del proyecto, faltaban ví­veres, ropa y enseres básicos, la comida se llamaba kondior, sopa aguada de mijo; se llegó a pedir a el Comité Provincial de Abastos o la Comisión especial de abastecimiento del Primer Ejército de Reserva, aunque no se debí­a de hacer. Con los meses, las conductas de los jóvenes fueron mejorando, trabajaban para el bienestar de la comunidad, y no sólo para ellos, sino también empezaron a colaborar con la comunidad externa, es decir con el pueblo cercano. Un dí­a que andaban reconociendo una zona de donde iban a traer leña, encuentran una finca que estaba rodeada por un rio, habí­a pertenecido a los hermanos Trepke; ahí­ encuentran un tanque metálico el cual podí­an solicitar al Soviet rural, sin embargo, les fue denegado por esta y otras instituciones del estado.

Makárenko decide ir aíºn más allá, solicita la finca completa para su proyecto, el proyecto es discutido en el Comité Ejecutivo Provincial y se lo asignan. œNecesitamos un dueño para la hacienda, y aquí­ tenemos a unos dueños sin hacienda. Que se queden con la finca. Llegó un nuevo integrante al grupo, se llamaba Vaska Poleschuk el cual no estaba del todo cuerdo, duró dí­as sin hablar, después platicaba de sus anécdotas en la guerra, un dí­a finalmente se fue sin más. Durante varios dí­as Kalina trabajó con los chicos en el cobertizo y encontraron un arado viejo que repararon, también llego un instructor que les enseñó carpinterí­a, empezaron a realizar trabajos para la colonia y para la comunidad.

Por aquel tiempo habí­a sido liquidado un gran níºmero de atamanes y de batkos, y todos los menores de edad pertenecientes a las diversas bandas de las Lévchenko y de las Marusias, cuyo papel militar y bandidesco no habí­a rebasado las obligaciones de cocheros o de pinches, eran enviados a la colonia; la colonia se vio afectada por los nuevos colonos que con el tiempo al igual que los otros se adaptaron a las nuevas circunstancias ya que se dieron cuenta de lo beneficioso de ello. Otro de los elementos que apareció en la colonia fue el alcoholismo, algunos muchachos empezaron a beber ya que era una actividad comíºn entre los del pueblo cercano; también se dio la actividad de jugar a los naipes, hecho que los motivaba a buscar que apostar y los llevaba a robar nuevamente. Habí­a entre los colonos tres muchachas: Olia, Raí­sa y Marusia.

En los depósitos abandonados de la Delegación Provincial de Instrucción Píºblica se encontraron numerosos libritos de divulgación sobre diversas ramas del saber; no todos los muchachos sabí­an asimilar la lectura, por eso se llevó a cabo la costumbre de las lecturas en voz alta; uno de los autores preferidos era Gorki. La vida de Máximo Gorki pasó a formar parte de su vida; algunos de sus episodios llegaron a ser elementos de comparación, base para los apodos, motivos para las discusiones entre otras cosas. Un dí­a corriente de la colonia era un dí­a magní­fico, lleno de trabajo, de confianza, de humano sentimiento de camaraderí­a, y siempre habí­a risas, bromas, entusiasmo y un ambiente general sano y animoso. Pero ocurrí­a que de repente cualquier historia absurda los lanzaba a algíºn abismo profundo y requerí­an de mucho esfuerzo y solidaridad para salir adelante.

En una reseña literaria hecha por la historiadora Mary Celia Villanueva Balderas (egresada de la UAT) se dice que un dí­a llegó el primer judí­o que se llamaba Ostromíºjov y se dio el antisemitismo por parte de Buríºn, Mitiaguin, Vólojov, Prijodko, Osadchi y Taraniets, desempeñaban el papel principal. Makárenko se sentí­a en ocasiones impotente ante cada nueva situación problemática que aparecí­a, los chicos se inquietaban a cada surgimiento de cada una de ellas y era como volver a empezar; esto lo llevaba a dudar de la efectividad de su metodologí­a pedagógica y de sus conocimientos. En el invierno de 1922 habí­a seis muchachas en la colonia, Olia Vóronova habí­a crecido y estaba verdaderamente hermosa, Buríºn era su mejor amigo y protector; pero quien llevaba la voz cantante entre las muchachas era Nastia Nochévnaia, habí­a llegado ahí­ por robo, su cambio fue radical, hizo amistad con las educadoras, leí­a mucho, tenazmente y se vislumbraba como un buen prospecto para recibir su educación en el Rabfak.

Raí­sa Sokolova era la más instruida de todos por eso se le envió al Rabfak de Kí­ev en el otoño de 1921; algunos meses después regresó, habí­a huido y estaba embarazada, a pesar de no reconocerlo al poco tiempo dio a luz y asfixió al bebe; se llevó a cabo un juicio y fue condenada a ocho años de prisión; Makárenko la recibió de nuevo en la colonia; pero se sentí­a contrariado por no saber cómo responder ante tales situaciones. La tesis de Makárenko afirmaba que el castigo no hace más que educar esclavos, que se debí­a dar libre espacio al espí­ritu creador del niño y, sobre todo, que era preciso hacer hincapié en la auto organización y en la autodisciplina; debido a estas posturas tení­a enemigos en el sistema que creí­an más en un método disciplinar estricto.

