Trump vence a la FED

Ha utilizado a Florida como base para lanzar su campaña en ví­as de la reelección, el presidente Donald Trump ha teñido de furia su paso por la Casa Blanca y promete más.

En el contexto internacional es visto como el personaje más antipático de la actualidad geopolí­tica, sus aliados más allá de Arabia Saudita o Israel van a cuentagotas.

í‰l está decidido a reimponer la polí­tica del palo y de la zanahoria a como dé lugar y tiene muy claro lo qué quiere y desea para evitar el deterioro de su paí­s en la arena global.

Trump representa la resistencia del viejo capitalismo yanqui, de los ultra ricos prohijados a golpe del proteccionismo norteamericano que ven temerosos un cambio de modelo económico en el que cederán su potestad¦ y no lo quieren hacer.

Es el imperio revolviéndose airado, tratando de evitar su colapso, el paso de la estafeta a otro coloso que marcará sus pautas y sus normas, no será nada fácil el choque, lo estamos viendo y viviendo en todos los sentidos.

Y hacia dentro de la Unión Americana también Trump está maniobrando para asegurar que su capitalismo no muera, no lo haga ni ante las presiones del cambio climático ni mucho menos ante la voracidad productiva y comercial de China y la nueva expansión económica y demográfica de India. El futuro de la globalización está en Asia.

Al interior de Estados Unidos, la baza de Trump pasa por presentar resultados económicos que él exalta como boyantes, partiendo de que su antecesor el presidente Barack Obama prácticamente tomó la economí­a estancada y navegó a lo largo de sus ocho años de gobierno con el espectro de la recesión, cualquier cosa comparada con eso, por nimia que sea, parece exitosí­sima.

El magnate inmobiliario lo sabe, consciente de que sus palabras y acciones venden y provocan un golpe de efecto, en materia de polí­tica económica se basa en resultados como un PIB de 2.9% en 2018, un alza de siete décimas respecto del año inmediato anterior.

Para este 2019, el FMI estima un crecimiento económico de 2.3% para la economí­a norteamericana aunque avizora una ralentización mayor producto de los efectos negativos de la guerra comercial con China y que llevarí­a al PIB estadounidense a ubicarse cerca del 1.9% en 2020.

El desempleo está en el rango del 3.6% (el más bajo desde diciembre de 1969) y las empresas se sienten respaldadas y estimuladas por la polí­tica de estí­mulos fiscales. Vamos que el ciudadano promedio norteamericano está contento con Trump.

A COLACIí“N

Ayer, la Reserva Federal rompió con su racha de ajuste alcista de los tipos de interés tras nueve incrementos de un cuarto de punto y decidió contra pronóstico no mover las tasas que se mantienen en 2.25% y 2.5%, respectivamente.

Finalmente ha cedido ante las presiones de Washington, Trump quiere un crédito barato, de hecho, ha puesto como ejemplo al Banco Central Europeo que mantiene los tipos cercanos al cero por ciento.

La FED aprecia que el ritmo de la economí­a norteamericana está resintiéndose por los efectos de la guerra comercial en la que a Estados Unidos se le abren nuevos frentes, porque India recientemente anunció la imposición de aranceles para una serie de artí­culos y productos importados desde la Unión Americana.

Trump quiere todo el juego ganador, quiere crédito barato, un dólar fuerte, una economí­a boyante, un paí­s que atemorice a la aldea global e imponga sus reglas.

Considera que ser el presidente de la segunda economí­a del mundo es lo mismo que ser el cabeza ejecutivo de su emporio empresarial, como si manejase la Trump Tower. El meollo es que si se equivoca¦ afectará la vida de millones de personas.