¿Cero ilegales?

El anuncio de redadas contra inmigrantes en Estados Unidos no es más que la obsesión exacerbada de Donald Trump de edificar su mandato y su campaña de reelección sobre de los más débiles y desprotegidos, carne de cañón desde la Casa Blanca y blanco de molestias para muchos estadounidenses que se sienten avasallados por la presencia de tantos foráneos.

No es de extrañar que muchos que votaron al candidato republicano fueran inmigrantes con la ciudadaní­a estadounidense, gente que ha pasado largos años padeciendo por su regularización; muchos sin poder viajar fuera del paí­s ante el temor de perder el empleo y no lograr los ansiados papeles.

El american dream se construye de ese sufrimiento: como en antaño los irlandeses que viajaron a esas tierras para asentarse atravesaron el Atlántico solo con una maleta llena de sueños y de mucho valor. Llegaron sin nada, con esfuerzo, sudor y lágrimas edificaron una nación.

Eso forma parte del imán para muchos de fuera, para esas caravanas de gente que solo lleva lo puesto encima y que van con sus hijos en brazos deseando llegar a lo que creen el paraí­so terrenal.

En el presente, la nación americana muestra un rostro multicultural es un amplio mosaico que levantan con su esfuerzo e inteligencia muchos hindíºes, pakistaní­es, chinos, mexicanos, españoles, judí­os, árabes, suramericanos y por supuesto centroamericanos. Me parece que es el íºnico paí­s que puede presumir que tiene extranjeros de todas partes del mundo.

La gente quiere contar esa historia del dí­a que llegó sin nada y con dedicación -aunado con un golpe de suerte- se convirtió en millonaria porque su idea funcionó o pasó de barrer calles a ser estrella de Hollywood o de limpiar cristales en la multinacional más poderosa para un buen dí­a ocupar un puesto directivo. Hay personas que van tras ese sueño.

Y creo que todos merecemos una oportunidad en un mundo en el que somos pocos los afortunados de tenerla, porque hemos crecido en una familia estructurada, normal, de clase media, que hemos sido educados y cursamos una carrera universitaria sin pasar ningíºn sobresalto económico. Este panorama no todos lo tienen, hay miles de millones de personas para los que acceder a la educación no es sencillo porque tienen la disyuntiva de mendigar para comer o bien de trabajar para comer desde muy pequeños.

Siempre me he preguntado: ¿De cuánto talento nos hemos perdido? Todos esos cientos de miles de pobres que nunca tuvieron la oportunidad de demostrarnos su talento y quizá hubieran sido extraordinarios arquitectos, médicos, economistas, pilotos, míºsicos¦

Por eso me parece legí­timo que haya personas valientes que decidan buscarse el futuro si éste se les niega en su territorio natal, solo el odio inflama una polí­tica de rechazo y hace que se señale al extraño con el dedo de la inquina.

Es casi siempre el mismo argot œson invasores, malvados, ladrones, asesinos todos son lo peor porque œvienen a violar a nuestras mujeres, a delinquir en nuestras calles, a arruinarnos la vida.

Lo que en realidad no se quiere es perder el empleo porque está arribando al paí­s una mano de obra dispuesta a aceptar cualquier condición con tal de alcanzar su particular sueño americano; están dispuestos a trabajar muchí­simo más y cobrar muchí­simo menos.

A COLACIí“N

Ese es el correlato de Trump y de tantos grupos que piensan como él porque no es íºnicamente una visión supremacista, es un escudo de protección para el inmigrante con papeles que ya está allí­ adentro y que ha hecho de Estados Unidos su patria y se siente más norteamericano que un norteamericano nacido en dicha tierra.

Las redadas han vuelto a comenzar como en otros tiempos igual de feroces, dice el canciller Marcelo Ebrard que no se está persiguiendo a mexicanos, cuesta trabajo creerlo.

Porque, segíºn datos del Pew Center, hay 6.9 millones de mexicanos indocumentados, ese universo ha reducido en casi dos millones porque muchos han vuelto por su propia gana a México o bien han sido finalmente deportados.

El Pew Center señala que en 2017, Estados Unidos tení­a 45.7 millones de personas nacidas en otros paí­ses, de éstas 12.3 millones eran residentes legales, 20.7 millones eran ciudadanos estadounidenses; y 10.5 millones eran indocumentados (aquí­ pertenece ese dato de los 6.9 millones de mexicanos ilegales) y 2.2 millones tení­a visas temporales. Da miedo que la meta de Trump sea devolver a todos los indocumentados para justificar su œmade America great again.