Uno de los colonos que llevó a la desesperación a Makárenko fue Prijodko, él era un auténtico bandido, viví­a siempre bajo el peso de sus impresiones inmediatas y actuaba a impulsos de las primeras ideas que llenaban su obtuso meollo. En cambio, para el trabajo no habí­a nadie mejor que él; sin embargo, muchas de sus acciones llevaron a entrar en conflicto a la colonia entera contra el pueblo y los vecinos. El invierno del año 23 trajo muchos hallazgos de importancia en el terreno de la organización, que habí­an de predeterminar para largo tiempo las formas de la colectividad. El más importante de estos hallazgos fue el de los destacamentos y sus jefes; los primeros destacamentos fueron mandados por Zadórov y Buríºn; una norma muy importante, fue la prohibición absoluta de que el jefe gozase del menor privilegio: nunca obtení­a ningíºn suplemento ni se libraba del trabajo.

El destacamento mixto fue una innovación, logro fundir en una colectividad auténtica, fuerte y íºnica, dentro de la que habí­a diferencias de trabajo y de organización, democracia de la asamblea general, órdenes y sometimiento del camarada al camarada, pero en la que no se formó ninguna aristocracia, ninguna casta de jefes. Todo destacamento mixto era constituido para una semana; por lo tanto, cada colono, al comenzar la semana siguiente, solí­a ser designado para un nuevo destacamento mixto, que tení­a a su cargo un nuevo trabajo y estaba mandado por un nuevo jefe. Para este tiempo ya habí­a en una segunda colonia establos, cochera y porquerizas, los destacamentos mixtos se organizaban para llevar a cabo las labores en forma sincronizada.

Llego el momento en que en la primera colonia ya no cabí­an, y fue necesario trasladar a muchachos a la segunda, los más arraigados en la primera fueron quienes habí­an estrechado grandes lazos de fraternidad en torno a su formación. Por eso, en la segunda colonia comenzó a formarse una colectividad distinta de la primera por el tono y el valor; esta colectividad estaba integrada por muchachos no tan brillantes, ni tan activos, ni tan difí­ciles. De ellos emanaba una mediocridad colectiva fueron llamados los trepkistas.

En el segundo libro inicia con el comienzo en la segunda colonia ya que el 3 de octubre de 1923 por acuerdo de la asamblea unificada del Soviet pedagógico y del Soviet de jefes, la colonia Gorki se concentraba en una sola posesión, la antigua finca de los Trepke, y cedí­a su vieja casa junto al lago Rakí­tnoie a la delegación provincial del Comisariado del Pueblo de Instrucción Píºblica; a duras penas se instalaron a diez destacamentos de colonos en los edificios; habí­a una escuela, dormitorios, el taller de carpinterí­a, de ruedas, de costura y zapatos, el comedor; se seguí­a batallando por los ingresos económicos. La inspectora Bókova, de la Ayuda a la Infancia de Ucrania, visitarí­a el 6 de octubre la colonia, ella se hací­a llamar una de las damas de la educación socialista, ofreció su ayuda a la colonia otorgándoles seis mil rublos a cambio de recibir a 40 colonos más.

Estos arreglos a la colonia trajeron nuevas actividades y confort hasta cierto punto, la convivencia mejoro, incluso una de las actividades que floreció fue el teatro; adaptaron el cobertizo del molino como un espacio para representar obras; tení­a cabida para seiscientos espectadores. Esto quiere decir que se podí­a atender a varias aldeas. La significación del cí­rculo de aficionados al teatro fue en aumento, y del mismo modo aumentaba lo que se exigí­a de él, desde la renovación de las obras presentadas cada cierto tiempo, la entrega de billetes para controlar las entradas, la organización de los colonos que actuarí­an en cada obra entre otras cosas.

Con la fiesta de Gorki el 26 de marzo llegó la primavera, los chicos después del espectáculo, se acercaban y mentí­an desvergonzadamente. – Antón Semiónovich, permí­tame acompañar a unas muchachas de Pirogovka; tienen miedo a volver solas-, Makárenko pensaba que se decí­a que la pedagogí­a, como es sabido, niega en redondo el amor, sin embargo, él era un hombre inclinado a meditar y no se apresuraba a conceder ningíºn derecho a sus celos profesionales. Ocurre la primera boda, piden a una de las chicas de la colonia, Makarénko se conmueve ante tal petición, ya los colonos lo consideran algo más que un profesor, autoridad o guí­a, ahora le dicen œpadrecito querido. También empiezan los preparativos para despedir a los que se iban a estudiar al Rabfak; el dí­a de la despedida todos sintieron que se les oprimí­a el corazón, que los ojos se les llenaban de lágrimas, y una sensación como de miedo embargó a los colonos: la colonia existí­a, trabajaba, se reí­a, y ahora de pronto empezaban a irse, se dispersaban.

Los destacamentos mixtos trabajaban bien en la labranza, pero habí­a oscilaciones, que dependí­an de la tierra, de los caballos, de la pendiente del terreno, del tiempo y de otras causas. Los muchachos sabí­an encontrar en cada lí­nea escrita por Gorki todo un sistema de filosofí­a, tanto más importante porque aquellas lí­neas no podí­an ser puestas en duda. Los libros eran otra cosa. Con los libros se podí­a discutir, se les podí­a negar en caso de que hicieran afirmaciones erróneas. En una carta a Gorki le pidieron la medida de su pie para hacerle unas botas altas, después empezaron a entrar en un conflicto ya que las dudas salieron a relucir, tipo de piel, acabado, calidad. œGud andaba triste y hasta enflaqueció a causa de todas esas cavilaciones. Un mes más tarde nos llegó la respuesta. Gorki escribí­a: No necesito botas altas. Vivo casi en una aldea y aquí­ se puede andar sin necesidad de botas.

La colonia llegaba al verano de 1925 como una colectividad compacta y muy animosa, los jóvenes que se habí­an ido a estudiar regresaron de vacaciones. Makarénko reflexiona œMe imaginé la fuerza de la colectividad de los colonos y repentinamente comprendí­ en qué consistí­a la cuestión: naturalmente, ¡cómo habí­a podido tardar tanto en darme cuenta! Todo consistí­a en el estancamiento. No se podí­a tolerar ningíºn estancamiento en la vida de la colectividad. ¡Qué magní­fica, qué absorbente es la dialéctica! Una libre colectividad obrera no es capaz de estancarse. La forma de existencia de una colectividad humana libre es el movimiento adelante; la forma de su muerte es el estancamiento.

Segíºn el contrato y por orden del Comisariado del Pueblo de Instrucción Píºblica, la colonia Gorki, con sus efectivos completos de educandos y de personal, con todos sus bienes muebles y sus herramientas, se trasladaba a Kuriazh el 5 de mayo; y así­ inicia el libro tercero. Los colonos no estaban muy entusiasmados, implicaba el movimiento de todos sus recursos. Llegaron nuevos colonos, se formó el destacamento mixto de vanguardia fue constituido con mucha habilidad. Estaba compuesto exclusivamente por komsomoles, pero, al mismo tiempo, unificaba a los representantes de todas las principales ideas y de los hábitos particulares de la colonia. También llegó Iván Dení­sovich Kirguí­sov, un nuevo educador, tení­a treinta años, era bondadoso, inteligente, tranquilo y poseí­a capacidad de trabajo.

Los colonos se dividieron en dos posturas, los gorkianos que eran los muchachos de las primeras dos colonias y los kuriazhanos que eran los jóvenes que se habí­an integrado en la íºltima etapa; con estos íºltimos fue como volver a empezar, se dieron las mismas situaciones de saqueo, robo, rebeldí­a y violencia entre los chicos esto también incluí­a que las mujeres eran constantemente molestadas. Los kuriazhanos oscilaba entre trece y quince años de edad, pero en sus fisonomí­as ya habí­an tenido tiempo de grabarse intensamente diversos atavismos y una ausencia en ellos de todo elemento social, eran llamados los œtragones ya que respondí­an solo a este estí­mulo como parte esencial de su supervivencia. Se reorganizaron los grupos de trabajo, las reglas y se reafirmó nuevamente la disciplina; la figura de Gorki surgió otra vez como un ejemplo de trabajo y colectividad, los nuevos colonos reflexionaron sobre la figura del camarada y se sintieron parte integral del proyecto.

Los contornos de sus nuevos métodos de educación ya se adivinaban en la experiencia del propio Makárenko. Para educar a todos a la vez, y no a cada uno por separado, deberí­a tener la perspectiva necesaria. Debí­a organizar la vida de tal manera que los propios colonos fueran los que llevasen todo lo referente al centro: los edificios, el plan de producción, la distribución de los ingresos, la disciplina… Ellos mismos deberí­an educarse unos a otros, exigir, subordinarse, respetarse, preocuparse y ayudarse mutuamente. Makárenko siempre creyó que el trabajo colectivo era el mejor medio para lograr la adaptación social de los seres, pues solamente la sociedad impone tareas y responsabilidades. El centro de menores no era una suma mecánica de individuos, sino que es un complejo social íºnico, del cual se enorgullecen tanto los muchachos como los educadores: es lo que se llama colectividad. œY tal vez se deje muy pronto de escribir en nuestro paí­s poemas pedagógicos y se escriba un libro simple y práctico: La metodologí­a de la educación comunista. Járkov, 1925-1935.

Sin duda que el Poema Pedagógico de Makárenko nos da una idea del esfuerzo de la Rusia Soviética para crear uno de los mejores sistemas educativos del mundo.

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